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| 5/10/2013 12:00:00 AM

Los niños desmovilizados pierden la confianza

Un experto en menores combatientes explica qué debe suceder con los niños si se firma la paz en Colombia.

La participación política es el segundo punto de la agenda que discuten el Gobierno y las FARC en La Habana. Es entonces cuando se pensará cómo ingresarán a la política algunos guerrilleros. Lo que no está incluido en los debates es qué pasará con los menores de edad que están inmersos en el conflicto. 

En el momento de socializarse, no tienen confianza en ellos, en los adultos o en la autoridad, y es ese uno de los pilares a reparar, según Boia Efraime Jr., especialista en intervenciones dirigidas a niños y adolescentes que pertenecieron a grupos armados.

Efraime trabajó como psicoterapeuta para la ONG Rebuilding Hope en Maputo-Mozambique en el proyecto de Rehabilitación de Niños Soldados, tras el conflicto que vivió ese país. A finales de esta semana, visitó Colombia para dar una charla sobre el tema en la Universidad Icesi, en Cali, en el marco de la Maestría en Intervención Psicosocial.

Además, concedió una entrevista en exclusiva para Semana.com sobre los niños en el posconflicto. 

Semana.com: ¿Cuál es el impacto psicológico de un menor en la guerra?

Boia Efraime: Los niños desmovilizados se deben tratar de modo diferente a los adultos, y en el proceso de paz de Mozambique entre el Gobierno y los grupos rebeldes fueron tratados de otra manera. Ellos vienen con un trauma psíquico en el que no confían en los adultos ni en las autoridades porque son ellos los que los han instrumentalizado. Además, son pesimistas en cuanto al futuro y son aislados. 

Semana.com: Cuando llegan a la sociedad civil, ¿cómo es su interacción con otros niños de su misma edad?

B. E.: En el caso de Mozambique, notamos que tienen otro tipo de inteligencia que los demás niños de las escuelas. 

Tienen algunos inconvenientes con la memoria, la concentración y la flexibilidad intelectual, pero poseen una capacidad impresionante para sobrevivir en el medio en el que se encuentren. Como son criados en un ambiente violento, se adaptan muy fácilmente a cualquier contexto.

Esto lo vimos en varios países del mundo como Palestina y Vietnam. 

Semana.com: ¿Cómo superar eso?

B. E.: Ellos necesitan amor, protección, afecto, padres, profesores y el apoyo de toda la sociedad. La familia es especialmente importante porque así el niño aprende a considerar la autoridad como algo necesario y adecuado.

Semana.com: Además de ese acompañamiento del que usted habla, ¿qué necesita un menor que fue reclutado para resarcir el daño psicológico?

B. E.: La experiencia traumática que vivieron esos niños no desaparecerá. Ellos guardarán en su memoria las atrocidades que cometieron y las que han vivido. 

Lo que necesitamos es construirles la capacidad de autoconfianza y la confianza en los adultos, en la sociedad. Hay que reconstruirles la esperanza de un futuro no violento y que aprendan a tener sus obligaciones como ciudadanos.

La reinserción tiene, primero que todo, un proceso social, y luego sí viene el factor psicológico. Ellos necesitan la solidaridad de la comunidad y la inversión para que aprendan que con las mismas manos que cargaban un fusil pueden trabajar en la agricultura, en la industria o en lo que sea cuando crezcan. 

Semana.com: ¿Y qué pasa con las acciones que ellos ejecutaron?

B. E.: No se puede olvidar que esos menores que fueron víctimas también fueron victimarios. Es necesario hablar de esa responsabilidad. 

Ellos dicen que son buenos y que fueron obligados a matar, pero deben entender que siempre tuvieron una alternativa a negarse a hacer lo que les decían que hicieran. 

Semana.com: Pero ¿para qué recordarles eso?

B. E.: Es fundamental porque si no, se reproducen las mismas situaciones de impotencia de cuando estaban en la guerra y no aprenderán a tomar decisiones. Si no asumen la responsabilidad de su historia, de su pasado, no podrán ser responsables de su futuro.

Semana.com: ¿Cómo son recibidos por la sociedad los menores de edad que se desmovilizan?

B. E.: La responsabilidad principal es del Estado. Es el encargado de resarcir los derechos vulnerados y lograr que el menor pueda vivir en unas condiciones estables.

Esto supone trabajar con las normas culturales, a través de las cuales los niños y los jóvenes comprendan y atribuyan significado a sus experiencias. Es decir, recordarles las experiencias que tuvieron antes de ingresar al conflicto. 

Semana.com: ¿Esto se hizo en el caso de Mozambique?

B. E.: Por la cultura de ese país, los rituales de purificaciones fueron muy importantes en la transformación. Para que ellos pasaran de ser soldados a ciudadanos de la sociedad civil, prometieron ante la comunidad no vivir como si estuvieran en guerra y se purificaba el alma en estos ejercicios espirituales. 

Semana.com: ¿Cuál es el papel del proceso de paz en la reinserción de los menores combatientes?

B. E.: La comunidad colombiana tiene que ser muy franca y reconocer que puede hacer que esos niños se integren totalmente a la sociedad.

Si son marginados, seguirán sin respetar la vida humana ni la propiedad de los otros. Es nuestra responsabilidad como sociedad apoyar a esos niños y convencernos de que el sentimiento de paz es el respeto a la vida humana. 
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