Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2008/07/12 00:00

Los refuerzos

Con Jaime Bermúdez en la Cancillería y Fabio Valencia en Interior, Uribe se la juega con figura estratégicas para rematar con broche de oro su mandato.

Los refuerzos

Si en algún tema de su gobierno ha sido notoria la persistencia del presidente Álvaro Uribe es en el cambio de su gabinete. No le gusta cambiar a sus ministros por la convicción de que debe asegurar continuidad en las políticas; tampoco provoca revolcones por ir contra la corriente. No es sino que la prensa haga críticas sobre la gestión de un ministro para que de inmediato Uribe lo atornille al cargo: Y además, porque aunque sea difícil de creer, el Uribe de los pantalones bien amarrados es reticente a la hora de dejar ir a su gente.

Por eso es significativo que en menos de un mes, Uribe haya decidido hacer efectivo el cambio en dos ministerios fundamentales del gobierno. El del interior, al que llegó Fabio Valencia Cossio, y el de Relaciones Exteriores, al que se espera llegará en los próximos días el ex embajador en Argentina Jaime Bermúdez.

Los dos relevos eran necesarios para enfrentar los retos de la coyuntura.

Por un lado, la crisis en el Congreso desatada por la para-política tiene a prueba la fortaleza de la coalición de gobierno. Uribe apostó por una reforma política redactada por una comisión de notables que difícilmente tendrá el apoyo de la oposición.Y todo esto en el marco de un monumental choque institucional entre el Ejecutivo y la Corte Suprema.

Y por otro, los asuntos de la política exterior, en los que la turbulencia no es menor. Aún no se superan del todo las crisis en las relaciones con los vecinos Ecuador y Venezuela. Y con Estados Unidos sigue en veremos la aprobación del Tratado de Libre Comercio (TLC) y hay gran incertidumbre sobre las elecciones de noviembre y su impacto sobre Colombia.

En ambos casos, los dos ministros que estaban llevando las riendas tenían gastadas las pilas. Carlos Holguín alcanzó a frenar la reforma política que incluía la silla vacía, y con eso gastó los últimos cartuchos. Y el canciller Fernando Araújo, cumplió en su papel como ex secuestrado de las Farc ante el mundo, pero la emotividad de su drama no le alcanzó para capotear con éxito los momentos de crisis.

Estos dos nuevos ministros, uno ya posesionado y otro que arrancará en las próximas semanas, según dicen fuentes de la Casa Nariño, estaban pendientes de ser nombrados desde principios de año, pero su llegada al gabinete se había dilatado. Pese a que eran frecuentes los comentarios del mandatario ante su círculo cercano de colaboradores sobre la necesidad de hacer los cambios, las circunstancias no habían sido propicias para notificar a los salientes.

Valencia Cossio arrancó con pie de derecho. No ha dejado de ser protagonista ni un solo día desde que es ministro. Su acercamiento con las Cortes es por el momento su principal objetivo y poco a poco va controlando el nerviosismo que ha generado el tono en las relaciones de los dos poderes. Ya logró un primer acuerdo: el presidente Uribe visitará la Corte Suprema el lunes como un gesto de acercamiento.

No se puede afirmar que las aguas ya estén calmadas, pero al menos la alerta de desbordamiento cambió de rojo a naranja. Uribe, al parecer, desistiría del referendo para repetir la elección presidencial de 2006, y la Corte abrió con bombos y platillos la investigación de la Farc-política, que interesa sobremanera al gobierno.

A Valencia no lo asustan los complicaciones del poder y, con su experiencia de político y conciliador, le da confianza al Presidente para manejar la situación con la justicia. Sobre todo para asegurar que en estos dos años que quedan de gobierno no se acumulen más rencores con los magistrados, que generen acciones posteriores al final de su mandato. Según varias fuentes del gobierno consultadas por SEMANA, Uribe teme que de seguir las cosas como van, la justicia puede emprender un "desquite" cuando él salga de la Casa de Nariño.

Ahora bien, con Bermúdez al frente de la Cancillería, Uribe pone un hombre de su círculo más cercano -uribista purasangre- y de su entera confianza al mando la política exterior.

Esto también significa que el Presidente puede desentenderse de cualquier mala interpretación sobre su política ante el mundo. Jaime Bermúdez, quien conoce a Uribe desde cuando los dos estudiaron en Oxford y está con él desde la primera campaña presidencial, es uno de esos uribistas que tienen más clara la política de Uribe. No necesita leerse la cartilla para defender al gobierno en organismos internacionales, ni en reuniones bilaterales con cualquier gobierno del mundo, porque se la sabe al pie de la letra.

Bermúdez es un tipo pragmático que les sale pronto a los problemas y es juicioso y trabajador.

Además, Bermúdez no representa a ninguno de los partidos de la coalición en el gabinete, lo que le asegura independencia para manejar los nombramientos, y no pierde equilibrio entre las fuerzas políticas que lo respaldan. Bermúdez es un funcionario de Uribe y punto.

Llega al cargo en un momento singular para Colombia, gracias al exitoso rescate de los 15 rehenes en manos de la Farc. Pocas veces se ha hablado tanto y tan bien del gobierno por su acertado manejo de la operación. Existe una gran oportunidad para que Colombia potencie su política exterior en todos los flancos. Por un lado, Uribe acaba de anotarse en la región un golazo con la operación de rescate, lo que es visto como un triunfo de su modelo de seguridad. Uribe, el aliado número uno de Estados Unidos, puede reclamar sin complejos la consolidación de su política. Les será más difícil a los países asumir posturas blandas frente a la guerrilla o emprender aventuras humanitarias unilaterales después de que Uribe legitimó su estrategia. Bermúdez podría tener un escenario regional menos hostil que el que tuvo Araújo como canciller.

En Estados Unidos cayó muy bien la incruenta liberación de los tres ciudadanos norteamericanos. Los medios de ese país no han parado de resaltar la exitosa operación y de destacar el rol del gobierno de Washington en el fortalecimiento de las fuerzas militares y policiales de Colombia. Tanto los republicanos como los demócratas que apoyan el Plan Colombia, están felices. Bermúdez, el principal asesor de comunicaciones de Uribe en su primera administración, tiene la ventaja de conocer muy bien la dinámica de la política de Estados Unidos y mantiene buenas relaciones con la embajadora en Washington, Carolina Barco, y con el ministro de Comercio Exterior, Luis Guillermo Plata. Su principal reto será sacar adelante la aprobación del tormentoso TLC, que para Uribe es un dolor de cabeza permanente, y establecer eficaces relaciones con la administración que sucederá a la de George W. Bush en enero de 2009.

En Europa la situación hoy es color de rosa. Pese a que siguen algunas posiciones críticas en el Parlamento europeo y algunas ONG por temas de derechos humanos, lo cierto es que la liberación de Íngrid Betancourt le permite al gobierno llegar con la frente en alto al Viejo Continente.

Así las cosas, los refuerzos que el gobierno hace en su gabinete en el manejo de la política interna y la externa son también dos buenas noticias para el país. Era necesario tomar las riendas de la crisis institucional con un ministro mas activo, y también se necesitaba un aire nuevo en el manejo de las relaciones internacionales.

La pregunta que hay en el aire es si Valencia y Bermúdez llegaron para ayudar a Uribe a cerrar con broche de oro sus ocho años al frente del destino del país o si, en cambio, serán sus alfiles para buscar una nueva reelección.

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