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| 1/11/1999 12:00:00 AM

LOS OTROS JUAN DIEGO

Buscando al bebé robado en la Clínica del Country las autoriades hallaron otros 30 casos de niños desaparecidos.

En mayo de 1997, ocho meses despues de la desaparición de Juan Diego, la familia Saldaña Celedón recibió una llamada de la Clínica del Country, desde el mismo sitio de donde lo había sacado la ex policía Claudia Patricia Villarreal. Para la época en que se produjo la comunicación la pareja ya había recibido más de 1.000llamadas que pretendían dar pistas sobre el paradero del bebé. Pero ésta era distinta porque se trataba de un niño que los agentes del grupo Gaula de la Policía habían localizado en un hogar sustituto del Bienestar Familiar ubicado en Ciudad Bolívar, al sur de Bogotá. El bebé, de unos siete u ocho meses, blanco y pelinegro, había sido abandonado allí hacía varios días por un hombre y las señoras encargadas de cuidar los niños mientras que las madres trabajan ya no tenían cómo cuidarlo. Las mujeres decidieron llamar a la Policía y entregar al pequeño. El menor fue llevado a la Clínica del Country y el Gaula pidió que llamaran a Diego y Marylin, los padres de Juan Diego. Aparentemente todo coincidía. Diego llegó por segunda vez a la Clínica con la esperanza de recuperar a su hijo. Al verlo, Diego pensó que por fin habían encontrado a su hijo perdido. Pero con Marilyn no sucedió lo mismo: revisó las manos y la nariz del bebé y no se le parecían a las que recordaba de su hijo. El niño tenía dedos muy largos y delgados. Su bebé, en cambio, tenía las manos gorditas y las palmas arrugadas; según ella, era una característica de familia. Así las tenía ella desde pequeña y también su hijo mayor, Alvaro. Sin embargo ambos tenían que esperar la infalible prueba del ADN. Pero sus esperanzas se diluyeron al poco tiempo porque el resultado de laboratorio fue negativo. Frustrados, regresaron a su casa. Marylin y Diego sabían que esa no era la primera ni la última vez que se iban a encontrar en circunstancias parecidas. De hecho, durante los 27 meses que estuvo perdido su hijo, en más de una docena de veces pensaron haberlo encontrado. El padre recuerda que en los primeros ocho meses alcanzó a ver unos cuatro niños. Incluso, en una oportunidad, iba a viajar a Santa Marta porque les informaron que tal vez el bebé se encontraba allí.
Los otros casos
Lo cierto es que detrás del episodio del rescate de Juan Diego surgieron las historias de otros niños con nombres anónimos, de padres desconocidos. Así, mientras seguían el rastro de la falsa enfermera que robó a Juan Diego en septiembre de 1996, las autoridades encontraron al menos otros 30 casos parecidos, de los cuales 11 fueron relacionados con la posibilidad de que se tratara del menor sacado de la Clínica del Country. SEMANA averiguó que durante los primeros meses del secuestro del menor a los laboratorios de Medicina Legal mensualmente llegaron dos bebés para ser analizados y comparados con las pruebas de Juan Diego. El experto de Medicina Legal, Manuel Paredes, alcanzó a realizar la prueba de ADN en 30 niños. Y eso se pudo hacer gracias a la prueba de sangre que le tomaron en la Clínica al niño Saldaña recién nacido. El primer bebé que Medicina Legal recibió bajo la sospecha de ser Juan Diego llegó escasos tres días después de ocurrido el secuestro. Pero no se trataba de Juan Diego y quienes decían ser sus padres tampoco lo eran. El segundo episodio se produjo el 30 de septiembre de ese año, cuando los investigadores recibieron una llamada que decía que Juan Diego estaba en una casa del barrio Villa Eldorado. Quienes vivían allí aseguraron que un hombre les había dejado un bebé en la puerta y había desaparecido. El niño fue recuperado y llevado al Instituto de Bienestar Familiar. Durante ese