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| 2/19/2002 12:00:00 AM

Los señores de los votos

Después del ‘boom’ de opinión de 1998 caras conocidas controlarán el nuevo Congreso que el país elegirá este 10 de marzo. ¿Quiénes se perfilan?, 49450

En marzo de 1998 la candidata independiente Ingrid Betancourt se convirtió en la estrella de las elecciones parlamentarias al obtener 158.184 sufragios con la bandera de la reforma política. En ese entonces, más caras nuevas que representantes de la política tradicional conformaron un exclusivo club de seis cabezas de lista con más de 100.000 votos cada una. En un escenario electoral tan fragmentado éstos calificaban como los reyes de los votos en el Congreso.

Después de Ingrid seguían Fabio Valencia Cossio, gran soporte electoral en Antioquia del entonces candidato Andrés Pastrana, y Carlos Moreno de Caro, la revelación electoral en los sectores populares de Bogotá. En cuarto lugar se encontraba Alfonso Angarita Baracaldo, un político liberal que había concentrado su actividad política en el sector de los pensionados del Estado. En último lugar estaban Samuel Moreno Rojas, heredero anapista con fuerte arraigo en Bogotá y Santander, y Rodrigo Rivera, joven político risaraldense considerado una de las mejores promesas de la renovación generacional de las toldas liberales.

Cuatro años después el club está prácticamente desmembrado y el 10 de marzo seguramente se encontrarán nuevas caras en esta élite de parlamentarios. Las dos votaciones más altas de ese entonces, Valencia Cossio e Ingrid, ni siquiera pusieron sus nombres a competir en esta ocasión. Luego de su famoso “cambiamos o nos cambian” como presidente del Congreso en la primera legislatura de la administración Pastrana, el gran elector de Antioquia se vinculó a las negociaciones de paz y terminó como embajador de Colombia en Roma. Fuerza Progresista, el movimiento de Valencia, llega con dos nombres en estas elecciones: el representante a la Cámara Benjamín Higuita y el ex alcalde de Medellín Juan Gómez Martínez.

Ingrid, por su parte, fracasó en su acuerdo con el presidente Andrés Pastrana para impulsar la reforma al sistema político; se separó de Margarita Londoño, el segundo renglón que logró elegir, y desarrolla una campaña presidencial con 0,2 por ciento de intención de voto y una imagen desfavorable que, según la Gran Encuesta de RCN, El Tiempo y SEMANA, subió 13 puntos entre septiembre del año pasado y enero de 2002. Su movimiento independiente, Oxígeno Verde, no presentó una sola lista al Senado que repita el éxito electoral de 1998 y cabe preguntarse a dónde se irán no sólo esos 150.000 votos sino los miles que se depositaron por otros candidatos de opinión como Edgar Perea, Sergio Cabrera o Carlos Alonso Lucio.

Sin las dos listas más votadas de 1998, ¿quiénes formarán el club de los más de 100.000 votos en la cita del 10 de marzo? Es necesario tener en cuenta varios factores para responder esta pregunta. En primer lugar, los resultados electorales de hace cuatro años son una base importante para partir ya que, en casos como el de Angarita, Moreno Rojas y Rivera, hay un trabajo político previo que lleva varias elecciones y que no responde a la volatilidad de la opinión. Todo lo contrario al destino de otros movimientos que duraron un suspiro. Como afirma el politólogo Francisco Gutiérrez, investigador del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Nacional, los políticos tratan de tener un pie en lo “presentable”, la opinión, y el otro en lo “representable”, la maquinaria. En muy contadas ocasiones, la sola opinión sirve para salir elegido, mucho menos para entrar al club de los 100.000.

En segundo lugar, las elecciones nacionales colombianas son, en realidad, una serie de elecciones locales. A pesar de la intención de la Asamblea Constituyente de 1991 de construir una circunscripción nacional para el Senado para estimular los liderazgos políticos en la mayor parte del país, las dinámicas regionales de apoyos y control de la burocracia marcan los desempeños en las urnas de la gran mayoría de los congresistas. En otras palabras, para tener luces sobre la fuerza electoral de un político hay que mirar cómo le fue en los comicios de octubre de 2000, en los cuales se eligieron alcaldes, gobernadores, concejales y diputados a las asambleas.

Fabio Valencia Cossio fue el gran derrotado puesto que perdió ante el liberalismo oficialista los dos premios mayores: la gobernación del departamento y la alcaldía de Medellín. Rodrigo Rivera tampoco resultó bien librado en su región. La representante a la Cámara María Isabel Mejía y otros grupos políticos han ganado espacio a costa del gran elector de Risaralda. El caso de Moreno de Caro es más curioso. Dejó su curul en el Senado para lanzarse a la Alcaldía de Bogotá. También abandonó esa aspiración, se lanzó al Concejo Distrital y logró un éxito rotundo: quedó de primero con 55.000 votos. Ahora quiere volver al Senado, y aunque es impredecible su futuro, los bandazos que ha dado pueden disminuirle los 125.000 votos que tuvo la vez pasada.

La otra cara de la moneda son Alfonso Angarita y Samuel Moreno Rojas. El primero, el senador de los pensionados ayudó a elegir a su hijo Darío Angarita al Concejo de Bogotá; puso de segundo renglón al senador Ricardo Losada y renunció al liberalismo para montar el Movimiento por la Seguridad Social. Mientras tanto en Bucaramanga, el hermano de Samuel Moreno, Iván, ganó la alcaldía de la quinta ciudad del país, lo que beneficiará el trabajo político del senador en Santander. Por su buen desempeño en las elecciones locales es muy probable que estos dos senadores se mantengan en el club de los pesos pesados en los próximos comicios.

El coctel del exito

Para los nuevos aspirantes o quienes buscan pasar de Cámara a Senado hay un coctel de tres factores que los pueden convertir en grandes electores: una buena imagen frente al electorado, un trabajo político previo y fuerza electoral en una región. Por tal razón un político como Antonio Navarro Wolff se constituye en un seguro señor de los votos para las elecciones de 2002. Navarro es un representante de la nueva actividad política desde las reformas electorales de la Constitución de 1991: cabeza de un movimiento propio, con experiencia ejecutiva exitosa en la Alcaldía de Pasto, crítico de los auxilios y juicioso seguidor de temas clave como la paz. En 1998 hizo parte del selecto grupo de los aspirantes con más de 100.000 votos y eso que no iba a Senado sino a Cámara por Bogotá. Todo ayuda a prever un exitoso salto al Senado.

Otros que no combinan todo el coctel, como los aspirantes al Senado Luis Alfredo Ramos y Rafael Pardo Rueda pueden, sin embargo, dar una sorpresa. El primero es carismático, estudioso y todavía hay quienes recuerdan su buena gestión en la Alcaldía de Medellín. El segundo, ex ministro de Defensa y consejero de Paz, no tiene trayectoria electoral pero sí buena imagen y se ha rodeado de un grupo de jóvenes políticos.

Si bien los tiempos de los antigu
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