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| 11/5/2011 12:00:00 AM

Los golpes

Una larga serie de importantes comandantes de las Farc, entre ellos, tres miembros del Secretariado, han sido víctimas de la ofensiva sostenida del gobierno.

La muerte de Alfonso Cano es el resultado de una larga cadena de operaciones militares y estrategias exitosas que han contribuido al paulatino debilitamiento de esta guerrilla en los últimos ocho años.

Pocos recuerdan hoy la Operación Libertad I, en la que el Ejército dio de baja, después de más de 197 enfrentamientos en Cundinamarca, a Carlos Arturo Osorio Velásquez, más conocido como el comandante Marco Aurelio Buendía. Él se había convertido en el terror de cualquiera que tomara la vía al Llano y había sido encargado por el Mono Jojoy de acorralar la capital, luego de que se rompieron los diálogos en la zona de distensión del Caguán a principios de la década pasada.

Para los analistas militares, la muerte del comandante Buendía fue el primer punto de inflexión en la guerra contra las Farc. El segundo llegaría no por una baja militar, sino con la captura en Quito, Ecuador, en enero de 2004, de Ricardo Palmera, alias Simón Trinidad, uno de los miembros del Comando Central, quien terminó extraditado y condenado a 60 años de prisión en Estados Unidos.

Con el Plan Patriota, las Fuerzas Armadas continuaron asestando duros golpes a los ejércitos guerrilleros, pero fue solo en el segundo periodo del presidente Álvaro Uribe, con el Plan Consolidación, que los objetivos de alto valor dentro de la guerrilla se convirtieron en una tarea prioritaria. En 2007 cayó el primero, Milton Sierra Gómez, alias JJ. Fue el jefe del frente urbano Manuel Cepeda Vargas y uno de los responsables del secuestro masivo de los 12 diputados del Valle. El segundo fue Tomás Medina, alias el Negro Acacio, quien controlaba el negocio del narcotráfico en Vichada, Vaupés y Guaviare. Luego, fue abatido Gustavo Rueda Días, alias Martín Caballero, quien fue el captor del exministro Fernando Araújo y el hombre del terror en los Montes de María.

Pero 2008 fue el peor año para la guerrilla. A finales de febrero fue capturado Martín Sombra, uno de los carceleros de Íngrid Betancourt, Clara Rojas y los tres contratistas estadounidenses. A los pocos días, el primero de marzo, aviones de la Fuerza Aérea Colombiana bombardearon el campamento en territorio ecuatoriano donde se encontraba Luis Édgar Devia Silva, alias Raúl Reyes, el canciller de las Farc.

Paralelamente, el gobierno emprendió una agresiva estrategia de recompensas y delación a cambio de beneficios, que dio sus primeros frutos, también, en marzo de 2008. El comandante Manuel de Jesús Muñoz, o Iván Ríos, uno de los miembros del Secretariado, murió a manos de uno de sus jefes de seguridad, alias Rojas, quien lo traicionó para obtener una recompensa y ofreció la mano cercenada del comandante asesinado como prueba. A los dos meses, se entregó la legendaria comandante alias Karina, cuyo nombre real es Nely Ávila Moreno.

A los pocos meses, el Ejército también logró liberar a varios secuestrados, entre ellos, Íngrid Betancourt, los contratistas gringos y varios uniformados colombianos, gracias a la Operación Jaque.

Entre finales de 2008 y 2010 hubo un interregno, por una serie de liberaciones de secuestrados y un reacomodamiento de la guerrilla, que volvió a sus viejas tácticas de guerra bajo el mando de Alfonso Cano, sucesor de Manuel Marulanda, quien falleció de muerte natural a mediados de 2008.

Por eso el siguiente gran golpe no llegaría sino en septiembre de 2010, cuando las Fuerzas Militares, tras un largo esfuerzo de inteligencia e infiltración, dieron de baja a Víctor Julio Suárez Rojas, alias el Mono Jojoy, el hombre más temido y sanguinario de las Farc y uno de los más importantes del Secretariado. Simultáneamente, el Ejército continuaba la cacería de otro de los objetivos máximos del Secretariado, su comandante supremo, en el Cañón de Las Hermosas, donde se creía que se escondía. Los golpes más recientes, este año, a alias Jerónimo y alias el Abuelo, fueron la antesala del más duro de todos: la muerte de Alfonso Cano, máximo líder de las Farc.
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