Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1993/10/25 00:00

Los prostitutos

Bogotá se está convirtiendo en uno de los principales centros mundiales de prostitución masculina. Las cifras reveladas por las autoridades son alarmantes

Los prostitutos

LOS SABADOS EN LA NOche, Leonardo Rangel, propietario y administrador de V.I.P. Club, establecimiento ubicado en el sector de Chapinero, en Bogotá, recibe una decena de llamadas de clientes masculinos y femeninos que piden los servicios de los prostitutos de la casa.
Un buen número de solicitantes son hombres. Pero, aunque suene extraño, los mayores y mejores clientes del lugar son las mujeres."Aquí hay para todos los gustos: hombres-hombres, mujeres y travestidos -dijo Rangel a SEMANA-. Y también hay clientes para todo sellos. Sino hubiera clientela, no habría a quién prestarle el servicio. Es lo mismo que pasa con la droga: hay oferta porque hay demanda".
A través de las llamadas telefónicas los clientes solicitan un servicio a domicilio. Pero no todo el servicio se presta en la casa de los clientes. Una veintena de ellos también llega al local los fines de semana para ser atendidos por los prostitutos de V.I.P Club. Por lo general se trata de matrimonios jóvenes, mujeres solas o acompañadas por otra, y hombres solos. Una que otra vez llega un señor de edad solicitando "un show especial para mí".
El servicio de la casa incluye masajes, licor y el alquiler de una habitación en 20 mil pesos la hora. El cliente debe pagar al prostituto una suma no inferior a 30 mil pesos, pero, a veces, alcanza hasta 200 mil y 300 mil pesos -depende de la generosidad del solicitante y de las atenciones que reciba-. Ese dinero va a parar, en su totalidad, al bolsillo del prostituto, quien no está obligado a hacer ningun aporte al establecimiento. El negocio del local está principalmente en la venta de licor y comida.
Entre tanto, estos nuevos efebos perciben sumas de dinero tan altas que se retiran del oficio dos o tres años después de haberse iniciado. Una de las razones es que se trata de una profesión de muy corta vida, cuya rentabilidad es inversamente proporcional a la edad (ver recuadro). No obstante, el retiro de un joven mancebo no produce un trauma para el prostíbulo. Según afirma Leonardo Rangel, él recibe todos los días numerosas llamadas y atiende a muchos aspirantes que golpean la puerta de la casa solicitando empleo. "Lo que pasa es que no cumplen los requisitos: deben ser jóvenes, bellos, solteros, educados-bachilleres como mínimo-, y, sobre todo, muy reservados", dice.
Los mismos requisitos deben cumplir aquellos jóvenes que trabajan para la casa, pero no residen en ella. Son universitarios o profesionales que incrementan sustancialmente sus ingresos trabajando como prostitutos en su tiempo libre. Llevan una vida normal y, por lo general, sus parientes ignoran sus actividades licenciosas. "Aquí tengo una hoja de vidade todos ellos -agrega Rangel-. Los enviamos a las casas donde solicitan el servicio, de acuerdo con las exigencias de los clientes. Los tenemos de mil variedades. Es difícil que un cliente solicite un prostituto que nosotros no estemos en condiciones de proporcionar. Esta es una profesión como cualquiera otra, que se practica por dinero, pero también por placer".

