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| 8/29/2017 9:33:00 AM

Las seis amenazas a la paz en el Cauca

En ese departamento se concentran con agudeza todos los problemas sociales considerados retos para el posconflicto, pero que recientemente amenazan con estallar y poner en vilo la pacificación de la región. ¿Por qué?

¿Qué tienen en común la quema de dos buses, un cultivo de caña y choques simultáneos entre indígenas, campesinos y la fuerza pública, combates a plena luz del día y atentados o amenazas contra líderes sociales? Que todo ello sucedió en tan solo un mes y en un mismo departamento: Cauca.

Desde hace dos meses, los caucanos vienen padeciendo, con mayor intensidad, los conflictos que hicieron de esa región una especie de pequeña Colombia, donde se concentran problemas por la propiedad de la tierra, cultivos ilícitos, bandas criminales, amenazas y muerte de líderes sociales.

El pasado 23 de agosto los caucanos sufrieron con rigor nuevos combates entre el Ejército y presuntos guerrilleros del ELN, en zona rural de Caloto. Esa misma semana, organizaciones de derechos humanos en Popayán denunciaron amenazas de muerte contra Mayerli Hurtado, integrante del Comité Ejecutivo de Estudiantes Universitarios de Colombia, FEU.

El 27 de julio pasado el expresidente y senador Álvaro Uribe puso un punto de desavenencia con las comunidades indígenas en su lucha por la tierra. Sucedió en Popayán, donde Uribe presentó a sus aspirantes presidenciales en un foro denominado: Tierra, propiedad y minería ilegal. Allí el exmandatario aseguró que su candidato propondrá una política de tierras basada en tres elementos, “apoyo a los productores; cero invasiones y no más ampliación de resguardos”.

Dos días después un grupo de nativos respondieron ocupando por la fuerza dos haciendas en Caloto y enfrentándose al Esmad; en esos disturbios dos buses y un sembrado de caña de azúcar fueron quemados.

Esa acción generó el rechazo de diversos gremios como Asocaña, la Andi y la SAC y hasta una directriz de Miguel Samper, titular de la Agencia Nacional de Tierras, en la que ordena no comprar tierras para las comunidades “(…) en aquellos casos en los que haya sospecha de que se podrían configurar situaciones irregulares como invasiones u ocupaciones de hecho”.

Ese mismo día, pero en Cajibío, cientos de uniformados del Ejército se enfrentaban a campesinos enfurecidos porque les guadañaron sus matas de coca. La razón de la ira surgió porque ellos aseguran que ya habían firmado compromisos para el programa de sustitución voluntaria.

Esas escenas parecerían aisladas, pero la realidad es que en el Cauca se cocinan varias ´bombas sociales´ que podrían estallar y poner en riesgo la pacificación de una de las regiones del país más golpeadas por el conflicto armado.

La razón es simple. En Cauca casi la mitad de su población está constituida por minorías étnicas como indígenas y negros. De hecho, es de las pocas zonas donde la tierra se distribuye en minifundios y no en latifundios, como sucede en el resto del país.

Es justamente en ese departamento donde nacieron y se consolidaron grupos revolucionarios como el Quintín Lame, la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, el Partido Revolucionario de los Trabajadores, PRT y el mismo M19; recientemente era uno de los fortines de las Farc y ahora lo es del ELN.

Dicho en otras palabras, en esa región del país es donde se pondrán a prueba los retos del posconflicto en la erradicación de media docena de plagas que lo afectan.

1.    Líderes en la mira

La estela de violencia contra líderes sociales y defensores de derechos humanos en esa región del país es alarmante. En 2016 fueron asesinados 117 líderes sociales en toda Colombia y 43 de ellos ocurrieron en Cauca. Y este año la cifra ya asciende a 15 crímenes. Por todo ello, el departamento está entre los cinco con mayores homicidios de líderes, después de Antioquia y Norte de Santander.

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Deivi Hurtado, coordinador de derechos humanos del movimiento Marcha Patriótica en el suroccidente colombiano argumentó que buena parte de esos crímenes tendrían origen ante la llegada de nuevos grupos armados ilegales que buscan hacerse al control territorial.

2. Los nuevos grupos

Según el más reciente informe de Indepaz, en el Cauca hacen presencia tres grupos narcoparamilitares que delinquen en 30 municipios. De acuerdo con el estudio allí tienen influencia el Clan del Golfo (13), Las Águilas Negras (11) y Los Rastrojos (6).

