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| 4/6/1998 12:00:00 AM

LOS PALOS

Cuatro figuras sacan la cara por el votoindependiente en Colombia. Sin embargo noes seguro que cuatro golondrinas hagan verano.

Nunca como en esta oportunidad la clase dirigente y los medios de comunicación se la jugaron toda para renovar el Congreso. No hubo columnista que no recomendara a sus lectores por quién votar. Y los preferidos de todos resultaron ser los mismos, los llamados candidatos de opinión que, en la mayoría de los casos tenían un denominador común: no ser políticos. En esas columnas les fue particularmente bien a las mujeres, encabezadas por María Mercedes Cuéllar y María Isabel Rueda, que no dejaron de aparecer en ninguna. Entre los bendecidos por las salas de redacción hubo apenas unos cuantos políticos como Juan Martín Caicedo, Rodrigo Rivera y Germán Vargas Lleras. Pero, en general, los parlamentarios tradicionales mojaron poca prensa en materia de preferencias en las páginas editoriales. Los 'chicos malos' como Marta Catalina Daniels y Carlos Alonso Lucio tuvieron que aguantar toda el agua sucia. Lo mismo les pasó a los caciques con apellidos tradicionales tipo Name, Guerra Tulena y Guerra Serna. No les fue mejor a algunos caciques de apellidos nuevos como Mogollón, a quien le cayó el cielo encima tres días antes de las elecciones por un episodio relativamente insignificante de un crédito de 18 millones de pesos desviado para gastos electorales. ¿Cuál fue el resultado de toda esta artillería? Hay varias maneras de medirlo. La primera es cuantificar si los votos de la maquinaria son porcentualmente superiores o inferiores a los de las últimas elecciones. El segundo es determinar si existe un voto de protesta anticontinuista sustancial. Por último, cuál fue el grado de renovación que hubo en términos reales. En esos tres frentes tuvo lugar un avance pero moderado.En cuanto a la maquinaria, con excepciones como la de Bernardo Guerra Serna y Gustavo Rodríguez, prácticamente todos los grandes barones electorales volvieron al Congreso. Sin embargo _fuera de Fabio Valencia Cossio_, ninguna de sus votaciones individuales fue deslumbrante. En términos generales las votaciones con que regresaron a sus curules fueron, en términos relativos, inferiores a las históricas. Por el contrario, los cuatro grandes ganadores que representan el voto de opinión tuvieron votaciones monstruosas. Ingrid Betancourt se convirtió tal vez en la primera persona en Colombia que llega al Senado con votos en todos los departamentos. Es un triunfo personal enorme. Su votación superó los 150.000 votos, lo cual para una elección de Senado sin maquinaria no tiene antecedentes. Sin duda alguna su victoria obedeció a que se convirtió en el símbolo más representantivo del antisamperismo. Otro fenómeno de opinión en el Senado fue Carlos Moreno de Caro. De él se podría decir no tanto que no tiene maquinaria, como que su maquinaria es propia. Utiliza la educación como antes los urbanizadores piratas usaban la vivienda. Tiene un lenguaje populista y cuenta con una flotilla de equipo pesado para hacer sus propias obras. Esta maquinaria propia, sin embargo, no se puede demeritar si se tiene en cuenta que Moreno de Caro nunca ha contado con el menor apoyo por parte del gobierno o del establecimiento colombiano. Antonio Navarro también coronó. Todo el mundo esperaba que saliera, pero nadie se imaginó que despertara semejante grado de entusiasmo entre los bogotanos. Había estado ausente de la capital durante años mientras ejercía la Alcaldía de Pasto. A pesar de haber sido elegido como el mejor alcalde del país, no fue un consentido de los medios durante la campaña. Aún así, sus más de 100.000 votos son un claro indicio de que el voto protesta no es solo contra Ernesto Samper, sino contra el establecimiento. Se podría afirmar que el voto castigo contra el establecimiento lo constituyen las votaciones sumadas de Moreno de Caro y de Navarro Wolff. La otra parte del voto castigo no era antiestablecimiento, sino antisamperista. Y uno de los principales símbolos de esto fue María Isabel Rueda, quien a todas luces fue el palo de la elección, pues hace apenas seis semanas no existía en política. María Isabel pudo haber sido la candidata con más solidaridad por parte de medios en todo el país y contó con una maquinaria profesional proporcionada por la organización de Germán Vargas Lleras. Pero estas dos ventajas no explican el que haya podido superar la barrera mágica de los 100.000 votos. De por sí duplicó la votación de su patrocinador político Vargas Lleras, lo cual demuestra que el prestigio de su nombre fue muy superior al de las organizaciones políticas que la apoyaron. Hubo sin embargo