DE SUR A NORTE
Si el club gerenciado por Rangel podría considerarse muy selecto -está registrado ante la Cámara de Comercio y recibe visitas semanales de la Secretaría de Salud, que supervigila sus condiciones sanitarias-, en la capital hay varios establecimientos como este. Lo cual demuestra cómo Bogotá ha empezado a derribar poco a poco el muro que se había levantado en torno a la prostitución masculina. Tan así es que, aunque no hay cifras concretas, de acuerdo con los expertos la ciudad se ha convertido, en los últimos cinco años, en la segunda de América Latina donde más se ejerce este oficio, después de Rio de Janeiro.
Buena parte de los sitios donde se práctica la prostitución masculina se camuflan en los avisos clasificados de los periódicos, que cada día ocupan más espacio, como salas de masajes, centros de striptease y baños turcos. Sin embargo, lo que realmente llama la atención de las autoridades es que el boom de la prostitución masculina se presente en una ciudad relativamente tradicional como Bogotá.
Pero mucho más sorprendente es que este fenómeno se viva en momentos en que el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) amenaza con disparar todas las estadísticas debido, entre otras cosas, a la alarmante promiscuidad sexual. Pese a todo, se sabe que en Medellín, Cali y Barranquilla también empieza a incrementarse el número de prostitutos.
Según estudios de la Alcaldía Mayor de Bogotá y del Ministerio de Salud, la ciudad se encuentra dividida en tres grandes zonas donde se ejerce la prostitución masculina. La primera es la llamada zona centro, situada entre la avenida 19 y el Parque Nacional. Allí, cerca de 150 hombres, muchos de los cuales son niños, ejercen la prostitución (ver recuadro). La prestación del servicio no sobrepasa los 15 mil pesos, de los cuales cinco mil se destinan para pagar el alquiler de una hora de una habitación en una de las residencias del sector.
La segunda zona comprende de la calle 32 hasta la Avenida Chile. En ella abundan los centros nocturnos, saunas, burdeles y salas de masaje que, en algunos casos, sirven para disfrazar la verdadera actividad del negocio. A diferencia de la zona centro donde los prostitutos son en su mayoría menores de edad, en esta los efebos son jóvenes de más de 18 años, muchos de los cuales acaban de graduarse de bachilleres y se encuentran desempleados.
El tercer sector es el comprendido entre la calle 72 y toda la carrera 15 hacia el nororiente. De todas las zonas es la más exclusiva. Las tarifas de los prostitutos son del orden de 100 y 150 mil pesos.
Pese a que no todos los prostitutos son homosexuales -la mayoría son hombres de pelo en pecho que prestan un servicio por placer y cobran por ello-, algunas veces deben acceder a tener relaciones con otros hombres, en especial por la buena paga que reciben: "A mí me gustan las viejas, pero a veces me le tengo que medir a un hombre porque me paga un buen billete y funciono igual", dijo a SEMANA Julián, un prostituto que trabaja en el norte de la ciudad. Como casi todos los prostitutos de la zona, Julián prefiere mantener en secreto su verdadera identidad: "Lo malo no es que yo sea prostituto, lo malo es que mi familia y mis amigos se enteren ".

UN FENOMENO SOCIAL Un grupo de sociólogos, consultores del Ministerio de Salud, coincide en afirmar que el de origen de este fenómeno, al igual que el de la prostitución femenina, hay que buscarlo en el núcleo familiar que, de ordinario, está determinado por la violencia del padre hacia la madre. En otros casos desempeña un papel importante la figura de un padrastro que agrede física y sexualmente a los menores. Ese ambiente hostil lleva a los menores a abandonar el hogar.

"La prostitución masculina, al igual que la prostitución femenina hay que empezar a considerarla como un problema social de inimaginables consecuencias", dijo a SEMANA un experto de la Cámara de Comercio de Bogotá, una de las entidades que más se ha preocupado por el fenómeno y que, en la actualidad, prepara un interesante estudio sobre el tema en la capital de la República.
Una de las cosas que los especialistas consideran preocupante es el incremento de los llamados "reservados" en Bogotá, sitios que se emplean tanto para la prostitución femenina como la masculina. "Son lugares de difícil acceso -revela la investigación de la Cámara de Comercio de la capital-. Algunos tienen la apariencia de vivienda familiar o de clubes estrictamente privados donde sólo pueden entrar sus socios. En algunos casos las prostitutas o los prostitutos viven en el lugar, y en otros acuden a él después de concertar una cita previa. Hay varios de ellos que sólo permiten el acceso de sus clientes afiliados, quienes, para ingresar, necesitan la presentación de un socio nuevo. Estos reservados ofrecen diferentes servicios: telefónicos, videos de películas pornográficas y masajes ".
Expertos consultados por SEMANA consideran que lo peor que puede hacer la sociedad, en lo que tiene que ver con el fenómeno de la prostitución masculina, es ignorarla o pensar que la sola represión es suficiente para combatirla. Entre las soluciones que proponen está reconocer la existencia y la magnitud del problema y, si es preciso, restablecer en la ciudad las zonas de tolerancia. En ello también coinciden con los estudios realizados por la Cámara de Comercio sobre la prostitución femenina en la ciudad.
El tema no deja de ser delicado, inclusive, para aquellas personas expertas en prostitución. Uno de los consultores del Ministerio de Salud dijo que "se trata de un fenómeno social que se reproduce cada día más precisamente por la censura que lo rodea, por la estigmatización social y la demanda creciente del servicio. A ello se suma la necesidad económica de los jóvenes prostitutos, que se inician en el oficio casi que obligados por las circunstancias. Pero, paradójicamente, dicho oficio termina por convertirse en una actividad rentable, sobre todo si logra abandonar las zonas más pobres de la ciudad, mejora su condición social y establece relaciones a un nivel mucho más exclusivo ".

