Viernes, 31 de octubre de 2014

| 2013/03/23 14:00

Los siete males de una vía en Colombia

La carretera Buga-Buenaventura resume todos los males de la contratación de obras en Colombia.

Los invasores de predios hicieron su agosto en este proyecto vial. Algunas casas afectadas por los derrumbes siguen de pie y en riesgo de ser ocupadas de nuevo. Foto: Luis Ángel Murcia / Semana

Cuando el presidente Juan Manuel Santos fue a Buenaventura, hace tres semanas, tenía dos puntos en su agenda: inaugurar el dragado del puerto y entregar 560 casas gratis construidas con el dinero incautado a alias Chupeta. Sin embargo, en un momento dado, indignado, se salió del libreto y reveló que la vía Buga-Buenaventura es una vergüenza nacional. “Esta carretera ha sido la historia perfecta de algo mal hecho. Tiene un esquema de contratación realmente diabólico, absurdo, mal estructurado”. De paso, les dio a los lugareños la mala noticia de que esos 118 kilómetros que se construyen en doble calzada desde 2008, no serán entregados este año como estaba provisto, sino tal vez en 2014.


La denuncia del presidente no es de poca monta pues se trata de una vía estratégica del país. A través de ella se mueve el 50 por ciento de las exportaciones. En su intervención, Santos agregó: “Esta obra tiene distintos tipos de contratos y varios contratistas, unos buenos y otros malos”. Y se refiere a que esos 118 kilómetros de carretera están divididos en cinco contratos de obra y una concesión. La concesión (de un tramo de 48 kilómetros) se entregó a un plazo de 55 años, la de más larga duración de que se tenga conocimiento en el país. Y lo que es peor, hay siete kilómetros sin contratar entre Mediacanoa y Buga. ?El episodio se conoció porque causó un duro enfrentamiento, vía Twitter, entre el expresidente Álvaro Uribe y la ministra Álvarez, quien trabajó con él en la Casa de Nariño. Uribe alegó que esos contratos se adjudicaron en audiencias públicas y la ministra le recordó: “Pero no eran públicas las adiciones por 300 y 400 por ciento del valor de los contratos”. 


La verdad es que la vía Buga-Buenaventura, que pretende unir a Bogotá con el único puerto sobre el océano Pacífico, es el mejor ejemplo de lo que no se debe hacer en materia de contratación y es un compendio de todas las plagas que afectan al sector.


1) Precio mentiroso


Aunque en el país ha hecho carrera la estrategia de cobrar barato una obra en la licitación, para luego ‘ajustar’ el precio mediante adiciones, pocas veces ha sido tan evidente la estrategia como en este caso. Se firmaron cuatro contratos en 2007 para construir los primeros 48 kilómetros entre Buenaventura y Loboguerrero, que incluían doble calzada, puentes y túneles. El proyecto comenzó en 611.000 millones de pesos, la cuenta va en 1,1 billones de pesos y calculan que todavía faltan otros 250.000 millones, porque lo presupuestado solo ha cubierto 26 de los 48 kilómetros contratados.


2) Se rajó la planeación


Por increíble que parezca, este proyecto no contó con planeación. A estas alturas diez kilómetros de esa carretera aún no tienen licencia ambiental y tienen problemas con las comunidades afrocolombianas porque omitieron el paso de la consulta previa. La Corte Constitucional, en octubre de 2012, ordenó suspender las obras hasta que el proyecto se socialice con las comunidades indígenas y afro.


3) La lotería de los lotes


La doble calzada a Buenaventura se convirtió en un gran negocio de invasores. “Brotan comunidades de la tierra”, dicen los funcionarios de Invías. Cada que adquieren un predio aparece otro dueño. Se han presentado casos en los que un poseedor vende un terreno y a los pocos días aparece exigiendo que le compren en otro punto de la vía. También hay otros que son propietarios y se niegan a entregar el lote que ya el poseedor vendió. Veedores afirman que hay casas que se compraron dos o más veces. De los 980 predios en la vía falta adquirir 127. El problema se ha vuelto tan popular en la zona, que jocosamente hablan de la casa de los 100 millones de pesos refiriéndose a que hay varios que se han ganado la lotería.


4) Túneles debajo de la vía


Parte del trazado pasa por una gran reserva minera: la zona del río Dagua. En el corregimiento de Zaragoza se formaron asentamientos ilegales de mineros que, pese a la prohibición de explotación, se las ingenian para acceder al lecho del río y extraer el metal. Como en varios sectores la carretera bordea el río, ahora los mineros recurrieron a la idea de construir túneles para llegar al afluente, pero pasando por debajo de la vía, para no ser detectados por las autoridades. Ya se descubrieron 15 pasos que han afectado la estabilidad de la carretera en igual número de tramos y que causaron el hundimiento de la calzada. 


5) A paso de tortuga


La ministra Cecilia Álvarez dijo luego de su recorrido por esa carretera en febrero pasado: “Se veían más mineros en Zaragoza, que trabajadores en la vía”. Seis años después de firmarse el primer contrato, la obra sigue inconclusa. El proyecto se encuentra en un 50 por ciento y la fecha de entrega más cercana es 2016, cuando la inauguración de algunos tramos estaba prevista para 2012. Un informe del Observatorio de la Infraestructura en el Valle argumenta que las dificultades con los invasores de predios se debe a que no hay presencia del contratista. 


6) Un mico


Lo que el país no sabía es que esta carretera nació como una especie de mico y pasó de agache por más de seis años. Para estos 48 kilómetros de carretera no se abrió una nueva licitación sino que se hizo vía adición de una concesión (la 005) que venía operando desde 1997 y era el proyecto vial entre Valle y Cauca. Esta adición era la número 13 que se le hacía a ese proyecto y se aprobó el 9 de agosto de 2006, durante el gobierno de Álvaro Uribe. Resultó además curioso que esta adición avalaba una concesión dentro de otra concesión y que, como fórmula de pago de esa adición, se pactó extenderla 55 años. La concesión solo compromete una calzada y le deja al Estado la recuperación y el mantenimiento de la calzada vieja. Además, exime al concesionario de la obligación de atender por su cuenta los derrumbes que se presenten en el nuevo trazado.


7) ¿Cero control?


Pese a que se advirtió y diagnosticó la mayoría de los problemas que padece ese proyecto mediante informes del Observatorio de la Infraestructura en el Valle, hasta la fecha las soluciones y las sanciones no llegan. La Contraloría General investiga, por un presunto detrimento patrimonial de 93.394 millones de pesos, al concesionario Desarrollo Vial del Valle del Cauca y Cauca, integrado por las firmas Sideco Americana y Pavimentos Colombia, esta última de los hermanos Héctor y Carlos Solarte. Aunque la investigación cerró su etapa de indagación preliminar el 26 de marzo de 2012, aún no se conocen los resultados.


Javier de la Torre Galvis / Semana

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