Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1985/07/15 00:00

LOS MUERTOS ANONIMOS

Quiénes eran y qué pensaban los últimos cinco soldados que murieron en la guerra con el M-19

LOS MUERTOS ANONIMOS


Son muchos ya los muertos de la tregua. Muchos los cadáveres que ha dejado tendidos en el terreno. El país se ha ido acostumbrando y hoy en día los anuncios de las muertes de la semana no constituyen más que impersonales titulares de prensa lo que el ex presidente Pastrana llamara "el coletazo de la serpiente". Los enfrentamientos entre el Ejército y el M-19 el domingo y lunes de la semana pasada, en las cercanías de Buga, arrojan según fuentes oficiales, un saldo de 31 muertos: 25 guerrilleros y 5 soldados. Jóvenes unos y otros, de origen popular todos, pero alineados en orillas diferentes.

¿Quiénes son y por qué estaban allí los 6 soldados que murieron en combate? Con la idea de aumentar el pie de fuerza del Valle, un departamento que está virtualmente en guerra, las autoridades militares seleccionaron el batallón "Rifles" de Tolemaida. Tenía un factor favorable: la mayoría de sus miembros eran vallunos.

Llegaron el sábado 1° de junio a Popayán y fueron acantonados luego en Santander de Quilichao desde donde viajaron posteriormente a Palmira. De allí salieron hacia Buga en cuyas cercanías se encontraban efectivos del M-19. El lunes 3, aparte de que estuvieron estudiando mapas de la zona y recibiendo instrucción militar de un capitán del batallón "Colombia", tuvieron la oportunidad de nadar en la piscina y recibieron una buena comida. El jueves 6 les dieron permiso para visitar a sus familiares. Sin embargo, para algunos de ellos, la visita iba a ser la última. Todos sabían que entrarían en una "operación de lucha a muerte", según le relataron a SEMANA algunos familiares de los soldados muertos, "pero se habían dado ánimo mutuamente y pensaron que la idea era ir pa'lante".

El sábado se internaron en el monte. La primera noticia que recibieron fue la de que el soldado Félix Lizcano Herrera había caido en combate. Sólo tenía 22 años. Había nacido en Medellín y pertenecía al batallón "Colombia". Luego vendrían más enfrentamientos y nuevos muertos. SEMANA localizó a los familiares de los últimos 5 soldados que perdieron sus vidas en la guerra-tregua que existe en el país en la actualidad. En diferentes municipios del Valle del Cauca madres, hermanos y novias dialogaron sobre lo que fueron los últimos días de los muchachos fallecidos la semana pasada.

Milciades Viáfara Caicedo.
Nació el 14 de junio de 1964 en Corinto (Cauca). Sus padres, Reinaldo y Soledad, le habían dicho que no se fuera para el Ejército, "porque eso ahora estaba muy peligroso". Pero como había hecho un curso de tractorista en el Sena y quería trabajar con su hermano Oscar en el Ingenio Providencia, a 16 kilómetros de Palmira la salida para conseguir la tarjeta militar era presentarse al servicio militar. Le faltaba un mes para cumplirlo. Era el "ranchero" del batallón, el que preparaba la comida. Visitó por última vez a su mamá en Pradera. "Ella le echó la bendición y le regaló una imagen de la Virgen de Piendamó, para que lo cuidara en los enfrentamientos con la guerrilla y para que se abriera el paracaídas si le tocaba tirarse. Hace muchos años ella se enteró de que a alguien no se le había abierto el paracaídas y tenía mucho miedo de que le pudiera pasar lo mismo a Milciades", cuenta su hermano Oscar. Murió el 9 de junio.

Silvio Rivera Velasco.
Nació el 7 de octubre de 1965. Antes de irse para el Ejército, lo cual hizo voluntariamente y contra el deseo de su propia madre, había estudiado hasta quinto de primaria, trabajaba en mecánica y en sus ratos libres se dedicaba al fútbol. "Yo le rogué que no se fuera", dice su madre llorando, "pero él insistió porque decía que no iba a ser el único de la familia sin prestar el servicio". Sus dos hermanos ya lo habían hecho y uno de ellos Julio, había combatido también contra la guerrilla en el Caquetá en 1981. Su familia vivía en Jamundí, tenía 7 hermanos. Le faltaba mes y medio para salir, pero había expresado su deseo de seguir el curso de suboficial y hacer la carrera militar. Su novia, Gladys Estela, hija de un sargento retirado, lo alentaba en su propósito.

