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| 9/26/2016 9:39:00 AM

La cuarta fue la vencida

Los colombianos nacidos después del Frente Nacional se ilusionaron en más de una ocasión con la firma de la paz con las FARC. El gobierno de Santos, incluso, empezó a proclamarla desde el 23 de septiembre del 2015.

La ilusión de la paz empezó a tomar vuelo con las palomas blancas que se pintaban por las calles de todo el país. Eran los días del gobierno del presidente conservador Belisario Betancur (1982-1986). En los colegios y escuelas se izaban banderas blancas, e incluso varios diarios y revistas tuvieron la suerte de titular como lo han querido hacer varias generaciones de periodistas, con una frase que apenas empieza a cobrar sentido este lunes 26 de septiembre: Colombia en paz.

Ese fue el título que alcanzó a circular en las imprentas el 28 de marzo de 1984. Dos años antes, Belisario había ganado las elecciones con el eslogan ‘Sí se puede’, y en su posesión se comprometió a que no se derramaría ni una gota más de sangre colombiana. Fue en La Uribe donde se firmó aquel primer acuerdo de paz. Como consecuencia se produjo un cese al fuego bilateral convenido con las FARC, la ADO (Autodefensa Obrera), el EPL (Ejército Popular de Liberación) y el M-19. De esos acuerdos nació la Unión Patriótica (UP) como partido político.

Pero nunca fueron diáfanos los mecanismos para hacer eficaz el diálogo y poco a poco, como suele pasar a los colombianos, se pasó de la euforia a la decepción del fracaso. Las FARC nunca cesaron en sus acciones ofensivas sino que incrementaron el secuestro y la extorsión, al tiempo que aumentaba en forma evidente el número de frentes guerrilleros, explicaba el gobierno. La guerrilla por su parte sostuvo que la estrategia del gobierno estaba orientada a crear un ambiente negativo para sus intereses. Para completar, sobrevino la toma del Palacio de Justicia (noviembre de 1985), por parte del M-19. También fueron los días de las primeros asesinatos a dirigentes de la UP.

Virgilio Barco, presidente entre 1986 y 1990, apostó por el proceso de paz con el M-19, el cual terminó con indulto. Barco planteó una Asamblea Nacional Constituyente y redactó, con los dirigentes del M-19 Carlos Pizarro y Antonio Navarro, un acuerdo que tuvo el visto bueno de los partidos tradicionales. Y el pueblo en una consulta lo pidió: Sí a la constituyente, se votó. En los últimos días de su gobierno, marzo de 1990, se produjeron los contactos con las otras guerrillas. Los asesinatos de Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro sepultaron cualquier acercamiento.

Llegó César Gaviria a la presidencia (1990-1994) y se celebró la Asamblea Constituyente, pacto de paz que también permitió la desmovilización del EPL, el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores), el Frente Quintín Lame, el comando Ernesto Rojas, la Corriente de Renovación Socialista (CRS), el Frente Francisco Garnica y tres sectores de las milicias populares.

Las FARC y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), reunidos bajo la Coordinadora Guerrillera, entablaron un diálogo con el gobierno, primero en Caracas y luego en Tlaxcala, México. En la capital venezolana las partes lograron por primera vez llegar a una agenda de negociación de 10 puntos, consiguieron acuerdos de mediación y verificación internacional y adelantaron un acuerdo de veedurías regionales. Avanzaron en la exclusión del terrorismo y discutieron las modalidades posibles de cese al fuego. Pero todo quedó suspendido por el atentado del que fue víctima el presidente del Congreso, Aurelio Iragorri.

Las negociaciones se reanudaron en enero de 1992 en Tlaxcala. El gobierno siempre condicionó su avance a que hubiera progresos en el tema del cese al fuego y a que la guerrilla renegara de la lucha armada como mecanismo de acción política. Fracasaron en la medida en que la Coordinadora siempre se negó siquiera a discutir ese tema.

