Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 10/21/2006 12:00:00 AM

Los límites de la libertad

El columnista Daniel Samper Pizano planteó el debate sobre qué hacer frente a los insultos que inundan los foros de lectores en los medios por Internet.

En días pasados, el perio-dista Daniel Samper Pizano anunció que cerraría por segunda vez el foro de comentarios de su columna 'Cambalache' que se publica en el diario El Tiempo. Entre otras cosas, porque se cansó de la gran cantidad de mensajes agresivos y de ataques personales que recibe publicación tras publicación y que, según comenta, no le aportan nada al debate de ideas que debería generar una columna de opinión. "Yo, que tengo la dispendiosa costumbre de responder personalmente cada mensaje que me llega, pensé que los foros iban a ser mi redención. Dialogar con los lectores... aportar documentos... ¡Bendita Internet! Pero cuando se puso en práctica el recurso de los foros, nada fue como lo esperábamos. Por cada opinión interesante surgían cuatro que salpicaban las páginas invisibles de odio, amenazas, insultos y calumnias", argumentó Samper.

Como consecuencia de su anuncio, al cierre de esta edición había recibido 1.190 comentarios, varios de ellos de apoyo, pero también muchos agravios en los que le echan en cara ser hermano del ex presidente Ernesto Samper, lo acusan de antiuribista fanático y de antipatriota y le sugieren que si no le gusta este gobierno, se vaya a vivir a España. Para que una columna de opinión, escrita por quien sea, reciba tantos comentarios en la edición de Internet, tiene que haber puesto el dedo en la llaga. La razón de esa avalancha es que planteó el debate de hasta dónde debe llegar la libertad de expresión. ¿Qué tan válido es permitirles a personas que se esconden en la comodidad del anonimato que desfoguen sus iras y resentimientos a punta de insultos y groserías de grueso calibre? O, peor aun, ¿de ataques personales en los que agreden y hasta amenazan a los seres queridos del columnista?

Coincidencialmente, en su columna de la semana pasada en esta revista, Héctor Abad escribió acerca del derecho que tienen los columnistas de insultar, así sea sin pruebas judiciales, a los poderosos. Y, de la misma manera, les pedía a los personajes públicos, entre los que se incluye él, y a los periodistas de farándula, que aprendan a recibir estos insultos de la misma manera como se ven obligados a hacerlo los políticos, empresarios y funcionarios públicos que mencionan en sus columnas.

Y la web es el escenario en el que ese ejercicio tiene su espacio más democrático, pues plantea por su misma naturaleza una información horizontal y participativa donde no sólo el periodista expresa su punto de vista. Herlayne Segura, profesora universitaria especializada en comunicación digital, piensa que "quien escribe para un medio digital tiene que estar abierto al público, ya que Internet es el medio interactivo por excelencia, donde la gente puede opinar frente a lo que está viendo, leyendo y escuchando".

Porque hoy día, con las posibilidades que brinda Internet, ya no es posible emitir una opinión o publicar una información de manera vertical. En esas condiciones, el escenario ideal sería que los foros fueran espacios de tolerancia donde los participantes se limitaran a opinar sobre el tema de la columna o el artículo, señalar errores y aportar documentos. Pero la situación de Colombia está muy lejos de ser el escenario perfecto. El grado de agresividad que inunda los foros de comentarios de los medios en Colombia refleja la grave polarización que vive el país. Muy pocos lectores hacen comentarios críticos, es decir, que analicen lo bueno y lo malo de los planteamientos de un columnista y, peor aun, de un reportero que escribe una nota en la que no expresa su opinión personal, sino el resultado de sus averiguaciones.

