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| 7/23/2001 12:00:00 AM

Los huérfanos y los niños en un mundo con SIDA

La epidemia de SIDA ha dejado huérfanos a millones de niños. Aunque las campañas de prevención obtengan un gran éxito y el número de infecciones por el VIH se reduzca drásticamente, se prevé que la mayor parte de las personas que están ya infectadas por el VIH sucumbirán afectadas por enfermedades relacionadas con el SIDA. Durante los próximos diez años, otros millones más de niños perderán a uno o ambos padres.



Las estadísticas que cuantifican la situación crítica de los niños y huérfanos afectados por la epidemia de SIDA son estremecedoras.



- El SIDA ha dejado huérfanos por lo menos a 10,4 millones de niños que en la actualidad no llegan a los 15 años de edad, es decir que han perdido a su madre o ambos padres por la epidemia. Se prevé que el número total de niños huérfanos por la epidemia desde que ésta dio comienzo –13,2 millones- se vea superado en más del doble en 2010.

- En 2000, las enfermedades relacionadas con el SIDA fueron responsables de que unos 2,3 millones de niños quedaran huérfanos (a una tasa de un huérfano cada 14 segundos). El UNICEF estima que hasta una tercera parte de esos niños tenían menos de cinco años.

- Antes de la aparición del SIDA, cerca del 2% de todos los niños de los países en desarrollo eran huérfanos. En 1999, en algunos países africanos lo eran el 10% y más.

- A finales de 1999, el número estimado de huérfanos que había en algunos de los países más gravemente afectados eran los siguientes: 211 000 en Burkina Faso; 900 000 en Etiopía; 53 000 en Namibia; 970 000 en Nigeria; 371 000 en Sudáfrica; 447 000 en Zambia, 623 000 en Zimbabwe, y 560 000 en la India.

- A pesar de que la crisis de orfandad por el momento se circunscribe principalmente a África, se prevé que algunos países de otras regiones (particularmente del Caribe y Asia) sufran importantes aumentos en el número de niños huérfanos por el SIDA.



Atrapados en un círculo vicioso

- Por regla general, la mitad de todos los que tienen el VIH se infectaron antes de cumplir los 25 años de edad. Muchos de ellos fallecen de SIDA antes de los 35 años, dejando detrás suyo a una generación de niños que deberán ser criados por sus abuelos o hermanos.

- La epidemia ha conducido a un gran número de niños a vivir en circunstancias precarias, exponiéndolos a la explotación y el abuso, así como al elevado riesgo de contraer ellos mismo la infección por el VIH.

- Las investigaciones ponen de relieve que los huérfanos que viven con familias extensas o en hogares de guarda son propensos a la discriminación, lo que incluye un acceso limitado a los servicios sanitarios, educativos y sociales.

- Los niños que están en hogares con un miembro de la familia VIH-positivo sufren el trauma de tener que cuidar de él cuando enferma. El hecho de ver caer enfermos y fallecer a sus padres o cuidadores puede provocarles un gran estrés psicológico, que resulta agravado por el estigma que tan a menudo se asocia con el VIH/SIDA.

- Muchos niños están luchando para sobrevivir por sí mismos en hogares cuyo cabeza de familia es uno de ellos. Otros se han visto forzados a ganarse la vida en la calle. Por consiguiente, hay un número creciente de jóvenes desprotegidos, con una socialización y una escolarización insuficientes.

- Estudios llevados a cabo en 20 países –en su mayor parte en África- ponen de manifiesto que los niños cuyos padres han fallecido tienen menos probabilidades de asistir a la escuela que los que no han perdido a ninguno de sus padres.





Marcando la diferencia

- El VIH/SIDA seguirá afectando la vida de diversas generaciones de niños. El impacto de la epidemia marcará sus comunidades durante decenios, a medida que crece el número de niños pobres, que empeora su seguridad, que se reducen sus posibilidades educativas y laborales, que se deterioran los sistemas de crianza y apoyo, y que aumenta la mortalidad. Se necesitan esfuerzos a largo plazo y en gran escala para hacer frente a esas nuevas realidades sombrías.

- Los gobiernos, organizaciones y comunidades se enfrentan a la urgente necesidad de identificar sistemas para facilitar asistencia a los niños afectados por el SIDA que sean acordes con la enorme magnitud de la crisis. Con demasiada frecuencia esos esfuerzos no siguen el mismo ritmo que la epidemia, son fragmentados y tienen poca visión.

- La asistencia institucionalizada para la mayoría de los huérfanos y para otros niños vulnerables no es ningún ideal para su desarrollo ni una alternativa financieramente apropiada. Es mejor destinar recursos a fortalecer la capacidad de las familias y comunidades para atender a los huérfanos y otros niños vulnerables. Hay que apoyar más a las familias extensas que cuidan de niños huérfanos, aumentar sus oportunidades para generar ingresos y su acceso a los préstamos y a los servicios de atención de salud.

- A menudo los orfanatos e instituciones similares no proporcionan una atención adecuada y coherente, particularmente para los niños más pequeños. Se necesitan medidas estrictas para asegurar que esas instituciones cumplan las normas de calidad de la atención específicas y se ajusten a la ley. Deben establecerse límites con respecto al tiempo de permanencia de los niños en esas instituciones, y hay que desarrollar programas para integrar nuevamente a los niños en la comunidad.

- Es importante destacar que los programas no deberían enfocar su atención particularmente en los huérfanos por el SIDA. En vez de ello, deberían dirigir los servicios y los esfuerzos de movilización de la comunidad hacia las comunidades en las que los niños y adolescentes han pasado a ser más vulnerables por culpa del VIH/SIDA. Por lo general, las personas que viven en esas comunidades están mejor situadas para juzgar quién corre mayor riesgo y qué factores deberían emplearse para orientar unas respuestas y una asistencia apropiadas.
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