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| 8/4/2007 12:00:00 AM

Los infiltrados

SEMANA revela grabaciones, documentos y testimonios que muestran los detalles de la infiltración de la mafia en el Ejército.

El lunes pasado ocurrió un hecho poco común en los estrados judiciales: el abogado del oficial de más alto rango involucrado en la infiltración del narcotráfico en las Fuerzas Militares, literalmente, tiró la toalla. El penalista había acompañado al búnker de la Fiscalía, en Bogotá, al teniente coronel retirado del Ejército Javier Escobar Martínez, para que se defendiera de los cargos que se le hacían como presunto integrante de una red de militares activos y retirados que trabajaban al servicio del narcotraficante Diego Montoya Henao. Fue grande la sorpresa del abogado cuando empezó a escuchar las pruebas que en contra de su defendido tenía la fiscal Maritza Escobar.

Se trataba de unas conversaciones que sabuesos del CTI les habían interceptado a militares activos y retirados, entre los que se encontraba la voz de Escobar. En éstas, quedaba en evidencia la conformación de un grupo armado ilegal del capo Montoya y, como si fuera poco, se hablaba de la necesidad de "raspar" a los funcionarios de la Fiscalía que los estaban rastreando. Según fuentes de la Fiscalía, el abogado renunció en el acto a defender al oficial.

Esa es apenas una de los centenares de pruebas que implican a militares activos y retirados de varios rangos con el cartel del norte del Valle. En una rueda de prensa, el mismo lunes, el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, reconoció lo delicado de la infiltración de la mafia. Gracias a una minuciosa investigación que realizaron el Ejército y la Fiscalía, se descubrió una macabra alianza de oficiales activos y retirados con el capo Diego Montoya, por quien pagan una recompensa de cinco millones de dólares.

El hombre clave en la investigación es el capitán retirado del Ejército Manuel Enrique Pinzón Garzón, de 31 años, quien después de conocer videos, fotografías y audios de la organización de 'Don Diego', en poder de la Fiscalía, decidió colaborar con la justicia. El testimonio de Pinzón es el pilar fundamental de la investigación de las autoridades. Actualmente el capitán -y toda su familia- está en el programa de protección de testigos de la Fiscalía. SEMANA conoció el testimonio de Pinzón y otras pruebas que muestran cómo el capo de la droga logró poner a su servicio a miembros de la Fuerza Pública.

La mafia compró uniformes militares

A través de los almacenes Combat Esmic y El Sobreviviente, ubicados cerca de la Escuela Militar José María Córdova, al noroccidente de Bogotá, la organización de 'Don Diego' adquirió material de uso privativo de las Fuerzas Armadas: uniformes, pierneras, ojos de gato, ligas, pañoletas, pavas, camisetas negras y habanas, riata del camuflado, colchonetas, guantes, sillas, botas, boinas color vino tinto con el distintivo comando, y cascos. La licencia de funcionamiento de estos dos negocios familiares fue autorizada a María del Pilar Quijano Quijano, por el comandante de la Brigada 13 en agosto del año pasado, y el 14 de este mes se le vencía el permiso de funcionamiento. Fue su padre, Diego Enrique Quijano Escobar, de 63 años, quien le vendió el material militar al capitán Manuel Enrique Pinzón. Hoy Quijano está detenido en la cárcel Modelo acusado de concierto para delinquir y entrenamiento para actividades ilícitas.

Los cargos de la Fiscalía se basan en varias interceptaciones telefónicas entre Quijano y Pinzón, quien se hacía llamar mayor Henry Alberto Espitia y quien confesó haberle entregado 30 millones de pesos a Quijano por el material de intendencia que le hizo llegar por Servientrega al municipio de Zarzal, Valle del Cauca.

El Ejército escoltó a hombres de 'Don Diego'

El pasado 30 de abril, los hombres al servicio de 'Don Diego' lograron trasladar material militar, uniformes, equipos y munición mientras se movilizaban entre los municipios vallecaucanos de Zarzal y El Dovio, gracias a la ayuda de un teniente activo del Ejército. El capitán retirado Manuel Pinzón Garzón le confesó a la Fiscalía: "Nos encontrábamos en Zarzal en el hotel Encanto cuando me llamó el teniente quien se movilizaba en un camión Turbo con personal activo y uniformado. A él me lo mandó el que era mi 'patrón', el mayor retirado Juan Carlos Rodríguez Agudelo, conocido en la organización como'Zeus'. El teniente llevaba atrás una especie de grupo especial. Yo le entregué 500.000 pesos por el traslado sin que los soldados se dieran cuenta".

Los militares amigos

Cuando la fiscal le mostró a Manuel Pinzón Garzón una serie de fotografías de seguimiento de los días 11 y 30 de mayo pasado, el oficial retirado le hizo un relato detallado de los militares activos y retirados que le servían a la organización mafiosa de Diego Montoya. "Él era el cabo primero Porras, alias 'Chepe' de contraguerrillas del Batallón Vencedores que tiene sede en Cartago. Cuando estábamos en El Dovio, 'Zeus' me ordena que lo lleve a la finca en donde él se encontraba. Él se quedaba allá y hacía actividades con el grupo y con él traíamos raciones de campaña que le vendía a 'Zeus'.

