Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2004/05/09 00:00

"Los paras perdieron su disfraz"

El embajador de Estados Unidos, William B. Wood, aseguró en entrevista con SEMANA, que luego de la desaparición de Castaño, las AUC destaparon su carácter de narcoterroristas.

"Creo que el señor Mancuso ya ha tomado su decisión: es narcoterrorista al ciento por ciento" .

El proceso de paz con las autodefensas atraviesa su peor momento, con Carlos Castaño desaparecido y más jefes paramilitares en la lista oficial de grandes narcotraficantes y terroristas del gobierno de Estados Unidos. A la vez se despierta una polémica en la región andina sobre el alcance de la participación militar estadounidense en el Plan Patriota colombiano que busca atacar a las Farc en su retaguardia profunda. Y desde el gobierno de Estados Unidos se escuchan quejas sobre el desempeño de la Fiscalía, a la que le han dado considerable apoyo financiero y técnico. En fin, el papel de la potencia mundial en el país ha estado en el centro del debate nacional de las últimas semanas. Para conversar sobre estos temas candentes del momento, SEMANA entrevistó al embajador de Estados Unidos en Colombia desde hace nueve meses, William B. Wood. Filósofo de profesión y con maestrías en administración de empresas y en finanzas, Wood respondió cada pregunta con aparente desparpajo y buen humor, pero con gran cuidado en la escogencia de las palabras (no en vano tiene más de 25 años de carrera diplomática). Curiosamente, así como el cumpleaños del presidente Álvaro Uribe es el 4 julio, día patrio estadounidense, Wood es nacido un 7 de agosto (de 1950), día patrio colombiano, y su discurso frente a Colombia es de un sorprendente optimismo. "Como huésped estoy impresionado por la capacidad de mis anfitriones, más impresionado que mis anfitriones mismos", dijo. SEMANA: Desde que llegó a Colombia, ¿en qué aspectos ha visto mejorar al país y en cuáles lo ha visto empeorar? William Wood: Ha mejorado en casi todo. Por ejemplo, la mejoría en la capacidad táctica militar es impresionante. Dudo que operaciones como la que condujo a la captura de 'Sonia', la jefe guerrillera de las Farc, hubiesen sido posibles cuando yo llegué en agosto pasado. De noche, casi sin disparar, se metieron al corazón de las Farc y la sacaron en una operación quirúrgica. También ha bajado el desempleo, la economía ha crecido, la popularidad del Presidente ha aumentado, hay los niveles más bajos de violencia en mucho tiempo y, por primera vez, puede que en este año estemos en capacidad de fumigar todos los cultivos de coca, y que a fin de año no quede ni una planta de coca no sembrada en 2004. SEMANA: ¿Y qué ha empeorado? W.W.: Algo que es negativo y positivo es lo que ha sucedido con las autodefensas en la últimas semanas. (Y corresponde ese nombre que se han puesto porque sólo se defienden a ellos mismos). Con las declaraciones dudosas de Don Berna y del señor Mancuso se puede ver que están perdiendo su disfraz. Se destapó su carácter esencial de narcoterroristas. Son ladrones y son asesinos, no son patriotas. El narcotráfico contamina a todo lo que toca. Eso es malo porque es una amenaza, pero también es bueno porque aclara la naturaleza verdadera de estos tipos; nos da un entendimiento mejor para el análisis y eso es un paso adelante. SEMANA: ¿Tienen confirmado que Castaño murió? W.W.: La suerte del señor Castaño es desconocida por nosotros. Desde el punto de vista solamente analítico, si Castaño estuviera con vida, creo que lo sabríamos, pero no tenemos nada confirmado. SEMANA: Algunos analistas ven que se complica el proceso de negociación con las autodefensas pues, como usted dice, han perdido su discurso político y su organización está siendo tomada por grandes narcotraficantes. W.W.: Si yo fuera Mancuso, lo que probablemente le ha pasado a Castaño me preocuparía porque la prensa ha dicho que el problema de Castaño con los otros era que él tenía un poco de ideología. Ahora Mancuso debe elegir: puede perder definitivamente su alma y convertirse en ciento por ciento narcotraficante o puede correr el mismo riesgo de Castaño. Creo que ya ha tomado su decisión: es narcoterrorista al ciento por ciento. O al menos sabe qué le puede pasar a quien no siga la línea de los narcoterroristas. SEMANA: Suponiendo que el proceso de paz con las autodefensas avance, a pesar de los problemas, ¿estaría su gobierno dispuesto a suspender los pedidos de extradición de esos jefes para facilitar el proceso? W.W.: En las últimas semanas ha habido una aclaración de las cosas para los gobiernos. El nuevo borrador de la ley de justicia y reparación que presentó el gobierno al Congreso y las declaraciones recientes del presidente Uribe muestran que el gobierno colombiano sabe bien con quién están tratando: con narcoterroristas. Nuestra posición no va a cambiar. Quien