DEBATE CALIENTE
Pero el destape de la prostitución masculina también deja sobre el tapete una polémica general entre liberados y tradicionalistas, así como entre los defensores de los valores morales y las buenas costumbres de la sociedad, que consideran la prostitución masculina como una aberración propia de degenerados, y los abanderados de una corriente de liberación sexual, que piensan que el país sigue siendo provinciano en su educación y su comportamiento sexual.
Por su parte, los prostitutos creen que serán aceptados por la sociedad dentro de algun tiempo. Uno de ellos, que trabaja en el norte de Bogotá, dijo a SEMANA: "Todas las personas son libres de comportarse como quieran, siempre y cuando no atenten contra las demás. Lo que hay que hacer es aprender a respetar a quienes piensen distinto a nosotros. Cada día aparecen parejas dispuestas a vivir nuevas experiencias. No son depravadas como piensan algunos; son parejas normales que se conocen tanto que expresan sus deseos sexuales sin ningún prejuicio. Lo que no podemos desconocer es que cada día la sociedad es más moderna y menos mojigata. En otros países la prostitución masculina es aceptada sin ningun problema y en Colombia también sucederá lo mismo en algún momento". Aunque parezca, la prostitución masculina no es un fenómeno de reciente aparición. Lo que sucede es que solo ahora empieza a salir de la clandestinidad.

" Yo soy prostituto "
"SOY PROSTITUTO POR GUS- to. La prostitución me sirve, además, para pagar mis estudios de publicidad, vivir independiente y muy bien en un apartamento de la ciudad. Mi oficio me sirve para conocer a muchas personas que me buscan para satisfacer sus necesidades sexuales y afectivas.
A pesar de mi juventud, tengo la suficiente capacidad para tener dominio sobre mi cuerpo. Hay gente a la que le ayudo a realizar sus fantasías, cuando no pueden hacerlo con su pareja, ya sea por temor o por timidez. A mi novia le gusta también experimentar, pero no es prostituta. Aunque resulte difícil de entender, la prostitución también me ha ayudado a ser más culto. Es mucha la cantidad de personas que un prostituto puede conocer. La relación con los clientes no debe ser sólo corporal, sino también afectiva. Si mañana me canso de este oficio, tengo el dinero suficiente para poder terminar mis estudios, aun cuando tengo que reconocer que ha sido la mejor experiencia de mi vida.
Trabajar en un establecimiento privado que controla al máximo la higiene corporal del trabajador como la del cliente me brinda mucha seguridad y me relaja en mi comportamiento. No le temo al sida: es mucho más fácil adquirirlo en la calle que aquí. No he pensado todavía en la posibilidad de tener hijos. Si llego a tenerlos, y uno de ellos decide ser prostituto, lo primero que le brindaría sería comprensión. No lo dejaría solo y le haría saber que siempre, no importan las circunstancias, siempre puede contar conmigo. Hay muchas personas que no aceptan este oficio, pero no me preocupa. Ese no es mi problema".


Prostitución infantil

ELMINISTERIO DE SALUD REAlizó un estudio sobre los jóvenes trabajadores sexuales. Las conclusiones son alarmantes: las edades de los menores oscilan entre los ocho y los 18 años. Los primeros casos de prostitución infantil fueron detectados en 1977 en los sectores de la calle 24 y la plazo leta de La Nieves, de Bogotá. También se denunciaron casos en el Parque Berrío y Junín, de Medellín la Avenida Sexta, de Cali; el Paseo Bolívar y la 72, de Barranquilla, y las cartageneras playas de Bocagrande, El Laguito y Marbella.
Entre 1985 y 1987 se presentaron los primeros homicidios de menores trabajadores sexuales por parte de otros grupos marginales, como los ladrones del centro de la ciudad.
El ingreso a la prostitución infantil se produce, por lo general, a través de un adulto que, a cambio de una paga, explota al menor y lo obliga a prostituirse. Un niño prostituto gana entre 2.000 y 2.500 pesos diarios.
En 1992 dos menores, trabajadores sexuales de Bogotá, murieron de sida. En exámenes realizados a 60 de ellos, 17 presentaron VDRL reactivo. De 14 que resultaron ser portadores del virus de hepatitis B, dos portaban el antígeno de superficie y cuatro también el VIH, o virus del sida. Del total de la población evaluada, ocho resultaron ser portadores del VIH. Las condiciones son, pues, inhumanas. Pero, pese a ello, los menores parecen resignados: "Si me da sida, pues... al fin y al cabo, peor de lo que estoy no puedo estar", dijo uno de ellos al ser consultado para el estudio.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.