Su madre intentó verlo en Palmira cuando llegó el batallón, pero no pudo y tuvo que contentarse con hablarle por teléfono. "Nos trajeron para defender al Valle de los guerrilleros", le dijo Silvio. Fueron las últimas palabras a su madre. Murió el lunes 10 de junio.

Carlos Amado Solarte.
Nació el 25 de septiembre de 1961 "Ultimamente estaba muy aburrido", dice su madre, doña Nery, recordando que desde noviembre no lo habían dejado volver a salir, "porque tenía problemas con un cabo y había estado en calabozo en Melgar". Sólo había hecho hasta tercero de primaria, porque desde muy joven había tenido que rebuscarse la manera de ayudar a sostener a su madre. Embolaba en la plaza de Candelaria, donde vivían, y luego había hecho trabajos esporádicos encarpando camiones en el Ingenio Mayaguez.

Se enroló en el Ejército con la intención de sacar la libreta militar, pues tenía la posibilidad de un empleo en el mismo ingenio. Su novia, Blanca Cristal, cuenta que estaba muy contenta porque a Carlos sólo le faltaba un mes para salir, y añade que "estuvo varios días en la enfermería en Palmira, porque tenía una infección renal ".

Comenzó a hacer el curso de suboficial, pero luego se retiró. Había contado que "ya habían matado 23 soldados y que la cosa estaba muy peligrosa", Murió el lunes 10 de junio.

Carlos Tulio Porras Castro,
Nació el 7 de diciembre de 1965. Era el menor de una familia de 7 hermanos había cursado hasta quinto de primaria y trabajaba, desde pequeño, como jornalero recogiendo cosechas de tomate y algodón. "Era el que me mantenía", dice su madre, Emma Castro de Porras. Vivían en Zarzal cuando se lo llevaron para el Ejército.
Inclusive pensó en volarse, porque no quería dejar sola a su madre. Uno de sus compañeros contó que era "el mejor para el tiro, tenía muy buena puntería". Sin embargo, le había dicho a su madre que no era capaz de matar a nadie y que por eso tal vez lo matarían primero.

El jueves 6 fue el último día que la vio. "Prácticamente vino a despedirse, porque dizque la guerrilla estaba muy fregada y de pronto no volvía. Yo le pedí a la Virgen Santísima que no le fuera a pasar nada. Pero él me dijo que lo habían traído para que matara o se hiciera matar". Le faltaban 15 días para salir del Ejército. Murió el lunes 10 de junio.

Luis Octavio Villegas Posada.
Nació el 14 de enero de 1966. Miembro de una familia de 9 hermanos, hijo de Josefina y de Luis, ya fallecido, vivía en una zona de invasión en la región montañosa de Yumbo. Apenas sí había logrado cursar hasta el segundo año de primaria. Las precarias condiciones de su familia lo obligaron muy pronto a trabajar y escogió el sector de la construcción. Como quería empleo en la fábrica de Cementos del Valle y necesitaba tener la libreta militar, resolvió presentarse voluntariamente al Ejército. Sólo le faltaban 15 días para salir.

El 6 de junio, el día que le dieron libre, visitó a su familia. Fue por un radio y les dijo: "estoy contento porque por fin me van a mandar a combate a perseguir guerrilleros". Carmen, una de sus hermanas, dice que era el mejor jugador de fútbol del batallón y que refiriéndose a sus compañeros de equipo, Luis Octavio decía que eran "unas bolas para eso". Tímido y reservado, sus amigos dicen que no tenía novia y que lo que pasa fue que el Ejército lo mandó a combatir adelante, porque existe la idea de que "los de Yumbo somos guerrilleros". Murió el domingo 9 de Junio. -

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