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| 8/11/2012 12:00:00 AM

Los 'indignados' que se dieron cita en Rionegro

¿Qué és y qué futuro tiene el nuevo movimiento político que nació en Medellín la semana pasada?

¿Qué tienen en común Antonio Navarro, Jose Antonio Ocampo, Cecilia López, Claudia López, Alonso Salazar, Ramiro Bejarano, Lorenzo Muelas y Antanas Mockus? Además de su obvia afinidad por la política, estas personalidades son una suma de diferentes tendencias políticas -liberales, verdes, visionarios, fajardistas, progresistas- y no es fácil imaginárselos en un mismo cuarto.
 
Sin embargo, y a pesar de la diversidad de estilo y pensamiento, estos nombres y varios más se dieron cita el miércoles pasado, en medio de gran misterio y sigilo, en el Country Club de Medellín. Después de tres horas de discusión, le entregaron al país un documento en el cual pedían la palabra y con este, sembraron la semilla de un posible movimiento político nacional.
 
Lo que había sido vendido y publicitado en varios medios de como una reunión de alto nivel para buscar la reconciliación entre Juan Manuel Santos y Alvaro Uribe resultó ser todo lo contrario.
 
Más bien fue una reunión de personalidades "indignadas" por la reciente debacle de la reforma a la Justicia en la cual le apostaron a conformar un movimiento ciudadano alternativo para contrarrestar la creciente polarización política del país, hablar de los "temas importantes" y, sobre todo, reivindicar la política como el arte del servicio público.
 
En palabras de la exministra y exsenadora liberal Cecilia Lopez, "somos muy distintos pero nos unió la molestia con la actualidad política. Nos interesa construir un centro y rescatar la política".
 
Antonio Navarro, hasta hace poco el hombre fuerte de Gustavo Petro en la alcaldía de Bogotá, figura de Progresistas y político de talla nacional quien también promovió el evento añade que Pido la Palabra "es un proceso de diálogo de colombianos que buscamos alternativas para el país".

Y no es la primera vez que un movimiento independiente, por fuera de los canales acostumbrados, pide la palabra. Durante los últimos diez años, en cada ciclo electoral ha aparecido una figura que rompe el molde de los políticos tradicionales, ofrece una cara fresca, promete una forma distinta de hacer política y le declara la lucha frontal a la corrupción.
 
Una y otra vez, con ese discurso logra conquistar a una franja de votantes inconformes, que no cree en los partidos políticos ni en la real politik de maquinarias, cuotas y burocracia, y le mete picante al debate electoral. En los últimos años han surgido experimentos de personalidades de renombre que deciden unirse en son de protesta y propuesta, como Los Quíntuples (Lucho Garzón, Antanas Mockus, Marta Lucia Ramirez, Enrique Peñalosa y Sergio Fajardo), y luego Los Tres Tenores (los tres exalcaldes de Bogotá) que han logrado ilusionar a más de uno a pesar de sus derrotas electorales.
 
También vale recordar los casos de Noemí Sanín en 2002, Carlos Gaviria en 2006 y Antanas Mockus con 'Ola Verde', en 2010. Si bien no han logrado llegar a la Casa de Nariño, han dejado en claro que en el país hay espacio para las tercerías y han mostrado el talón de Aquiles de sus contrincantes.

En cualquier país, el nacimiento tercerías de este tipo es una señal de madurez democrática y tolerancia. Sin embargo, lo importante es que estos movimientos se consoliden y no se conviertan en flor de un día. En palabras de una exquíntuple, Marta Lucía Ramirez, "celebro la toma de conciencia de la sociedad civil, pero se necesita mucho más".
 
Según su propia experiencia, la exministra afirma que deben concentrarse en más reflexión y menos publicidad, menos egos y más compromiso y en definir un mensaje propio. Y Gina Parody, excandidata a la alcaldía quien sabe mejor que nadie lo que implica construir un movimiento independiente opina que le "fascina que distintas personas hablen de política. Solo espero que a la hora del té, haya algo más".
 
¿Qué futuro tiene este movimiento? Aunque mucho se ha especulado sobre la presencia de varios personajes cercanos a Sergio Fajardo -Iván Marulanda y Alonso Salazar- y la posibilidad que esto sea el lanzamiento de una plataforma política para apoyar futuras aspiraciones presidenciales del hoy gobernador de Antioquia, lo cierto es que el foco principal de los participantes no es aún un escenario electoral. Lo que quieren es consolidar el movimiento, recorrer el país, escuchar a la gente y abrir el debate público.
 
Según Navarro, la calidad de la política debe mejorar y el ágora de lo público debe entablar debates sobre el clientelismo, la desigualdad, la minería como motor económico, la aplicación de la Constitución de 1991 y la paz.
 
Sin embargo, en el mundo político colombiano es bien sabido que nadie da puntada sin dedal. Si este movimiento logra consolidarse en algo más que un encuentro de intelectuales preocupados, bien podría convertirse en una tercería importante que se abra camino entre las fuerzas políticas del presidente Santos y el expresidente Uribe.
 
"En una polarización, cualquier tercería puede surgir" dice un experto en política colombiana quien afirma que hay que esperar a que esto cuaje porque "no hay procesión sin santo, y todavía no tienen candidatos fuertes" añade. Otros, también realistas, recuerdan que la política en Colombia se hace con ideas y maquinaria.
 
Si bien Pedimos la Palabra tiene mucho de lo primero, le falta lo segundo. "No veo como puedan armar listas para el Congreso y mucho menos para presidencia", dice un representante veterano en la lidia política, quien recuerda que en las próximas elecciones el umbral subirá y quedará en más o menos 350.000 o 400.000 votos. No es un secreto que varios de quienes componen el movimiento no se han medido en las urnas y quienes los han hecho, Antanas Mockus o Antonio Navarro, tuvieron experiencias agridulces y saben que conformar listas ganadoras no es un ejercicio sencillo.
 
Pedimos la Palabra es sin duda una alternativa sana y un soplo de aire fresco en la política colombiana. Nació a dos años de la próxima cita electoral, tiempo en el cual puede madurar, encontrar un mensaje propio y una cabeza taquillera o puede difuminarse sin pena ni gloria como otros experimentos alternativos.
 
Su éxito también depende de la actitud del mismo gobierno. Si Santos retoma sus banderas reformistas y se apropia del espacio de centro, este movimiento quedará limitado a un grupo de intelectuales sin espacio propio al margen de la acción política.
 
Sin embargo, si el gobierno sigue sin encontrar su norte y se mantiene en la zona gris, esta tercería podría tomar fuerza y arrebatarle posibles electores y espacio político. Por lo pronto, comprobaron que todavía tienen fuerza, micrófonos y figuración. Y también dejaron claro que la política en Colombia no se limita a Santos vs. Uribe. Hay algo más, mucho más.
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