Pero especialmente en el norte del Cauca hay un cuarto grupo armado ilegal que llegó pisando fuerte y se autodenomina Patria Grande Ejército del Pueblo. Lo peculiar de este último es que según denuncias de los propios pobladores, intenta por la fuerza reclutar a los presidentes de JAC o líderes indígenas para que les ayuden a controlar a la comunidad.

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Frente a ese problema, fuentes del Ejército que pidieron anonimato, insisten en que esos delincuentes son los mismos reductos de las Farc que no se desmovilizaron y ahora portan otra escarapela.

3.    La lucha por la tierra

En Cauca viven 250.000 indígenas en 20 resguardos que suman 700.000 hectáreas de tierra; y otros 270.000 afrocolombianos en 42 consejos comunitarios en los que se les reconocen otras 700.000 hectáreas. O sea, esas etnias (indígenas y negros) ocupan el 40 por ciento de los 3 millones de hectáreas que conforman el Cauca.

En defensa de ellos hay que aclarar que buena parte de esa tierra corresponde a áreas de conservación ambiental y alegan que por eso tienen un déficit de 20.000 hectáreas para sembrar comida. De ahí surgió lo que los indígenas denominan la “minga por la recuperación de la madre tierra”, que son ocupaciones de haciendas que consideran les pertenecen ancestralmente.

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Desde 2008 los indígenas vienen ocupando 18 predios que suman apenas 2.997 hectáreas y que desde 2015 a la fecha ya dejan pérdidas cercanas a los 19.000 millones de pesos. El meollo del asunto es que esas tierras del norte del Cauca son las más productivas, pues allí están asentados un parque industrial, tres zonas francas y hay sembradas 90.000 hectáreas con caña.

Para los nativos se volvió un punto de honor recuperar esas tierras, porque según ellos “están manchadas con sangre indígena”, explicó Aida Quilcué, vocera de Derechos Humanos de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca.

4.    Minería criminal

Basta decir que de los 42 municipios que tiene Cauca, en 38 de ellos se realiza alguna actividad de explotación de oro y solo cinco lo hacen de manera legal. Y si a ese dato le agregamos que según cifras de la Fiscalía, en ese departamento el mercado negro mueve en promedio siete toneladas de oro, se entiende la magnitud del problema.

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El mayor beneficiario por ahora es el ELN, que es el que controla esas zonas de explotación. Pese a ello, desde 2015 las autoridades han propinado duros golpes “que ya suman la destrucción de 150 retroexcavadoras y la captura de 40 personas”, dijo Raúl González, director de Fiscalía en esa zona del país. Además, investigadores de la entidad detectaron una sorprendente migración de mineros antioqueños y sospechan que minas inactivas de esa región del país están lavando el oro ilegal que extraen en Cauca.

5.   Cultivos ilícitos

Al igual que en Nariño, en este departamento existe un municipio que es el campeón en expansión de cultivos ilícitos: se trata de Argelia, un poblado tan pequeño que allí solo viven 12.000 personas y está ubicado a cuatro horas de Popayán y con rutas de acceso al mar Pacífico.

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La realidad es que en Cauca se cultiva el 9 por ciento de la coca que florece en Colombia, es decir 12.595 hectáreas y esa mata está presente en 22 municipios. Ni hablar de los cultivos de amapola que suman 162 hectáreas y los de marihuana que crecen en los invernaderos del norte del departamento con sus variedades tan reconocidas como Cripy y Punto Rojo.

6. Narcotráfico

Un investigador de la Fiscalía que pidió anonimato resumió el problema del narcotráfico de la siguiente manera: son tantos los laboratorios que monta la mafia en esa región, especialmente en Argelia, que “en ese municipio donde casi no circulan carros, existen 18 estaciones para la venta de gasolina y la mayoría en zona rural; y en solo un operativo incautamos 200 bultos de cemento”.

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Para las autoridades, es evidente que el desarme de las Farc y en especial el frente 60 que delinquía en esa zona dejó espacios que hoy se pelean grupos con nexos con carteles mejicanos como Los Zeta y Sinaloa. Si bien no se puede hablar de un gran capo que maneje el negocio, hay un boom de baby narcos que intentan ganar respeto y control territorial.

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