Domingo, 22 de enero de 2017

| 2005/01/09 00:00

Los tentáculos del cartel

Un nuevo libro muestra hasta dónde llegó el grado de penetración del Cartel de Cali en la sociedad colombiana. SEMANA revela algunos de sus apartes.

Carátula del libro Historia del Cartel de Cali, escrito por el periodista Camilo Chaparro, uno de los reporteros que con mayor profundidad ha abordado los temas del narcotráfico en el país.

La extradición de los hermanos Rodríguez Orejuela a Estados Unidos ha despertado una comprensible preocupación en los políticos colombianos que se relacionaron de alguna forma con los capos del Cartel de Cali. Al fin y al cabo, el mismo Gilberto Rodríguez lo anunció: "Ya llegó el momento en que nada tengo que perder; lo único que me importa es que no se metan con mi familia, esa es mi primera y única lealtad". En este libro, su autor, el periodista Camilo Chaparro, habló con Gilberto Rodríguez en los años más difíciles del capo y con su ayuda exploró no sólo la historia del Cartel de Cali, sus orígenes y evolución, sino las relaciones que por años mantuvo con la clase política más influyente del país. SEMANA revela apartes del libro de Chaparro. "En el avión de la DEA no nos vamos solos" Que se tengan del culo si nos extraditan; esto será un terremoto. Que todos los políticos de mierda lo sepan'. Este mensaje de guerra le llegó al gobierno a través de varios emisarios que lograron pasarlo a funcionarios de la administración del presidente Álvaro Uribe en aviones, al ingresar a despachos ministeriales, en centros comerciales y en reuniones políticas y sociales. "Algunos de los emisarios eran abogados, congresistas y ex congresistas salpicados por el proceso 8.000 que hablaban a nombre de Miguel Ángel Rodríguez Orejuela. En marzo de 2004, amenazados porque sus nexos con la organización caleña serían revelados, 43 congresistas fueron advertidos por los jefes del Cartel de Cali de que tenían la obligación de alinearse contra la extradición y mostrar resultados en el menor tiempo posible. Los parlamentarios o sus familiares hacían o habían hecho parte de la nómina de la organización, y en concepto de los capos ahora tenían que pagar los favores recibidos. "Don Miguel está furioso, está puto. Dice que nadie más les volverá a tocar el culo, que están mamados del manoseo y de que todo mundo les haga conejo. Que en el avión de la DEA ellos no se van a ir solos a Estados Unidos, que por lo menos tres altos funcionarios de este gobierno se irán con ellos. Así resumían los mensajeros de la mafia las advertencias del capo". Voy a prender el ventilador A hora, en la nueva y última partida de los capos contra la extradición, Gilberto Rodríguez Orejuela era consciente de que, por primera vez en tres décadas, le sobraban los peones y le faltaban alfiles, torres y caballos para salir del cerco. Los políticos influyentes y pesados los perdió durante el 8.000, por lo que amenazó con la caja fuerte a todos los que le quedaban y a los que se salieron del redil. En el archivo personal de los capos el cartel tiene muchas cuentas de cobro, verdaderos ases bajo la manga', aseguró un alto oficial de inteligencia de las Fuerzas Armadas. La amenaza que comenzó a lanzar Gilberto Rodríguez en los últimos días de diciembre de 2003 y las primeras semanas del nuevo año era verbalmente menos beligerante que la de su hermano, pero más concreta y contundente: 'Si nos extraditan comienzo a hablar y a entregar pruebas contra los políticos. Desde la propia escalinata del avión de la DEA que nos lleve al infierno vamos a prender el ventilador'... "Al igual que Vito Corleone, el Padrino de la mafia siciliana en los años 50 y 60 en Nueva York, Gilberto Rodríguez entendió que 'cada hombre tiene un solo destino'. "Sin peones y tras las rejas del gran imperio, el Don tratará de negociar con su peor enemigo: la justicia de Estados Unidos, para que al final de su historia no sea tan previsible y tan dura. A veces el capo creyó que era mejor dejarse morir de un infarto ante la imposibilidad de terminar sus últimos días jugando libremente en un jardín con sus nietos... 