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| 7/26/2014 4:00:00 PM

Los policías que se hicieron con la guaca de Los Urabeños

Esta historia, que ya parece de película, ha dejado tres muertos, 330 millones de pesos incautados en la casa de un policía y 660 millones embolatados de una guaca de más de 10.000 millones de pesos.

En medio de la penumbra y del ladrido de un perro que se escuchaba merodear por la finca, el patrullero Morelos se topó de frente con su compañero Ever Martínez Valencia, un policía nacido en el bajo Baudó chocoano que a esa hora se confundía con las sombras.

Pese a que un agente del Comando de Operaciones Especiales (Copes) les había advertido a los patrulleros que no podían estar ahí, ambos siguieron caminando hacia una caballeriza donde apareció la silueta del teniente William Camilo Medina Vega, quien ese día, 4 de marzo de 2014, ejercía como comandante de la Estación de Policía de Barbosa, Antioquia.

Reunidos en círculo, uno de ellos se agachó, prendió una linterna y enfocó un paquete recién salido del lodo. “Miren lo que me encontré”, dijo, mostrando una bolsa plástica en la que se veían tres fajos de billetes de 50.000 pesos.

Ni el teniente Medina, ni Yeison Morelos ni Martínez tenían autorización para estar a esa hora dentro de la finca Popalito, un predio distante 15 minutos del municipio de Barbosa, a media hora de Medellín, donde el Copes y la Fiscalía 27 adscrita a la Unidad Nacional Contra las Bandas Emergentes llevaban a cabo un allanamiento.

Como policías de vigilancia de la Estación de Barbosa, el teniente y los patrulleros tenían como única misión prestar apoyo a las afueras de la finca. Nada más. El operativo había sido ordenado por la fiscal Claudia Carrasquilla, luego de que una fuente humana le dijo que en aquellos terrenos se ocultaban diez caletas con plata que había escondido Juan de Dios Úsuga Davida, alias Giovanny, máximo líder de Los Urabeños, un hombre que fue dado de baja por la Policía el 31 de diciembre de 2012, en medio de una parranda.

El Copes había llegado a la finca a eso de las 9:30 de la noche. Las luces estaban apagadas. Cuatro hombres que estaban en un quiosco alrededor de una mesa de billar empacaban billetes dentro de una llanta. Fueron capturados en el acto. Se identificaron como Libardo Humberto Zapata, Orlando Gómez, José Urrego y Víctor Úsuga, hijo de alias Giovanny y sobrino de Dairo Antonio Úsuga David, hoy en día la cabeza de la organización.

Para desenterrar las caletas, la Fiscalía tuvo que pedirle a la Alcaldía de Medellín una retroexcavadora. Solo así fueron emergiendo, con el paso de las horas, lo que parecía un tesoro codiciado. Mientras la máquina más hurgaba la tierra, más iban apareciendo cantinas de leche dentro de las cuales había paquetes de a 30 millones de pesos sellados y marcados con una fecha.

En el operativo finalmente se incautaron 10.000 millones de pesos. La diligencia estaba resultando un éxito, salvo por el comportamiento extraño que comenzaron a evidenciar los policías de Barbosa, esto es, Medina, Morelos, Martínez y tres agentes más que se unieron al corrillo: René Mazo Correa, Pablo Roa Cabarcas y el subintendente Luis Alberto Páez Camargo.

En una cámara de seguridad puesta a la salida del portón de Popalito se ve que, a las diez de la noche, sale a toda prisa la camioneta de la Policía de Barbosa, junto con dos motos detrás. Varios compañeros de la misma estación, que esperaban afuera, no entendían por qué el teniente Medina abandonaba la misión. Incluso, un patrullero de apellido Ludueña, que había llegado en la misma moto con Mazo, alcanzó a gritar: “¡Ey!, ¿me van a dejar tirado?”

Pese a que el recorrido entre la parcelación y la Estación de Policía de Barbosa es de 15 minutos aproximadamente, solo una hora después vieron regresar a Medina, seguido de Morelos, Martínez, Mazo y el resto, según declararon ante la fiscal Carrasquilla varios de los uniformados de Barbosa.