fin de año los agentes del Cuerpo Técnico de Investigaciones (CTI) de la Fiscalía y los expertos de Medicina Legal realizaron unas 10 pruebas más. Pero en mayo del 97 tuvieron un susto. Una llamada anónima había denunciado el abandono de un bebé de unos ocho meses en una alcantarilla en el sur de Bogotá. Los agentes encargados de la investigación se desplazaron al lugar y encontraron a un bebé muerto. Tenía la talla, la edad y las características del niño Saldaña Celedón. Esta vez prefirieron no comunicarle nada a la familia hasta realizar las pruebas necesarias. Pero esa posibilidad fue descartada rápidamente. En junio del 97, una información recibida por el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), decía que había dos niños al cuidado de una pareja de homosexuales. Los investigadores que realizaron el allanamiento encontraron que uno de los bebés coincidía con la edad que tendría Juan Diego. El matrimonio gay no tenía registro civil de nacimiento y no supo explicar la procedencia de los pequeños. Las autoridades retuvieron a los bebés para hacer los cotejos de ADN y después de que quedó descartada esta nueva prueba fueron conducidos a Bienestar Familiar. A los pocos días los investigadores pensaron que por fin estaban cerca. Las autoridades tuvieron que actuar rápidamente porque, según otra llamada telefónica, un niño iba a ser sacado del país en forma clandestina. Se trataba de un menor que había sido vendido a una mujer colombiana, pero con nacionalidad y residencia en Estados Unidos. El bebé había sido registrado en la Notaría 46 de Bogotá y con la complicidad de una enfermera de la Clínica Juan N. Corpas la Falsa mamá logró obtener un certificado clínico de nacimiento y el registro civil. Los agentes encargados de esta investigación lograron descartar que ese bebé fuera Juan Diego y comprobaron que todos los papeles que presentaba la supuesta madre eran falsificados. En realidad el niño había nacido en Chaparral, Tolima, y su madre lo había vendido. Estas son tan sólo algunas de las historias que los investigadores y la familia Saldaña Celedón recuerdan. Los hombres de la Fiscalía se aterraron al comprobar que la desaparición y robo de menores constituía un problema más grave del que habían pensado. Paredes afirma que "el país tiene mucho que agradecerle a Juan Diego. Su desaparición permitió investigar muchos casos de niños y comprobar que la mayoría eran robados".

Los Brujos
Pero mientras tanto la familia también buscaba. Los Saldaña, además de tener fe en que algún día el análisis del ADN en Medicina Legal diera positivo y que uno de esos tantos niños que la Fiscalía recuperaba fuera el suyo, recurrieron a otro tipo de especialistas: los brujos. Aunque hoy lo ven con cierta vergüenza, la verdad es que la angustia que sentían los llevó a recurrir a todo. Al primero que visitaron fue a un experto en el péndulo. El hombre ubicaba su instrumento sobre un mapa y después de varios movimientos señalaba, supuestamente, el lugar exacto donde estaba Juan Diego. El padre del niño salía con la información revelada y con la ayuda de la Policía se metía en los lugares que había dictaminado el péndulo. Unas veces era Patio Bonito, otras Bosa o Ciudad Bolívar. El propio Diego se tomaba el trabajo de revisar las casas. En otra ocasión un adivino le dijo que su hijo estaba en unas casas localizadas en el sur de Bogotá. Diego llegó acompañado de la Policía cívica. Ese día tampoco encontraron nada. Así como tampoco dio resultado el síquico de Ibagué que consultaban por correspondencia. Lo cierto es que muchos trabajos de inteligencia de los organismos de seguridad fueron producto de las consultas de brujos, videntes y adivinos. Hoy, dos años y tres meses después, los Saldaña son conscientes de que su desesperación llegó a niveles insospechados.