'No soy ni el mejor ni el peor narcotraficante de este país, y si alguna vez se me ocurriera escribir un libro, cosa que definitivamente no haré, me tocaría escribir muchas mentiras". La modelo paisa En medio de extremas medidas de seguridad, el 'Ajedrecista' (Gilberto Rodríguez) abandonó la cárcel de Cómbita. 'Me siento bien, estoy en libertad, no entiendo por qué se demoraron con mi salida', fue la única declaración del capo a los cerca de 100 periodistas que registraban su regreso a la libertad... desde el mismo momento en que la fuerte escolta de Rodríguez lo sacaba de Cómbita, el gobierno, la Fiscalía y autoridades de Estados Unidos preparaban su revancha. 'Hay que seguirlo las 24 horas del día, no se nos puede perder, este tipo no va a durar muchos días libre', sentenció un agente norteamericano durante una reunión con oficiales de la Policía colombiana. 'El presidente Uribe nos advirtió que si Gilberto Rodríguez se nos escapaba o perdíamos su rastro iban a rodar cabezas; por eso nunca lo desamparamos', recuerda un alto oficial de la Policía Nacional. "Durante 10 días el capo se refugió en una lujosa casa de los Rosales, sector exclusivo del norte de Bogotá. Aprovechando la sombra de la noche, algunos de los políticos vinculados al 8.000 lo visitaron. Los pocos que llegaron hasta la vivienda a plena luz del día fueron el periodista Alberto Giraldo y una de las más lindas y cotizadas modelos de Medellín; según los agentes de inteligencia que vigilaban la mansión, era la novia de uno de los hijos de Gilberto. "Pero la modelo no era la única mujer que ingresaba a la casa; durante dos semanas los agentes de la Policía vieron entrar en la noche a 12 exuberantes niñas que, según los informes, llegaban de la capital antioqueña con el único objetivo de visitar al capo". La jugada en la Constituyente La primera jugada del Ajedrecista fue patrocinar a destacados dirigentes para que llegaran al seno de la Constituyente. Una vez integrada esa corporación, el cartel se dedicó a comprar políticos para que en las audiencias regionales -donde se debatían y recogían proyectos para presentarlos en la Asamblea Constituyente en Bogotá- la mayoría de las iniciativas fueran encaminadas a dejar sin piso el tratado con Estados Unidos... "Pero el Ajedrecista no se conformó con infiltrar las audiencias regionales de la Asamblea. Emisarios de su organización se acercaron a varios de los constituyentes para que se sumaran a la cruzada contra la extradición de nacionales. Consultadas varias fuentes sobre este tema, aseguran que el cartel de Cali invirtió cerca de dos millones y medio de dólares en la compra de dirigentes locales y constituyentes para derrotar la extradición. Finalmente, el 19 de junio de 1991, la Asamblea tumbó la extradición con 51 votos a favor, 13 en contra y cinco abstenciones. "El texto constitucional que prohibió la extradición de nacionales fue redactado por los abogados del cartel de Cali; hasta las comas fueron puestas allí por los asesores legales de don Miguel Rodríguez', asegura uno de los juristas que trabajó para la organización mafiosa...". Revivir la extradición En uno de los momentos críticos de las reformas en el Congreso, el embajador de Estados Unidos, Myles Frechette, le preguntó a un alto funcionario del gobierno Samper que si existía ambiente en el Parlamento para sacar adelante las iniciativas antimafia. El funcionario le respondió que no veía ambiente. Entonces el diplomático le dijo: 'Dígale a su jefe que mi gobierno espera por lo menos que los 111 congresistas que votaron por su inocencia ahora lo hagan a favor de las reformas'... "Una importante senadora liberal, muy allegada a Horacio Serpa, y después lejana a las huestes del ex presidente Samper, cuenta que cuando el proyecto de extradición circulaba en el Congreso la llamaron de la casa presidencial a ofrecerle 5.000 millones de pesos en auxilios que les otorgaban a los congresistas para que votaran en contra de la extradición: 'Lo que pretendían los del gobierno era hundir ese proyecto que ellos mismos habían