Pero, ¿qué ocurrió durante ese lapso? Otra cámara instalada en el pueblo grabó una escena clave para develar el misterio. Antes de llegar a la estación, la camioneta policial se detuvo en la calle 17 con carrera 10, justo donde vive el patrullero Morelos. En las imágenes es posible ver a unos uniformados que, sin el mayor misterio, entran y salen de la casa. En una de esas, varios cargan lo que parece ser una bolsa pesada.

La pregunta que sigue es, ¿cuánto dinero se perdió? Según lo denunció la fiscal Carrasquilla en una audiencia ante un juez de Antioquia, del allanamiento desapareció una de las cantinas de leche, con 1.100 millones de pesos adentro, de acuerdo al cálculo inicial del informante. Pero incluso podría ser más.

A partir de la denuncia, han comenzado a ocurrir hechos extraños, que cada vez más toman tintes de tragedia. Una semana después del allanamiento, apareció muerto el vigilante que la noche del 4 de marzo cuidaba la entrada de la propiedad de los Úsuga. Y hace 20 días, como ya fue denunciado por la misma Fiscalía, muy cerca del mismo predio fueron encontrados otros dos cadáveres: el de una mujer que trabajaba como administradora de las parcelas de Popalito, y el de un hombre que cumplía allí labores de fontanero. A la Fiscalía han llegado también testimonios de personas que dicen haber visto movimientos de retroexcavadoras en fincas cercanas, dando la impresión de que andan buscando desesperadamente más caletas.

Desde diciembre del año pasado hasta la fecha, la Fiscalía 27, en coordinación con la Policía, le ha incautado al Clan Úsuga cerca de 17.000 millones de pesos en allanamientos en Medellín; La Ceja, Antioquia; y Sampués, Sucre. Solo en la finca de La Ceja, que era de propiedad de Nini Johana Úsuga, hermana de Giovanny y Otoniel, encontraron 1.100 millones. En todos los casos el común denominador son las cantinas de leche y las bolsas empacadas al vacío, con fajos de billetes de a 30 millones.

Sin embargo, para los investigadores esa es apenas la mínima parte. “En este momento Otoniel es el narcotraficante más poderoso en el país, pues controla todas las rutas del narcotráfico en Urabá, parte del Pacífico y la costa Atlántica”, dice un funcionario de la Fiscalía. El poder corruptor de este hombre quedó en evidencia la vez que Nini Johana, a quien también le dicen la Negra, salió tranquilamente de la cárcel de El Pedregal, de Medellín, donde estaba detenida. El día en que fue recapturada en Armenia le dijo a un fiscal: “Yo no tuve que hacer nada. Simplemente fueron por mí con una boleta de salida y ya”.

El 15 de junio pasado, a las 9:20 de la mañana, les cayó la ley a los policías de la Estación de Barbosa, implicados en el robo de la cantina con billetes. Ya todos habían sido trasladados a unidades distintas, mientras avanzaba la investigación. Al único al que no fue posible capturar fue al patrullero René Mazo Correa, quien a las siete de la mañana de ese día no se presentó a formar en la subestación de Policía de Palmitas, a las afueras de Medellín. Alguien, o al menos esa es la tesis de la Fiscalía, lo alertó.

La misma fiscal Carrasquilla, que ha estado detrás de las incautaciones a los Úsuga, llevó a los policías a juicio como presuntos autores de los delitos de peculado por apropiación y prevaricato por omisión. Una de las pruebas que la funcionaria descubrió ante el juez fue el relato de lo que ocurrió un par de horas después del operativo en la finca de Popalito.

Advertidos del posible robo y del comportamiento extraño de los policías, una capitana que había liderado la avanzada en la finca de los Úsuga solicitó una orden de allanamiento al apartamento de Morelos. Cuando entraron, el patrullero estaba acostado en su cama, viendo la televisión. Luego de requisar varios rincones, la oficial se quedó mirando la parte superior del clóset y fue entonces cuando preguntó: “¿Puedo ver lo que hay allá arriba?”. “Claro que sí”, contestó Morelos.

En el hueco había una bolsa con paquetes de a 30 millones de pesos, que en total sumaban 330 millones.
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