Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2009/12/12 00:00

Los tentáculos de Cáceres

El senador cartagenero, en sólo cinco meses como presidente del Congreso, ha acrecentado su poder. ¿Cómo lo ha hecho?

A Javier Cáceres le cayó la presidencia del Congreso como del cielo. Hace cinco meses perdía terreno político y hoy no sólo lo recuperó sino que ha ganado influencia en instituciones poderosas

Una semana antes de ser elegido presidente del Congreso, el senador Javier Cáceres estaba particularmente feliz. Su única hija se casó y a la boda asistieron los 'cacaos' de la política y la justicia del país. A la exclusiva iglesia de Santo Domingo -y después a la fiesta en el Centro de Convenciones- llegaron el Presidente de la República, el Fiscal General, el presidente del Consejo de Estado y los ex presidentes de las Cortes Suprema de Justicia y Constitucional.

Reunir a ese ramillete de celebridades para un congresista cualquiera puede llegar a ser una faena titánica, pero a Javier Cáceres no le significó mayor esfuerzo. Más bien, con ese episodio recibió un simbólico diploma de grado por dos triunfos rotundos de su existencia: en primer lugar, la sorprendente metamorfosis de un hombre que 35 años antes vivía en un barrio de invasión de Cartagena y que merodeaba como un niño de la calle por el 'Corralito de Piedra'. Y en segundo lugar, el enorme poder que este cartagenero, sin formación universitaria, ha acumulado.

El episodio viene a cuento porque ahora, después de cinco meses al mando del Congreso de la República, y ad portas del cierre de este período de sesiones el próximo miércoles, al hacer un balance de la labor del senador cartagenero es evidente que ha acrecentado el alcance de sus tentáculos.

La jugada maestra
Javier Cáceres llegó a la presidencia del Congreso, el pasado 20 de julio, gracias a uno de sus acostumbrados golpes de astucia política. El turno, como bien se dijo en ese momento, le correspondía a Gabriel Zapata, de Alas Equipo Colombia. Pero Cáceres, sin agüeros, rompió en mil pedazos el pacto.

El cartagenero estaba en un momento complicado. Venía perdiendo terreno. No sólo sus aliados fueron derrotados para la Alcaldía de Cartagena, por un movimiento cívico liderado por la 'María Mulata', sino que él había roto relaciones con el gobernador, Joaco Berrío, quien a pesar de ser de su mismo partido, Cambio Radical, no quiso atender el voraz apetito burocrático de Cáceres.

Para poder ganar la presidencia, Cáceres, a pesar de estar para ese momento en la oposición, dividió el partido de gobierno, la U, y logró sacar de ahí los votos necesarios para ser elegido. Ese mismo 20 de julio, a las 12 de la noche, se reunió con el presidente Álvaro Uribe en la Cancillería.

Pero su jugada maestra vino después, cuando retomó la Gobernación de Bolívar. Lo que muchos pueden catalogar como un simple triunfo en política local, en este caso tiene un efecto de grandes alcances.

La jugada consistió en sacar de circulación al gobernador titular, Joaco Berrío, y nombrar en el cargo a Jorge Mendoza Diago, nombre que cobraba un significado muy especial por ser el hermano del fiscal encargado, Guillermo Mendoza. Esa movida que suena simple, en la práctica es mucho más compleja.

En primer lugar, porque Joaco Berrío no salió por destitución, como es usual, sino por una figura bastante peculiar: la Procuraduría lo suspendió por unos meses de su cargo para investigar la Secretaría de Salud de Bolívar. Ese tipo de suspensión no se había aplicado antes a un mandatario local y es aún más extraño si se tiene en cuenta que un mes antes la Superintendencia de Salud ya tenía intervenida dicha secretaría.

Sería atrevido pensar que Cáceres metió la mano en esa decisión, pues si bien ha hecho muy buenas migas con el procurador Ordóñez -tanto, que este nombró como Procurador delegado para la Administración Pública a un hombre de su entera confianza-, este tipo de decisiones suele ser autónomo.