"El otro -continuó Pinzón- es el sargento Colorado. Según oí decir, todo era con autorización del comandante del Batallón, el mayor Gil. Este es el coronel Javier Escobar Martínez, del arma de Artillería. Una vez 'Zeus' me dio la orden de llevar un dinero a Cali que le entregué a través de un militar de color negro.

"Él es Alejandro Hernández Urrea, un capitán de Infantería retirado y él es Wílmer Manuel Mora Daza, un mayor del Batallón de Comandos de Tolemaida. Con él me encontré en Melgar en donde me entregó dos minas Claymore, que son unos explosivos de altísimo poder de uso privativo de las Fuerzas Militares. También sé que 'Zeus' era uña y mugre con un coronel Quijano del Comando General".

Y cuando la fiscal le preguntó quién era 'Juana la Loca, dijo: "Es Ana Carolina Laverde Cuenca, trabaja en el Ministerio de Defensa y era la que me ubicaba gente de mi nivel para conformar el grupo al servicio de esa gente. Yo le entregué dinero de parte de 'Zeus'" . Al observar otra fotografía, Pinzón reconoció al capitán retirado Fernando Wilches Ramírez quien, según su relato, recibía órdenes directas de 'Zeus'.



Los nexos de la mafia y la DEA

A finales de mayo, la organización de 'Don Diego' se percató de que los teléfonos celulares estaban siendo interceptados. Para desviar la atención de los investigadores, los hombres de Diego Montoya comenzaron a dar nombres ficticios, sitios distintos por donde se movían y datos para desorientar a quienes los escuchaban.

Lo más sorprendente fue el relato que sobre esto le hizo a la fiscal del caso, el mayor retirado Manuel Pinzón Garzón. "Supimos que todos los celulares del grupo estaban monitoreados porque vino una persona directamente desde Bogotá, según le oí comentar a 'Zeus', y se reunió con él en Cartago. Esa persona le entregó la lista de los teléfonos que estaban monitoreados y le suministró una información y que si quería saber más, cuánto estaba dispuesto a pagar. Esa persona era de la DEA, según me contó 'Zeus'. Entonces comenzamos a hablar cosas que no eran ciertas y a mencionar personas que no existían. Después nos dieron a todos teléfonos nuevos".

Los negocios de la coca y armas

Los ex militares que trabajaban para 'Don Diego' no sólo lo hacían para adquirir uniformes y elementos de uso privativo de las Fuerzas Militares, sino también para negociar con droga y armas. A través de las interceptaciones a sus celulares, los investigadores lograron establecer la compra de pistolas a tres millones y medio cada una, y de munición. Y negociar la compra de 35 kilos de cocaína. En otra interceptación telefónica el teniente retirado Wilson Enrique Ráquira Medina y el capitán retirado Alejandro Hernández hablan sobre la instrucción que están recibiendo. "Nos estamos entrenando como un berraco", le comenta Hernández a Ráquira. "Estoy trabajando en el Ingenio Castilla, queda por La Paila. Estoy encargado de toda la gente alrededor". (Escuche la conversación en Semana.com).

Los secretos del testigo

El capitán Manuel Enrique Pinzón Garzón comenzó a servirle a la mafia de 'Don Diego' desde marzo de este año, cuando fue retirado del Ejército. Cuenta que lo llevaron hasta Zarzal, la tierra natal de Diego Montoya, convencido de que iba a formar parte de un grupo elite con otros miembros del Ejército entre activos y retirados, para trabajar en tareas encubiertas. Cuando se dio cuenta de que el grupo que se estaba conformando era para trabajarle a la mafia, decidió continuar.

Jamás conoció al capo del cartel del norte del Valle, pero los tres meses que estuvo en la organización le sirvieron para conocer muchos secretos. La mayoría los tenía escritos en dos agendas que están en manos de la justicia. Ahí están los nombres de los enlaces de la organización con los tres batallones que operan en el Valle del Cauca y algunos de sus miembros que le servían a 'Don Diego' como parte de sus anillos de seguridad. Tenía las coordenadas de ubicación de las diferentes casas en donde el capo suele esconderse en cercanías al cañón de Garrapatas, jurisdicción de El Dovio, en el Valle del Cauca. El organigrama completo del cartel. Y como si todo esto fuera poco, una información que hasta ahora no se conocía: las coordenadas en donde estaría el cadáver de Juan Carlos Ramírez Abadía, alias 'Chupeta'. De ser cierto que 'Chupeta' está muerto, sería una importante noticia: Ramírez Abadía es el dueño de las millonarias caletas descubiertas hace meses en Cali.

A pesar de lo escandaloso de todas estas revelaciones, es necesario destacar la eficiente labor de inteligencia sistemática del Ejército que descubrió la red de militares que trabajaba para la mafia en el Valle. Y que se hizo un buen trabajo de coordinación con la Fiscalía, que hoy tiene a 17 militares vinculados a la investigación, algunos de ellos en la cárcel. Pero también es preocupante que antes de que la justicia pudiera actuar, ya los superiores de estos oficiales les habían permitido la salida de la institución con medidas discrecionales, lo que estuvo a punto de dar al traste con toda la operación. Quizá si esta vez las sanciones resultan ejemplares, se pueda enderezar el rumbo.
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