quiera que haya producido daño a nuestros ciudadanos (al venderles droga) y violado nuestras leyes tendrá que ser procesado por la justicia estadounidense. Nosotros, junto con la comunidad internacional, hemos dicho que tiene que haber procesos jurídicos confiables y no puede haber impunidad. Y nosotros confiamos totalmente en nuestro sistema jurídico. SEMANA: ¿No confían en la justicia colombiana? W.W.: No, no es que no confiemos, sino que Colombia tiene todavía que lograr que la justicia se haga en las instituciones y no en forma privada. Un ejemplo, el presidente Uribe ha indicado falta de satisfacción con unas ONG. Si bien estas declaraciones suyas habrían sido normales en otro país, en Colombia pueden fomentar actos de justicia privada, sin debido proceso, sin investigación, sin defensa. SEMANA: Es decir, se mantendrá la extradición. W.W.: Sí. Nuestra política es clara, como lo es la del presidente Uribe. No veo contradicción entre una justicia confiable y un proceso de paz que tiene que contemplar no solo el valor de la paz sino también el de la justicia. SEMANA: Si los paramilitares han dicho que no quieren pagar penas cortas en Colombia, mucho menos van a querer entregarse para pagar cárcel en Estados Unidos. W.W.: La cosa es confusa porque si Castaño hubiera aceptado pagar una pena fuera de Colombia podría haber tenido una expectativa de vida tal vez un poco más larga que aquí. Eso dijo él. La justicia norteamericana es dura, pero también es segura. SEMANA: Cuando aprobó la ayuda a Colombia, la Cámara de Representantes de su país exigió que su gobierno presentara informes sobre los esfuerzos del gobierno colombiano para capturar y juzgar a los líderes del paramilitarismo y a otros terroristas. ¿Cómo lo han evaluado? W.W.: Nadie duda de las buenas intenciones del gobierno del presidente Uribe. Pero ha habido instancias en las que militares, policías, fiscales u otros funcionarios del gobierno no han cumplido con esas buenas intenciones. Queremos ayudarle al gobierno para que sus buenas intenciones se conviertan en una realidad total. SEMANA: Precisamente ha habido críticas al desempeño de la Fiscalía en áreas a las cuales su gobierno ha dado mucho apoyo, como la de antinarcóticos y derechos humanos. ¿Cómo ve la gestión del actual Fiscal? W.W.: Una Fiscalía profesional, limpia, capaz, con recursos y compromisos es fundamento de un Estado estable. Un sistema de justicia debe castigar a los culpables y proteger a los inocentes. Ha habido indicaciones en el pasado de que la justicia, sobre todo al nivel de investigación, no era igual para todos los colombianos. Por muchos años narcotraficantes, Farc, ELN, autodefensas han buscado influir en las decisiones de la Fiscalía. Y donde no hay justicia confiable, la gente busca otros caminos. Le estamos ayudando a la Fiscalía a establecer un sistema de justicia que no dependa de influencias personales sino de procesos impersonales y confiables. Por eso son necesarias las reformas que ha emprendido el Fiscal General, son un aporte grande en esta lucha, pero son difíciles. SEMANA: Sin embargo, ¿cómo puede estar avanzando la Fiscalía si varios grandes narcotraficantes no tienen ni investigaciones en firme, ni mucho menos órdenes de captura? W.W.: Sí es cierto que ha habido casos sobre los que también nosotros tenemos nuestras dudas. Cada vez que leo en la prensa que un archivo de un caso se ha perdido, me preocupo. Pero también hay avances importantes. Hay más narcoterroristas en la cárcel y más procesos hoy que antes. Colombia está en medio de un cambio fundamental, que es difícil y no es automático, que requiere optimismo, confianza, esfuerzo, y aquí en Colombia hay muchas personas comprometidas con este cambio. SEMANA: ¿Quién cree que está detrás de las amenazas de Copergrin (Colombianos Perseguidos por los Gringos)? W.W.: No perseguimos a nadie, pero sí hay procesos jurídicos bien establecidos. Y si alguien ha violado la ley, esta se les aplica. Eso no es persecución sino una sociedad seria enfrentando a malhechores serios. No tenemos, por ejemplo, nada en contra de las familias de los narcotraficantes si estas no han cometido delitos contra nosotros. SEMANA: Los familiares de los Rodríguez Orejuela dicen que los han puesto en la lista de los grandes narcotraficantes por ser hijos de los ex jefes del cartel de Cali. W.W.: Si no han cometido un delito no tienen ningún problema con nosotros. El único criterio es que estén involucrados en el narcotráfico o en el terrorismo. SEMANA: ¿Hay detrás de la 'Operación dólar blanco', que se conoció esta semana, un mensaje deliberado para la clase dirigente colombiana sobre su permisividad frente al lavado de dinero? W.W.: Queremos combatir toda la cadena de producción de la industria sucia del narcotráfico: desde el cultivo, incautar la droga mediante la interdicción e impedir