Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 11/17/2003 12:00:00 AM

Los intocables

Una investigación de la Corporación Cartagena Honesta revela que la inmensa mayoría de las demandas contra fiscales y jueces no prosperan.

A la justicia quien la ronda? Esta versión criolla de la frase clásica podría desprenderse de las conclusiones de la investigación hecha por la Corporación Cartagena Honesta con información de 11 fiscalías seccionales. El estudio revela que de 1.260 demandas contra jueces y fiscales entre 2000 y 2002 sólo 44 casos produjeron acusación.

De esta radiografía se destacan los casos de Barranquilla, en donde durante estos tres años se presentaron 393 demandas pero sólo se acusó a cinco funcionarios, y el de Bolívar donde, en el mismo período, solamente se encontró a un juez culpable de corrupción. Su delito: robarse 98.000 pesos de papelería del juzgado promiscuo de Pinillos.

Cuando a un funcionario judicial se le hace una investigación penal el caso tiene dos vueltas, cada una con dos instancias. En la primera vuelta es el fiscal delegado ante el Tribunal Superior de Justicia quien resuelve si acusa o precluye. Esta decisión puede pasar a una segunda instancia y el encargado de confirmar o revocar el fallo es un fiscal ante la Corte Suprema de Justicia. Para la segunda vuelta la sala penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial resuelve la primera instancia y la sala penal de la Corte Suprema la segunda.

En cuanto a los asuntos disciplinarios, las investigaciones se deciden en primera instancia ante el Consejo Seccional de la Judicatura y la segunda por la sala disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura.

El estudio asegura que mientras la Fiscalía dictó en promedio 21 resoluciones de acusación por cada 100 demandas entre 2000 y 2002, en los casos que involucran a funcionarios judiciales sólo fue en 3,5 casos de cada 100. En lo que va corrido del año la sala disciplinaria ha sancionado con multas, suspensión o amonestación a 67 funcionarios de 115 demandas que ha recibido. Sólo en un caso se encontró mérito para destituir.

Que en Barranquilla o en un departamento como Bolívar haya tan pocos funcionarios judiciales corruptos puede significar que se le está debiendo a la justicia un homenaje por su gestión o que nada pasa con las demandas que se presentan contra quienes delinquen al administrar justicia.

William Dau, director de Cartagena Honesta, tiene una hipótesis. "Entre bomberos no se pisan las mangueras", asegura. Es decir, que muchos funcionarios judiciales a la hora de juzgar a sus colegas ponen el compañerismo en primer lugar. Esto es evidente en muchas regiones donde tanto litigantes como fiscales y jueces, han sido compañeros de universidad y se van rotando en los cargos.

El magistrado Jorge Flechas, presidente de la sala disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura, dice, en cambio, que hay que ver estas cifras con cuidado, pues que haya pocas sanciones no significa que sea alta la impunidad. Sobre todo si se considera que los funcionarios judiciales, por su labor, son propensos a recibir denuncias temerarias. Además, según Flechas, en muchos casos los ciudadanos no amplían sus denuncias.

Para Dau la clave es la veeduría de la sociedad para que las ausencias de sanción a los jueces se corrijan. Pone como ejemplo la juez de Cartagena que tenía 14 investigaciones penales y 12 disciplinarias y que, pese a esto, hace un par de años ordenó devolver un gigantesco contrabando. El caso sólo trascendió luego de que los medios intervinieron. Situaciones como esta demuestran que la justicia no sólo cojea, sino que en muchos casos llega demasiado tarde.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.