Miércoles, 27 de agosto de 2014

Desde hace una década, las Fuerzas Militares y su presupuesto vienen creciendo de manera sostenida, con el argumento del enfrentamiento a la guerrilla.

| 2013/04/09 00:00

Los retos del postconflicto para los militares

Desde hace un año, un comité de oficiales retirados asesora al Comando General de las FF.MM. en el tema.

Un gran debate empieza a gestarse en Colombia: qué va pasar con la Fuerza Pública y cuál será su papel en caso de que se firme un acuerdo que ponga fin al conflicto armado con las guerrillas.


Desde hace cerca de un año, las Fuerzas Militares han venido buscando asesoría en la materia y un grupo de oficiales en retiro conforma un comité que trabaja en temas relacionados con los diálogos de paz y lo que se aproxima.  


Igualmente, se estaría creando un conciencia en el mando sobre la realidad de un postconflicto, situación que es vista por algunos oficiales con escepticismo, mientras otros apoyan la iniciativa con la que se está “vendiendo la idea en el interior de las Fuerzas Militares”. 


El tema será, con certeza, objeto de grandes debates en el futuro, que ya empiezan a darse. Las Fuerzas Militares de Colombia son de las más grandes del continente. Con la Policía, que tiene 163.000 miembros, tienen, 429.000 efectivos, 217.000 de ellos en el Ejército. La proporción del PIB invertida en Defensa es también de las más elevadas de la región. Todo ello, justificado por el combate a la guerrilla.


En caso de que se ponga fin al conflicto, ¿deben reducirse las Fuerzas Militares, en especial el Ejército? ¿En qué medida? ¿Cuál será el papel de la Policía y deberá seguir adscrita al Ministerio de Defensa? ¿Qué relación tiene esto con los retos que enfrentará la seguridad en el país, que se aboca a uno de los post conflictos más complejos y sembrados de amenazas a la paz? 


Desaparecidas las guerrillas en su estructura actual, quedarán las llamadas bandas criminales, que hasta ahora enfrenta la Policía, pero que, de aprobarse la ley estatutaria que amplía el fuero militar, podrían ser declaradas grupos armados en el futuro y, en consecuencia, podrían ser combatidas por los militares, con métodos de guerra. Tampoco es de descartar que haya eventuales disidencias de las Farc o el Eln que se nieguen a desmovilizarse. Y el negocio del narcotráfico, sin duda, continuará. 


Para el ex viceministro de Defensa Rafael Guarín, uno de los voceros más notorios del uribismo y del ala ‘dura’ de  los militares, más importante que la misma firma del acuerdo, son las condiciones en las que se desarrollará el postconflicto.


“Se ha pensado que se puede reducir el tamaño de la Fuerza pública, pero en realidad cuando se examina la situación de las amenazas de seguridad, aún en un escenario posterior a la desmovilización de las FARC, uno encuentra que son de diversa índole y que se necesita mantener un número muy importante de miembros de la Fuerza Pública”, indicó. 


El director de la corporación Nuevo Arco Iris, León Valencia, asegura, por el contrario, que es necesario darle un vuelco a la Fuerza Pública y allí cabe la posibilidad de que el número de sus integrantes sea menor. 


“Es necesaria un reestructuración, la cual inicia porque hay que seguramente disminuir el pie de fuerza de militares, por fortalecer algunas unidades de Policía y por desmilitarizar la Policía, para que pase a jugar más un papel de seguridad ciudadana”, aseguró. 


Valencia indica que hay que depurar la Fuerzas Militares de los sectores que han tenido alianzas con ilegales y que el esfuerzo que asumirán se dirigirá a controlar el crimen organizado, como es el caso de las bandas criminales y los paramilitares. 


“También frente a ellos (Fuerza Pública) habrá que tener unas condicionres dignas, una posición de reintegración y la forma de resolver los líos judiciales de los que hayan incurrido en la violación del derecho Internacional Humanitario dentro del conflicto”.


El narcotráfico seguirá vivo

Para John Marulanda, otro experto en temas de seguridad “la situación de seguridad en el país no va a mejorar, no precisamente por cuenta de las FARC, sino por cuenta del narcotráfico. Todos los indicadores no solamente en Colombia, sino en América Latina  apuntan a un agravamiento de la multinacional del narcotráfico (...) Esa nueva amenaza que ya enfrenta el país va a ser el principal problema de seguridad y eso obliga a que las Fuerzas Armadas no bajen la guardia ante un postconflicto”, indicó Marulanda.  


Jorge Restrepo, del Centro de Análisis del Conflicto, señala que debe haber una transformación profunda tanto de Fuerzas Militares como de la Policía y que estos deben pasar a cumplir funciones sociales y de vigilancia de las fronteras.


“No creo que sea opción la reducción; es muy probable que en Colombia se dé un aumento el gasto de seguridad de llegar a cerrar el conflicto que existe con las FARC y el ELN”, aseguró.


Restrepo indicó que es necesario no caer en dos errores graves como los que se han presentado en algunos países centroamericanos.


“Se ha invertido mucho como para pensar en cerrar nuestras Fuerzas Militares. Si bien se han cometido abusos a los Derechos Humanos no son tan serios como para pensar en el final. Tampoco podemos caer en incorporar a las Farc o al ELN a las fuerzas de seguridad del Estado, porque ellos sí han cometido violaciones graves y crímenes de guerra”, dijo. 


Hugo Acero, especialista en seguridad ciudadana, asegura que hay que reconocer que con la firma de un acuerdo de paz, seguramente muchos de los guerrilleros se querrán quedar con “el negocio” como es el caso del narcotráfico, la minería ilegal, el comercio de armas, el contrabando, la extorsión y el secuestro, lo que va ha hacer que se incrementen los problemas de violencia y delincuencia.


“Lo peor que puede suceder es que entremos a desmovilizar casi inmediatamente se firma el acuerdo a las Fuerzas Militares. Sería un error grande en un país donde después de las desmovilizaciones, muchas personas terminan en la delincuencia”, indicó. 


Militares a la expectativa

Como es lógico, los militares, por su parte, como todo cuerpo de este tipo en otras latitudes, tienden a resistir toda reforma que tienda a reducir su tamaño y su presupuesto y han señalado que tienen claro que su fuerza no se reducirán con la finalización del conflicto  y que vendrán diferentes etapas que se superarán a medida que avance el tiempo. 


En una reciente entrevista en El Tiempo, el general Alejandro Navas, comandante general de las Fuerzas Militares, expuso así su posición: “Todo tiene que ser regularizado y gradual, porque la paz plena no llega de tajo con la firma de un acuerdo. La situación y el tiempo les irán indicando a los gobiernos de turno sus necesidades estratégicas” (en materia de reducción de efectivos).


Por lo pronto, el proyecto de ampliación del fuero militar que cursa en el Congreso, incluye un artículo que contempla la posibilidad de declarar grupos armados a organizaciones como las Bacrim o a eventuales disidencias de las guerrillas en un proceso de paz, lo que daría la potestad a los militares de combatirlos. Esto ha sido señalado por algunos analistas como una forma de ‘blindar’ la necesidad de un ejército de las dimensiones del actual y de defender las ingentes sumas que se invierten en defensa, aun despues de finalizado el conflicto con las guerrillas.


La discusión apenas empieza. Y promete ser un debate que dividirá aguas en el país. Al fin y al cabo, desde hace una década, las Fuerzas Militares y su presupuesto vienen creciendo de manera sostenida, con el argumento del enfrentamiento a la guerrilla. Adaptarlas a las condiciones del postconflicto no será nada fácil.

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