Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2010/10/09 00:00

Los huecos del Pico y Placa

Antes de limitar la circulación los sábados en Bogotá, se debería acabar con las excepciones a vehículos que no se justifican.

Los huecos del Pico y Placa

Si entre semana los bogotanos están desesperados con los trancones, el sábado deben vivir un infierno, cuando millón y medio de carros y más de 195.000 motos pueden salir sin problemas. Frente a las largas restricciones durante la semana, ese día se convirtió en el día de hacer las vueltas de la casa.

Ante esta congestión permanente en las calles, unida a los 160 frentes de trabajo que mantiene el IDU, de nuevo aparecieron opiniones, entre ellas las del secretario de Movilidad, Fernando Álvarez, de invitar a la ciudadanía a pensar en la posibilidad de imponer Pico y Placa el sábado para aliviar la movilidad en la ciudad.

Esta solución busca esconder una realidad: el fracaso del Pico y Placa, que se inventó para desincentivar el uso del carro particular y beneficiar el transporte público. En los últimos 10 años, el parque automotor se duplicó. Solo este año, gracias a los bajos precios del dólar y de los créditos, se estima que entrarán 115.000 vehículos más a las calles.

Para salirle al paso a la propuesta, que no fue compartida ni ha sido contemplada en el Palacio Liévano, el alcalde Samuel Moreno advirtió que solo a partir de febrero, cuando venza el decreto que extendió el Pico y Placa todo el día, se tomarán nuevas decisiones. Desde ya se anticipa que el sábado, pese a los trancones, no será impuesta ninguna restricción obligatoria.

Mientras esto ocurre, esta semana también quedó en evidencia que miles y miles de bogotanos están haciéndole el quite a la restricción, abusando de algunas de las excepciones estipuladas en los decretos que establecieron el Pico y Placa.

Para no afectar el ritmo de la ciudad y del Estado, quedaron exceptuados la caravana presidencial, las carrozas fúnebres, los pertenecientes a las Fuerzas Militares y de Policía Nacional, las ambulancias, los vehículos de bomberos y cualquier otra dedicada exclusiva y públicamente a la atención de emergencias y servicios públicos domiciliarios debidamente identificados.

Pero los huecos lógicamente no están en estas excepciones, sino en otras. La primera son los vehículos con blindaje igual o superior al nivel tres y los destinados a la prestación de servicios de escolta que estén debidamente identificados. La segunda son los carros asignados al cuerpo diplomático. La Secretaría de Movilidad dijo desconocer cuántos carros de estos hay en la ciudad.

El tercer descaro es, según lo denunció el concejal Felipe Ríos, el transporte a discapacitados. Según el decreto, estas personas podrán usar su vehículo sin restricciones, siempre y cuando estén en el carro y lleven un certificado médico que demuestre la incapacidad.

Cuando el Pico y Placa fue extendido a 14 horas, los logos azules se agotaron para saltarse la norma. Y hoy hay numerosos carros que los portan, a pesar de que sus conductores no son discapacitados.

Y el otro esguince son los camiones pick-up, doble cabina o de platón. Como los vehículos a partir de una tonelada están exceptuados, estos se empezaron a matricular, especialmente desde 2007, no como carros de pasajeros sino de carga. Solo el año pasado se registraron 5.000 y este año llegarán a casi 10.000.

El problema es que como no hay registro previo ni autorización para estas excepciones, son los policías de tránsito los encargados de hacer velar la norma en las calles. Y frente a los pocos policías en las calles, es fácil cometer el abuso.

Dentro de las propuestas que hará la administración en febrero sería bueno revisar el buen uso de las excepciones, para que el típico refrán de “puesta la norma, puesta la trampa” no se siga repitiendo.

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