que se disfruten las ganancias del narcotráfico. Estoy seguro de que mucha gente nunca participaría en un acto violento, pero sí está dispuesta a facilitar violencia aquí en Colombia y también violencia en las calles de Estados Unidos al cooperar con el narcotráfico a través de crímenes de cuello blanco. ¡Pues bienvenidos a la realidad! El lavado es un crimen que nos daña a nosotros y a los colombianos. SEMANA: Pasemos a otro tema candente: la participación de las tropas estadounidenses en la guerra contrainsurgente colombiana y más exactamente en el Plan Patriota. ¿Se teme que se estén involucrando demasiado cerca a los combates? W.W.: En las raíces de la operación de captura de la guerrillera Sonia hubo equipo y entrenamiento militar de Estados Unidos. Hay militares nuestros en los cuarteles prestando consejo técnico a los generales colombianos en la planificación de la logística y un poco en la táctica. Como el Congreso en 2002 nos dio permiso de usar los recursos antinarcóticos para propósitos antiterroristas, esto tiene un impacto concreto. Con frecuencia les hemos prestado a las Fuerzas Militares colombianas helicópteros que todavía pertenecen a Estados Unidos y se usan en operaciones de fumigación. Así, entre el 19 de marzo y el 18 de abril le prestamos al Plan Patriota más de 100 horas de vuelo de helicópteros. Para la Operación Dignidad, prestamos más de 160 de horas de vuelo para transportar tropa. Entre estas dos trasladamos más de 1.000 soldados y 58.000 libras de equipo. Pero los pilotos son colombianos. No participamos en combate, en ningún sentido, ni vamos a donde haya mayor posibilidad de combate. Nuestro papel siempre es subordinado. Estamos entrenando y prestando equipos, pero la estrategia, la táctica, las decisiones, el esfuerzo son colombianos. SEMANA: El Estado colombiano no controla grandes territorios, lo que deja vacíos propicios para refugio de terroristas, que ustedes han identificado como amenazas a su seguridad en todo el mundo. ¿Estarían por ello dispuestos a enviar tropas a Colombia, como tanto se especula? W.W.: No tenemos ningún plan, ni intención de enviar tropas. Y no vemos ninguna necesidad. Colombia, a juicio nuestro, tiene la capacidad de resolver, con un poco de ayuda, sus propios problemas. Esta es la base fundamental de nuestra ayuda. Nos estamos aliando con un equipo ganador. Ahora bien, ese control territorial no puede ser solo con presencia de fuerza pública, tiene que haber población, actividad económica, etc., para que no haya esos vacíos peligrosos. SEMANA: La ayuda estadounidense para el Plan Colombia termina en 2005. ¿Qué va a pasar después, seguirá estando en los mismos niveles altos? ¿Y también si gana Kerry las elecciones en Estados Unidos? W.W.: La consolidación del Plan Colombia, es decir, la fase que sigue a la actual, va a gozar del mismo apoyo nuestro de los primeros cinco años. La visita del presidente Uribe a Washington en marzo pasado fue exitosísima y comprobó que sigue el consenso bipartidista para extender la ayuda. Nuestro apoyo a Colombia se basa en la conjunción de nuestras metas y valores, y mientras siga el gobierno colombiano con las metas y valores del gobierno Uribe, vamos a responder con altos niveles de ayuda. SEMANA: ¿Usted es amigo de la reelección de Uribe? W.W.: No tenemos ninguna posición al respecto. En Estados Unidos conocemos todos los argumentos en favor y en contra de la reelección; la tenemos a nivel presidencial, la tenemos opcional para gobernador en los diversos estados. Repito, la relación de Estados Unidos con el gobierno Uribe se basa en unos objetivos, metas y valores comunes, lo que no quiere decir que no las podamos tener con otro gobierno. SEMANA: ¿Esa cooperación especial política de seguridad de Colombia con Estados Unidos puede ser una palanca útil para Colombia en las negociaciones del TLC que arrancarán el 18 de mayo? W.W.: El equipo negociador colombiano tiene la capacidad intelectual y el alto nivel de entrenamiento para hacer un gran trabajo. Colombia tiene que confiar en sí misma. Hay todavía obstáculos en Colombia para que las empresas puedan competir. Por ejemplo, aquí toma 70 días abrir una empresa, mientras que en Estados Unidos toma cuatro. Aquí hay problemas de financiación a las buenas ideas. Si Bill Gates hubiera sido colombiano quizá no existiría Microsoft. Eso quiere decir que hoy en una escuela o universidad o garaje puede haber un Gates colombiano esperando la oportunidad. Por eso si se analiza el impacto del TLC no tanto sobre los sectores que ya existen, sino sobre las iniciativas nuevas en sectores nuevos, se puede ver como una enorme ventana de oportunidades. La capacidad colombiana para la iniciativa empresarial es enorme; tienen el talento, la disciplina, sólo les falta más fe en sí mismos.

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