Pero en lo que definitivamente sí tuvo que ver Cáceres fue en el reemplazo. No sólo incluyó en la terna a Jorge Mendoza Diago, el hermano del Fiscal General, sino que para lograrlo tuvo que trastearlo de partido, pues este no pertenecía a Cambio Radical.

Algunas personas se han preguntado por qué Cáceres no se fue de Cambio Radical a la U, cuando se dio hace unos meses trasteo de congresistas. Al fin y al cabo, para Cáceres es casi un deporte el cambio de partido: empezó en el liberal de Horacio Serpa, pasó a la alianza de Andrés Pastrana, luego se trasteó al Polo y en los últimos tiempos ha estado en Cambio Radical. La respuesta tal vez está en que si se cambiaba de partido, perdía la oportunidad de hacer la terna y recuperar la Gobernación de Bolívar tal y como lo hizo.

Porque es que además muy pocos entienden cómo sigue en Cambio Radical, si en toda su gestión al frente del Congreso se le ha visto más cerca de las directrices de la Casa de Nariño que de las de su partido. "En estos cinco meses le ha hecho la tarea al gobierno", dice un senador que pidió omitir su nombre.

Cáceres hizo todo lo necesario para sacar con prontitud las actas del referendo y hasta se le notó un gran esfuerzo por darle una mano a Fabio Valencia para pasar la reforma política asistiendo a las secciones de la Comisión Primera para completar quórum, lo cual no es usual para un presidente del Congreso. En la moción de censura contra el ministro de Agricultura por el escándalo de Agro Ingreso Seguro, a pesar de que era uno de los congresistas citantes y se había inscrito para hablar en su contra, al final terminó votando a favor del ministro y se ganó puyas de la oposición porque llamó a votar la moción cuando no estaban todos los congresistas.

Los que echaron cohetes al aire el 20 de julio porque creían que habían derrotado a la coalición de gobierno cuando Cáceres ganó la presidencia del Congreso se equivocaron. El senador terminó siendo un caballo de Troya para la oposición.

El lío de Etesa
El otro frente en el que el nombre de Cáceres ha sonado durante estos cinco meses es en el escándalo de corrupción que se ha destapado en la Empresa para la Salud Territorial (Etesa). Los organismos de inteligencia han encontrado evidencias de lo que era vox populi entre los empresarios de los juegos de azar, que hay una para-Etesa que factura tanto o más que la oficial. El modus operandi es sencillo: mientras las cerca de 60.000 máquinas registradas en la Etesa oficial tienen que pagarle 180.000 pesos cada mes al Estado para poder funcionar, hay otra red clandestina de un número similar de máquinas que también tienen que pagar una cuota mensual -entre 30.000 y 50.000 pesos-, pero esta se queda en los bolsillos de los funcionarios. Calculan que unos 3.000 millones puede mover esta para-Etesa al mes.

¿Y qué papel desempeña Cáceres en todo esto? Aunque él siempre niega tener cualquier participación, lo cierto es que quien fue la directora de la cuestionada entidad desde 2006 hasta este año, Mery Luz Londoño, fue la candidata de Cáceres a la Alcaldía de Cartagena.

El presidente Álvaro Uribe, ante la contundencia de las pruebas, dijo desde julio pasado que se haría una reforma profunda a Etesa. El Ministro de Protección Social, por su parte, dijo que no podía seguir así ese foco de corrupción. Pero hoy todavía no está claro qué va a pasar y la Etesa paralela, según dijeron empresarios del sector a SEMANA, sigue operando.

En este caso, como en otros, Cáceres ha salido también a decir que fue él mismo quien denunció la corrupción. No hay que olvidar que esa ha sido su arma política más efectiva. De ser un anónimo congresista de provincia, el político cartagenero se convirtió en el popular senador que les daba 'chuzo' a los corruptos y los amenazaba con revelar 'pruebas reinas'.

En ese entonces, en Cartagena, la gente se reía con sorna de las pilatunas de Cáceres. Ellos decían que verlo con ese traje de cruzado contra la corrupción era ni más ni menos como si el mismo diablo estuviera haciendo hostias. Y tal vez entonces, y ahora, tenían razón.

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