presentado a nuestra consideración para echarnos después el agua sucia y ellos quedar como unos príncipes". Pacto de sangre La organización mafiosa en sus primeros años, para tratar de evitar soplones y filtración de información, adoptó la Omertá, el estricto código de honor y silencio de la mafia siciliana, que prohíbe, bajo pena de muerte, informar a las autoridades sobre los delitos cometidos por los miembros de la 'familia'. Nadie oye, nadie ve y nadie habla. "Pero además de este código de silencio, Gilberto impuso el principio de la mala memoria. Nadie recuerda nada. "En todos los procesos judiciales, en todos los interrogatorios que se les han hecho, a él, a su hermano, a sus hombres y a sus socios, protegen información aduciendo que tienen muy mala memoria y que por lo tanto no se acuerdan. Un fiscal, por ejemplo, le preguntó a Gilberto Rodríguez a quién y en cuánto dinero vendió su primer cargamento de droga, y respondió que no se acordaba. '¡Cómo no se va a acordar de eso, de su primer millón de dólares, de su primer amor en el mundo de las drogas! Y así es en todo', asegura un ex funcionario judicial que lo interrogó varias veces. "Tras adoptar la ley del silencio de la mafia siciliana Gilberto Rodríguez Orejuela y José Santacruz Londoño sellaron su alianza con sangre. Los capos se hicieron una cortada muy leve, dos centímetros y medio arriba de la palma derecha y durante varios segundos unieron sus muñecas para lograr el contacto de las heridas mientras se juraban lealtad mutua y amor de hermanos de sangre hasta la muerte". La bendición del Papa Para los Rodríguez 'la misión Papa', como la bautizaron desde el comienzo, era un simple negocio en el que estaban dispuestos a invertir millones de dólares. A cambio de la inversión por traer a Su Santidad, Juan Pablo II, todos los presos, sin excepción, iban a recibir un descuento de una sexta parte de sus condenas... "La misión de adelantar los contactos con la Iglesia Católica para invitar al Papa le fue encomendada a Fernando Flórez Garmendia, un venezolano que había trabajado para los hermanos Rodríguez Orejuela cerca de 13 años y quien les garantizó a sus jefes que tenía las mejores relaciones con el clero colombiano para cumplir el objetivo: 'Si es necesario viajo a Roma, donde tengo muy buenos amigos, a gestionar ese asunto'. "Los primeros cálculos hechos por los hombres del cartel para la visita del Sumo Pontífice se aproximaban a los 20 millones de dólares... "La versión del emisario del cartel sobre la visita de Juan Pablo II se extendió rápidamente entre los jefes de los bajos fondos. Hasta las celdas de los Rodríguez en La Picota comenzaron a llegar compañeros de prisión y enviados de narcotraficantes detenidos en otras cárceles. Todos ellos pedían que los dejaran participar en la financiación de la visita papal. Algunos de los interesados en sumarse al proyecto hablaron de crear un fondo para patrocinar la gira santa y otros ordenaron embarques de droga extras dedicados únicamente a obtener recursos económicos para aportarlos a la misión de traer a su Santidad. "Víctor Patiño Fómeque, considerado por las autoridades como el quinto hombre en la línea de mando del Cartel de Cali, aseguró que asociado a los dos hermanos Rodríguez Orejuela envió 1.000 kilos de cocaína a Estados Unidos en busca de dinero que iba a ser dedicado exclusivamente al viaje del Papa a Colombia... "Semanas después, Flórez Garmendia regresó al penal y les dijo a sus jefes que la misión había fracasado porque El Vaticano consideraba que Colombia era un lugar demasiado peligroso para el Papa y que el clero colombiano no tenía el peso suficiente en Roma para conseguir una nueva gira por el país... "Cuando el venezolano fue extraditado a Estados Unidos decidió negociar su pena a cambio de información contra los Rodríguez Orejuela. En una de sus primeras declaraciones aseguró que él era tan importante para el Cartel de Cali que le fue encomendada la misión de traer al país al representante más importante de Dios en la Tierra".

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