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| 1/29/2017 12:00:00 AM

Los animales irrumpen en la agenda política

Varias razones explican por qué cada vez más políticos buscan acercarse a quienes ven en el cuidado de los animales un valor esencial de la sociedad.

El alcalde capitalino, Enrique Peñalosa, y su antecesor no están de acuerdo prácticamente en nada. Tienen visiones diferentes de la ciudad que han gobernado, y cada uno considera que la gestión del otro en Bogotá ha sido un desastre. Su enfrentamiento llega a tal punto que después de los desmanes del domingo pasado en medio de las manifestaciones de los animalistas contra las corridas, el alcalde acusó a Petro de incitar las agresiones contra los taurinos. A su vez, este último insistió en que Peñalosa permitió de nuevo las corridas al abrir, por orden de la Corte Constitucional, una plaza que estuvo cerrada durante años.

Pero con las protestas, alcalde y exalcalde coincidieron por primera vez en ponerse la camiseta antitaurina: Petro lanzando arengas afuera de la Santamaría y Peñalosa vestido con una camisa con el texto “#BogotáMejorSinToreo”. Sorprende, además de la coincidencia, que las posiciones de ambos mandatarios hayan cambiado. Según reveló Semana.com, cuando Petro era representante a la Cámara en 2004 votó la ley para reglamentar la fiesta brava en el país y en 2000, durante su primera alcaldía, Peñalosa condecoró al presidente de la Corporación Taurina de Bogotá, Felipe Negret.

Pero las manifestaciones contra los toros trascendieron lo local. El miércoles de la semana pasada el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, anunció que el gobierno presentará al Congreso un proyecto de ley para prohibir las corridas. ¿Por qué lo hará en esta coyuntura? ¿Qué explica que con la primera corrida aparezcan tantos políticos en escena?

Los expertos en marketing político aseguran que durante los últimos diez años la voz de los animalistas ha tomado especial fuerza en Colombia. Por cuenta de ello, los estrategas de comunicaciones recomiendan a los candidatos no asistir a eventos con animales, incluir propuestas concretas sobre los mismos en sus planes de gobierno y comprar una mascota antes de comenzar a hacer campaña. Así como en Estados Unidos Sunny y Bo –los perros de los Obama– fueron celebridades, en Colombia se hizo popular Mao Referendo, el pug de Álvaro Uribe conocido cuando el expresidente publicó en Instagram su foto con la leyenda “Dime cómo eres con los animales y te diré quién eres”. En las redes también han circulado las fotos de Bacatá, la perrita adoptada por Petro; Liévano, el callejero que acompañó a David Luna en su campaña por la Alcaldía, y Mancho, el perro que hace pocos días acompaña al vicepresidente Vargas Lleras.

“La conexión de los políticos con la causa animal es reciente. Independientemente de que les importen o no, es rentable mostrar conexión con ellos sobre todo para cautivar electores jóvenes”, asegura el especialista en comunicación política Germán Medina. Con él coincide el publicista Francisco Samper, para quien el discurso sobre los animales siempre es rentable porque suelen inspirar ternura, pasión y compañía. No en vano, junto con las historias de viajes, matrimonios y bebés, las de animales se encuentran entre las más leídas en las redes sociales.

En Colombia, la sensibilidad social y política frente a los animales se ve influenciada por los altos índices de posesión de mascotas. Según la encuesta Polimétrica de Cifras y Conceptos, que le hace seguimiento al tema, el 42 por ciento de los habitantes urbanos del país tienen un animal en su casa, el 76 de ellos tiene perro y el 24 restante un gato. Exceptuando a México, en donde el 80 por ciento tiene una mascota, esta cifra es alta comparada con los otros países de América Latina, en donde, en promedio, tres de cada diez personas tienen un animal en la casa.

Otro elemento que explica la creciente incidencia de los animales en la política es la fuerza que han tomado los animalistas en las redes sociales. Aunque no están organizados en un solo movimiento y cuentan con el apoyo de ciudadanos espontáneos, la dinámica exponencial y emocional propia de las redes les ha generado una mayor exposición. La velocidad con que se viralizan las fotos de animales perdidos y las denuncias de maltrato dejan ver que despiertan pasiones fácilmente traducibles a la política.

A lo anterior se suma que las protestas animalistas encajan con el malestar antiestablecimiento generalizado en el mundo, que se traduce en enfrentamientos de clase y encuentra un terreno propicio en Facebook, Twitter y otros medios. En el caso de Bogotá, aunque el 65 por ciento de los asistentes a las corridas hacen parte de las llamadas peñas populares, buena parte de los manifestantes gritaban contra las clases altas. El mismo Petro señaló en Twitter que “las corridas de toros representan la esencia del poder y la historia de Colombia. Una diversión de una elite de poder con la muerte de los demás”.

Para el publicista Ángel Beccassino, este malestar contra las elites puede haberse agudizado en la capital por la baja popularidad de Peñalosa, quien, más allá de las órdenes judiciales para reabrir la plaza, es considerado parte del establecimiento. “Prohibir los toros se ha tomado como bandera para confrontar la administración, para que tome medidas contra una tradición cultural llena de cuestionamientos culturales y morales”, anota.

Por sí solo el movimiento animalista no ha puesto ningún congresista en Colombia, y la bancada animalista creada en 2015 en el Congreso ha generado más ruido que proyectos. No obstante, es claro que cada vez más políticos buscan acercarse a quienes ven en el cuidado de los animales un valor esencial de la sociedad. Lo importante es que, más allá de los réditos electorales que genere hablar en nombre de los animales, los políticos que respalden esta causa construyan políticas públicas coherentes y de largo plazo sobre el tema. De lo contrario, vaivenes jurídicos como los presentados frente a las corridas de toros en la capital solo generarán una mayor conflictividad social. 

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