otras sorpresas. Tanto Edgar Perea como Rafael Orduz resultaron elegidos con buenas votaciones, aunque de ambos se esperaba un fenómeno político de mayores dimensiones. Por otra parte a algunos caciques les fue muy bien. Los resultados de Fabio Valencia Cossio se esperaban, pero la votación obtenida por Alfonso Angarita Baracaldo no es fácil de explicar. El que un político tradicional sin mayor registro en los medios alcance más de 115.000 votos es toda una hazaña. Otra sorpresa fue la votación de Samuel Moreno Rojas, quien por poco alcanza los 100.000 votos. A los perseguidos de los medios de comunicación, Carlos Alonso Lucio y Marta Catalina Daniels les fue bien, pero no tanto como ellos mismos esperaban. Si bien obtuvieron las curules de Senado que esperaban, no fue ni con la mitad de los votos obtenidos por los líderes del pelotón. ¿Qué tan antisamperista o qué tanta renovación representan los resultados electorales? Los antisamperistas pueden reclamar este voto de opinión, y que el número de votos por candidatos que representaban el anticontinuismo nunca habría sido tan alto. De otra parte los samperistas pueden decir que después de cuatro años de haber sido acusados de ser los protagonistas del mayor escándalo de corrupción política en la historia de Colombia, el voto claramente antisamperista no pasó del 5 por ciento de la votación.
En cuanto a la renovación del Congreso, esta también tiene dos lecturas. Al Senado llegaron 49 personas que nunca habían sido senadores. De esos 49, 14 ascendían de la Cámara, y los 35 restantes se dividen entre los que se pueden calificar de renovación pura y aquellos que son extensiones de los clanes tradicionales, como Antonio Guerra de la Espriella y Piedad Zuccardi de García. Esto haría que de los 49 nuevos renovadores, de verdad no haya más de 20. En la Cámara a primera vista podría hablarse de un 60 por ciento de renovación, pero haciendo un análisis como el del Senado se podría llegar a conclusiones similares.

Es indudable que en las elecciones pasadas hubo cuatro grandes golondrinas. Lo que no está totalmente claro es que cuatro golondrinas hagan verano. En términos generales, sin embargo, lo que se va a ver en el próximo Congreso es lo que Gaitán llamaba "los mismos con las mismas". En el fondo tenía que ser así, porque en esa división arbitraria entre 'buenos' y 'malos', siempre hay mucho de maniqueísmo. Curiosamente, el problema más que de moral es de centralismo. Los medios de comunicación por lo general tienen sus sedes en Bogotá o en las grandes ciudades, donde prima el sentimiento del interés general ante todo. Los bogotanos no tienen identidad regional. En el mundo de los medios de comunicación las consideraciones son macro y no micro. Allá se está a favor de que haya buenas leyes, de la privatización de empresas estatales, de cero corrupción, de reducción de burocracia y reducción del déficit fiscal. Estas preocupaciones las comparte el denominado voto independiente que está constituido por los colombianos que no dependen del Estado para su supervivencia. Lo que sucede es que estos son muy pocos y están concentrados en las dos o tres grandes capitales. En el resto del país, nadie se preocupa por esos problemas macro y la gente quiere cosas concretas y prácticas. Quiere trabajo, beca, centro de salud, escuela y carretera. Y todas esas necesidades requieren de un intermediario que es el político tradicional. Es ahí donde su figura es irreemplazable y por eso es que, a pesar del proceso 8.000 de la última campaña, nada les hace mella. Ese es el sistema, y en el fondo funciona. Pero el triunfo de la llamada clase política en las elecciones del domingo pasado revela otra cosa. Muestra que la clase 'no política' ha pretendido aplicarle un estándar moral a los políticos, que no es compartido por el electorado. Un país en el que la llamada 'sociedad civil' se acostumbró desde hace años a vivir al margen de las normas, a evadir impuestos, a pagar mordidas para agilizar trámites burocráticos, a comprar sus electrodomésticos de contrabando, no puede pretender tener la autoridad moral para estigmatizar a personas que simplemente viven una realidad socioeconómica totalmente diferente a la de la clase dirigente. El 10 por ciento de los colombianos puede darse el lujo de tener un voto independiente y votar por quien se le da la gana. El otro 90 por ciento tiene que hacerlo por quien le puede solucionar un problema concreto. Los pueblos tienen los gobernantes que se merecen, porque la moral de los ciudadanos termina siendo la moral de los políticos. Y es precisamente por eso que no se cayó Ernesto Samper a pesar de que no hay un solo colombiano que piense que el dinero de los Rodríguez no definió su elección.