Las llamadas
Los padres del pequeño Juan Diego no abandonaron la búsqueda un solo minuto. Además de las líneas que asignaron en la Policía, la Fiscalía y el DAS, durante varios meses estuvo habilitado un número en el diario El Tiempo para que la gente pudiera dar información. Además, en la casa de los Saldaña destinaron a una agente de la Policía para que recibiera todas las llamadas relacionadas con la desaparición del niño. Pero no todas las comunicaciones tenían como fin ofrecer ayuda. Hubo otras que buscaban sacar provecho económico. A los pocos días de la desaparición un hombre se comunicó con los padres y les dijo que él sabía del paradero del bebé y que estaba dispuesto a dar la información por una gruesa suma de dinero. Ante esa noticia la Policía montó un operativo y capturó al extorsionista. Cuando los agentes interrogaron al hombre, éste confesó que no tenía información. Así hubo un par de llamadas más. Otros llamaban por la recompensa. Pero lo que ni las autoridades ni los Saldaña saben es que Claudia Patricia Villarreal, la mujer que les robó el bebé, intentó comunicarse a uno de esos teléfonos. El único que consiguió fue el del periódico. La mujer asegura que su intención era hablar con la verdadera madre y devolverle a su hijo. Pero como nadie le dio los teléfonos de la familia y le tocaba dejar sus datos personales, tuvo miedo y colgó. Prefirió continuar con su secreto y seguir en su papel de mamá del niño que ya había bautizado como Alvaro Yamith Villarreal Hernández. El encuentroEn realidad nada de eso sirvió para encontrar a Juan Diego. Ni los brujos, ni las cientos de llamadas. La primera pista que encontraron los investigadores del CTI fue en una taberna. Un hombre que se encontraba tomándose unos tragos hizo un par de comentarios sobre el paradero del niño. Los únicos datos que se conocieron en ese momento eran que al pequeño lo tenía una mujer que vivía en Ciudad Salitre. Esa información llegó a los agentes de la Fiscalía, que comenzaron a corroborar los datos. El asunto iba muy lento. Hasta que un día, después del intenso trabajo de inteligencia, ubicaron la casa de Claudia Patricia Villarreal. En ese momento se tomaron las primeras fotos de la mujer y se las mostraron a la madre de Juan Diego. Pero había un problema: las fotos no estaban muy nítidas y habían sido tomadas a una distancia muy lejana. Los investigadores, entonces, volvieron al lugar. Por esos días vieron a la mujer de sus sospechas cargando al pequeño. Pero aún no podían asegurar que se trataba de Juan Diego. Fue cuando tomaron la segunda sesión de fotos. Esta vez los investigadores, con un poco más de certeza, tuvieron el cuidado de hacer planos más cerrados y enfocarle la cara. Cuando Marylin Celedón vio las fotos no tuvo la menor duda. Era ella, la falsa enfermera. La reconoció porque cuando la vio en la clínica aquel 14 de septiembre de 1996 sonreía mucho y pudo ver que tenía los dientes del frente separados, tal como los tenía la mujer de la fotografía. Aun así todos, investigadores y familiares, eran conscientes de que tenían que esperar a recoger más pruebas. Los investigadores comenzaron a cerrar el círculo. Empezaron por abordar a las personas más cercanas a Claudia Patricia, hasta que una de ellas no se pudo contener más y dio información valiosa. Y el martes primero de diciembre una llamada anónima entregó pistas definitivas que reforzaban la investigación. El trabajo de investigación había durado unos seis meses y se concretó el pasado jueves 3 de diciembre cuando los hombres de la Fiscalía, sin un asomo de duda, abordaron a la falsa madre y la interrogaron. Ella de inmediato confesó que el niño que cuidaba era Juan Diego. También dijo que lo había hecho por retener a su lado a su compañero y que la única forma que encontró fue la de tener un hijo. Como no podía quedar embarazada decidió simular un embarazo y después robarse un niño recién nacido. Sin embargo la Fiscalía no podía cantar victoria y arriesgarse a dar la noticia sin una última averiguación. Todos fueron sometidos nuevamente a la prueba de ADN y, por fin, esta vez, sí dio positivo.
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