Sábado, 21 de enero de 2017

| 2008/05/24 00:00

Los papeles del sargento Paz

El documento que intentó difundir el hombre de la granada debe ser investigado por las autoridades.

El suboficial retirado del Ejército Édgar Paz Morales, de 53 años, se declaró inocente de los cargos de secuestro extorsivo y porte de armas y munición de uso privativo. Si es condenado, su pena puede ser de más de 37 años de cárcel

El sargento retirado Édgar Paz Morales tenía consigo dos elementos detonantes cuando sembró el terror en el centro de Bogotá la semana pasada: un detallado documento testimonial de seis páginas y una granada de fragmentación, con un radio de acción letal de 35 metros a la redonda. Estaba resuelto a hacer estallar ambos en la oficina donde retuvo bajo amenaza a 19 personas.

Tenía un plan muy elemental. Exigía al gobierno que se le reconociera su pensión por 22 años de servicio como militar y salir del país rumbo a México. Su experiencia en operaciones delicadas lo hizo pensar que para lograr el propósito, primero tenía que demostrar que estaba dispuesto a cumplir su amenaza terrorista. Por eso preparó el documento en el que afirmó haber participado, con una veintena de militares -en su mayoría hoy generales- en todo tipo de operaciones oscuras en los años 80.

Paz pensaba que al "estallar" en la radio y la televisión nacional el escandaloso documento lograría dos propósitos inmediatos: enlodar a quienes le habían dado la espalda y demostrar que era un hombre sin escrúpulos que ya le había visto la cara a la muerte en muchas otras ocasiones. Por eso permitió que una decena de periodistas ingresara para difundir en directo su relato escrito.

Sin embargo, cuando el documento empezaba a ser leído ante las cámaras y los micrófonos por una de las retenidas, tres agentes del Gaula que se habían hecho pasar por reporteros aprovecharon un descuido de Paz y lo redujeron sorpresivamente. El forcejeo duró pocos segundos. El sargento fue tendido a la fuerza en el suelo y sobre él cayó rápidamente una decena de agentes para impedir que activara la granada mientras los retenidos huían en medio del pánico.

Luego de los abrazos y las felicitaciones por la acertada operación de la Policía vino el debate nacional por el papel que cumplieron algunos medios que registraron en caliente todo lo ocurrido, tal como lo deseaba el sargento Paz. En el debate surgieron opiniones en todo sentido. Y así, entre esto y aquello, el contenido del documento pasó a un segundo plano.

Pero su texto es tan grave y delicado, que no puede pasar inadvertido para las autoridades. A lo largo del mismo, el sargento Paz relata con nombres propios diversas situaciones criminales en las que supuestamente participaron militares, varios hoy en ejercicio de altos cargos del Ejército. Según el relato, por lo menos una docena de éstos habría pertenecido al grupo 'Muerte a Secuestradores' -conocido a comienzos de los 80 como MAS- , creado por el cartel de Medellín tras el secuestro de Marta Nieves Ochoa.

En otro aparte del documento, el sargento Paz sostiene que se desempeñó como sicario al servicio del Ejército y que dentro de esta lógica torturó y asesinó varios miembros del M-19. Dice, por ejemplo, que a uno de ellos lo amarraron y lo introdujeron en un costal y luego "lo tiramos vivo desde un puente a una quebrada". Así mismo cuenta otra modalidad que consistía en enterrar vivas a sus víctimas para luego sacarlas y tirar el cuerpo "por los lados de Monserrate".

También se autoincrimina como uno de los responsables en el atentado, cometido hace 23 años, y según él por instrucciones superiores, contra el entonces comandante del M-19 Antonio Navarro Wolff, hoy gobernador de Nariño.

El documento tiene problemas de fechas, muchas de las cuales son imprecisas. Sin embargo, según le comentó a SEMANA una fuente militar, varios hechos descritos por el sargento Paz son verosímiles. La Policía hizo su parte al impedir que la granada de fragmentación detonara y provocara una tragedia. Ahora le corresponde a la Fiscalía hacer lo suyo mediante la investigación de las graves acusaciones que, de ser ciertas, podrían afectar a muchos uniformados a la redonda.

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