Julio César Guzmán, quien desde hace casi 10 años trabaja en la redacción de Nuevos Medios de El Tiempo y en ElTiempo.com, le dijo a SEMANA que están decepcionados con el resultado de los foros. A pesar de que han puesto filtros automáticos y, si se quiere, manuales, los lectores que quieren ser agresivos se las arreglan para saltárselos. Por un lado, le intercalan asteriscos o espacios intermedios a las groserías para burlar los filtros automáticos. O, lo que es peor, dice Guzmán: "Se filtran ataques personales, insultos y agresiones al autor y a la familia, escritos en un castellano elegante que el filtro es incapaz de detectar". Agrega que en El Tiempo.com, además, cinco periodistas trabajan de 7 de la mañana a 10 de la noche leyendo los foros de los lectores y suprimiendo aquellos que son ofensivos. Pero esto no es suficiente. "Muchos de los mensajes son escritos por fuera de ese horario, por ejemplo por personas que viven en Europa". Reconoce, además, que los encargados de El Tiempo.com se han visto desbordados por la magnitud de su tarea. "La realidad nos avasalló. Antes sólo tenían foro las columnas de opinión y el editorial. Ahora se pueden dejar comentarios en todas las noticias, los pies de foto, incluso en los videos. Entonces, mientras uno de los encargados de filtrar termina de releer los foros de toda la edición, comienzan a aparecer insultos y amenazas en los que ya habían filtrado". Guzmán considera que, a pesar de los insultos y del nivel tan pobre de la mayoría de los comentarios, no se deberían restringir o cerrar los foros.

Por su parte, OIga Lucía Lozano, editora de Nuevos Medios de Publicaciones Semana, considera que los foros son una herramienta relativamente nueva y que los usuarios apenas están empezando a generar una dinámica en torno a ella. "Antes, dice, existía una barrera infranqueable entre el lector y el columnista. Los lectores que enviaban cartas, por ejemplo, tenían que sortear el filtro de la redacción. Eso impedía a los escritores conocer realmente la opinión que los lectores tenían sobre su trabajo. En la nueva dinámica periodística, la que se impone desde la red, hay una retroalimentación instantánea que puede poner nerviosos a muchos profesionales".

Ahora, gracias a los foros y a los blogs, cualquiera se enfrenta de tú a tú con un D'Artagnan, un Antonio Caballero, un Mauricio Vargas, un Alberto Aguirre, al menos potencialmente tiene la posibilidad de que muchas personas lean su blog, lo comenten y lo hagan conocer a través del boca a boca de los chats y los correos electrónicos. "Eso no justifica la agresividad, pero con el paso del tiempo genera el fortalecimiento de un proceso en donde existen múltiples verdades, varios puntos de vista, diversas voces y la construcción de un conocimiento colectivo. La selección de los temas de debate la hacen los mismos usuarios, quienes usualmente ignoran o censuran a quienes insultan. Es potestad del columnista o periodista dedicarse al debate central o a responder insultos", concluye Lozano.

Eso no quiere decir que no deban tener una talanquera. Guzmán comentó también a esta revista que El Tiempo está en el proceso de poner a funcionar un sistema en el cual los mismos participantes del foro puedan encargarse de los filtros. Eso ocurre, por ejemplo, en experimentos como la enciclopedia virtual Wikipedia, cuyo contenido es un aporte de usuarios en todo el mundo, y en la que cualquiera puede escribir mentiras, datos falsos o acomodados. Esa página cuenta con la veeduría no oficial de aquellos que en aras de defender el proyecto, corrigen de manera veloz cualquier imprecisión.

Por eso y porque Internet no se va a detener, no parece muy útil a largo plazo cerrar los espacios de participación directa, así los comentarios les pongan los pelos de punta a los líderes de opinión de los medios tradicionales, acostumbrados, ante todo, a la relativa tranquilidad que les ofrecen la sección de cartas o las llamadas al aire.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1844

PORTADA

Francisco superstar

La esperada visita del papa a Colombia tiene tres dimensiones: una religiosa, una política y otra social. ¿Qué puede esperarse de la peregrinación del sumo pontífice?