Elecciones del 98
Pero a pesar de que todo en el fondo sigue igual, en las elecciones pasadas se registraron algunos cambios importantes. Los electores pudieron constatar que la publicidad política pagada ha cambiado de naturaleza. Mientras la palabra 'conservador' con frecuencia se ocultaba, hasta hace cuatro años los políticos liberales se preciaban de usar la palabra 'liberal'. En esta oportunidad ni los más acérrimos liberales de la maquinaria lo hicieron. Ni en las vallas, ni en los avisos de periódico, se vio la palabra liberal por ningún lado. Esto significa que la sigla del futuro va a ser 'independiente'. Otra novedad de las elecciones pasadas es que el concepto de lista como tal ya no existe. En la medida en que se cambió la papeleta por el tarjetón, ya no hay asociación inmediata entre los candidatos a Cámara y Senado. Ni siquiera el número es el mismo. Es por eso que a pesar de ser Germán Vargas el patrocinador político de María Isabel Rueda, la lista de ella duplicó los votos de la de Vargas a Senado. Igualmente llama la atención cómo Ingrid Betancourt con la más alta votación del país no logró sacar su cabeza de Cámara en Bogotá. Tampoco hubo sinergia de ninguna clase en la unión entre Claudia Blum y María Paulina Espinosa. Las fotos del dúo dinámico de mujeres aparecieron en todas las vallas, pero mientras la Blum salió, Pum Pum se hundió.Y una última lección del certamen electoral del domingo pasado es que una cosa es Bogotá y otra cosa el resto del país. En la capital de la República el voto independiente se está convirtiendo en una realidad. Si se suma la votación de los cuatro grandes ganadores del domingo, sólo en ellos se concentra medio millón de votos absolutamente independientes. Si se suman los votos independientes de los candidatos derrotados, se podría decir que la capital es la única ciudad en donde el voto independiente es superior al voto amarrado. Otra particularidad de Bogotá es que desde que existe la circunscripción nacional para el Senado, es tal vez el único lugar donde se aplica el espíritu de la misma: hay votos para todos. De los 250 aspirantes que hay para el Senado, se podría afirmar, sin exagerar, que existen en promedio por lo menos 1.000 votos en Bogotá para cada uno de ellos. Esto significaría que prácticamente la cuarta parte de la votación de la ciudad va dirigida a personas que no la representan. Todas las anteriores son observaciones interesantes, pero lo que los analistas políticos van a tratar de entender es qué implicaciones tienen esos resultados para las diferentes candidaturas. Para Serpa es bueno que la clase política no fue derrotada y se mantuvo. Prácticamente la mitad de los 100 senadores de Colombia son liberales serpistas. Si a esto se le suma alrededor de una docena de lentejos conservadores, al candidato oficial del liberalismo no le faltaban razones para celebrar el domingo pasado. En términos matemáticos le fue mucho mejor que a Andrés Pastrana quien, al cierre de esta edición, no tenía segura la elección de Efraín Cepeda Sarabia, el único senador que se había lanzado con el rótulo de su movimiento, la Nueva Fuerza Democrática. Sin embargo hay que tener en cuenta que una veintena de parlamentarios conservadores van a alinearse detrás de él. Esta cifra no representa la mitad de la de Serpa. Pero si se analizan las tendencias de las cuatro golondrinas, habría que llegar a la conclusión de que la franja es primordialmente antiserpista. Y como todo buen observador político sabe, por lo general la franja es la que define las elecciones.
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