El secuestro del exministro Argelino Durán Quintero, quien murió en cautiverio tras sufrir un ataque cardíaco, precipitó la ruptura de las conversaciones.
El 7 de noviembre de 1998 fue un día en el que las palomas de la paz volvieron a tomar vuelo. Andrés Pastrana había ganado la presidencia (1998-2002), en buena parte gracias a una foto de su comisionado de paz Víctor G Ricardo con Manuel Marulanda Vélez, a quien le puso un reloj de la campaña política, y cuatro meses después de su posesión ordenó el despeje de 42.000 kilómetros, entre los municipios de San Vicente del Caguán, La Macarena, Uribe, Mesetas y Vistahermosa. Hoy sería un escándalo, pero en ese momento medio país seguía con ilusión la transmisión y hasta en la calle se remolinaban frente a los televisores de las vitrinas. Se sentía que era el día de la paz. Pero bastaron muy pocas horas para sufrir el primer baldado de agua fría. Tirofijo no llegó, dejó la silla vacía.

El fracaso del Caguán fue capitalizado por las FARC, que no solo crecieron sino que secuestraban políticos y civiles por doquier. El sentimiento del país condujo al triunfo de Álvaro Uribe Vélez en el 2002. Negoció y desmovilizó a las Autodefensas, pero nunca avanzó a un proceso formal con la guerrilla.

En cambio, en sus ocho años de gobierno, persiguió y cercó a la insurgencia, y le dio al corazón del secretariado con el bombardeo contra Raúl Reyes, un importantísimo dirigente de las FARC. El rescate de Ingrid Betancur, y hasta la muerte de Marulanda, alimentaron en buena parte del país la ilusión de la salida por la vía militar. Reclamó otros cuatro años para hacerlo, pero la Constitución no se lo permitió.

Juan Manuel Santos llegó a la presidencia a lomos del legado de Álvaro Uribe, y era un defensor de la seguridad democrática. El 7 de agosto de 2010, en su discurso de posesión apenas se refirió a la paz: “La puerta del diálogo no está cerrada con llave, y la llave no la voy a tirar al mar”.

En la noche del domingo, a su llegada a Cartagena, y al saludar a los periodistas de todo el mundo que se encuentran en La heroica para ser testigos de la firma de la paz, el presidente Santos recordó que todo empezó en diciembre del 2010: “fue el primer contacto indirecto”. En Marzo del 2011, dijo, “el primer contacto directo”.

Seis años después, Santos consiguió lo que no se pudo en seis gobiernos. “Fue una conversación difícil, pero siempre estuvimos ahí, perseverando. Mañana (este lunes) firmaremos la paz”.

El gobierno Santos ha venido aclimatando la paz desde el primer acuerdo alcanzado, el de tierras. Pero el 23 de septiembre, cuando se firmó el acuerdo víctimas y su componente de justicia transicional, el presidente, a instancias de Raúl Castro, se dio la mano con Timoleón Jiménez, jefe de las FARC. Un gesto que solo se esperaba hasta la firma definitiva del acuerdo.

El 23 de junio volvieron a hacerlo. Habían sellado el punto del cese al fuego. Fue el día en que las FARC adoptaron la decisión de dejar la lucha armada. “Que este sea el último día de la guerra”, dijo Timoleón Jiménez.

Pero fue el 24 de agosto el día en que se firmó el Acuerdo Final, en La Habana, pero por parte de los negociadores. Un día después Santos ordenó el cese al fuego a sus tropas, el cual se cumplió el 29 de agosto, número que entró en el catalogo de fechas históricas.

Faltaba una. Este 26 de septiembre quedará en la historia como el día de la firma de la paz con las FARC. Pareció ser en La Uribe, trató de firmarse en Tlaxcala, y pudo ser en el Caguán. Cartagena, “la joya”, como la llama Santos, resultó la elegida. “En adelante no solo será la ciudad heroica, también será la capital de la paz”.

Aún queda otra fecha histórica marcada en el calendario, una más, la del 2 de octubre, el día del plebiscito. Si Colombia decide refrendar los acuerdos probablemente no será la última.

*Enviado especial de Semana.com a Cartagena

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