Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2009/05/02 00:00

Los tentáculos de la mafia en Medellín

Primero fue Pablo Escobar. Después, el cartel de Medellín. Y ahora la Oficina de Envigado mantiene una poderosa red criminal y de negocios que el Estado no ha podido derrotar. El problema ya no sólo es el brazo criminal, sino el gigantesco sistema económico que se ha construido alrededor del crimen.

Los tentáculos de la mafia en Medellín

Medellín y Nápoles están a miles de kilómetros de distancia. La una en América del Sur, la otra en Europa. La una ciudad joven, la otra milenaria. La una encerrada entre montañas, la otra un puerto abierto al Mediterráneo. Pero cada una parece un espejo de la otra. Ciudades pujantes, industriales, y sin embargo, violentas. En ambas los muchachos exhiben desde jóvenes su Browning en el cinto, y patrullan las calles como un territorio baldío. Extorsionan, hacen parte de los grandes negocios, compran políticos, y cobran deudas de sangre con sevicia. Cadáveres que quedan como coladores. Cuerpos torturados. Familias exterminadas. Jueces amenazados. Funcionarios corruptos que se hincan ante los capos.

Las imágenes de Gomorra, la película que recién se estrenó este año, parecen calcadas de Rodrigo D no futuro, que retrataba a la Medellín de hace dos décadas. En ambas ciudades la mafia es un poder subterráneo y oscuro que se respira en las calles. La Camorra en Nápoles, y la Oficina de Envigado en Medellín funcionan tal como lo describió Roberto Saviano en su libro Gomorra, como un sistema económico. Un sistema que va mucho más allá del crimen organizado.

Quizá por ese juego de espejos entre Nápoles y Medellín, el alcalde Alonso Salazar tiene en su despacho una pila de libros de Saviano. "Ahí están las pistas de lo que nos pasa", dice. Se refiere, por supuesto, al poder de la mafia y en particular a la llamada 'Oficina de Envigado', que tiene que padecer como máxima autoridad de su ciudad..

En los últimos cuatro años han sido capturados, detenidos o muertos decenas de jefes de esa organización criminal. Primero su jefe máximo, 'Don Berna', quien fue extraditado a Estados Unidos y condenado a 31 años. Después el empresario de fútbol Gustavo Upeguí, asesinado por alias 'Danielito', quien fungió como jefe poco tiempo, antes de también resultar asesinado. Siguieron 'Rogelio' y 'Yiyo', ambos en negociaciones con Estados Unidos. El último en caer fue 'Douglas'. Pero la lista de sucesores es larga. Aun así, la mafia no se ha acabado en Medellín. Por el contrario, la violencia arrecia cada vez que uno de los capos cae. Los logros de seguridad que tenía la ciudad empiezan a peligrar. Mientras Medellín tuvo en 2007 una tasa de 776 homicidios, para 2008 la cifra llegó a 1.035. Y en 2009 la tendencia va en ascenso.

A finales de marzo, durante la asamblea del Banco Interamericano de Desarrollo, la ciudad vivía una tremenda paradoja. Los periódicos la mostraban como una metrópoli humana y moderna, con bibliotecas gigantescas en las barriadas más pobres; con el metrocable y una cultura cívica que envidiaría cualquier ciudad del Primer Mundo. Pero al fin de semana siguiente se registraban 31 homicidios. Las vendettas eran pan de cada día en los callejones de las laderas de la ciudad. El último fin de semana, 19. Todos mueren a bala. Algunos aparecen en la maleta de un carro, o tendidos a la vera de un camino. Se trata de ajustes de cuentas entre narcotraficantes y bandas que luchan por la hegemonía de la ciudad. El gobierno local y la Policía sólo tienen una respuesta: es la 'Oficina de Envigado'.

Pero ¿por qué si hace 20 años se pudo acabar con el cartel de Medellín y con Pablo Escobar, hoy no ha sido posible acabar con la 'Oficina de Envigado'? ¿Qué es exactamente esta organización criminal? ¿Cómo conviven en Medellín las más pujantes empresas y una de las más poderosas mafias del país?

La hidra

El 15 de abril la Policía llegó hasta un condominio enclavado en los cerros de El Poblado, el sector más exclusivo de Medellín. Allí, en un apartamento con apenas una cama, una mesa de billar y varias armas largas y cortas, vivía José Leonardo Muñoz, 'Douglas', considerado hasta ese momento uno de los jefes de la 'Oficina de Envigado', autor de centenares de homicidios y hombre que controlaba buena parte del bajo mundo. Su negocio era uno de los más rentables de la ciudad: manejaba la distribución local de droga. Se calcula que en Medellín hay 3.000 expendios o 'jibariaderos' que mueven cada año un promedio de 12.000 millones de pesos al mes. Esto sin contar con otros negocios ilegales como la extorsión, la vigilancia ilegal y las máquinas tragamonedas. Por el control de estos negocios se entiende, en parte, la disputa a sangre y fuego que entre varios sectores de la mafia en Medellín se está librando desde hace años.

La extorsión, por ejemplo, funciona sobre todo a las empresas de transporte representadas por 4.600 buses, cada uno de los cuales tiene que pagar una 'vacuna' de 20.000 pesos a la semana. Se calcula que este negocio le pueda estar dejando a la mafia hasta 4.500 millones de pesos al año. Los cobros se hacen en las terminales de buses en los barrios y aunque en muchas de las comunas hay Policía, nada puede hacer. El otro negocio ilegal y muy rentable que maneja la 'Oficina de Envigado' son las 'convivir' del centro de la ciudad. Más de 10.000 locales pagan en promedio 30.000 pesos a la semana. Lo hacen desde los más grandes hasta los vendedores ambulantes. Son billones lo que se mueven y por eso la guerra ahora es por territorios, cuadra por cuadra, que representan ingresos muy jugosos para cada capo.

Alrededor de estos negocios puede haber 360 combos de muchachos de la ciudad, que ya son el producto elaborado de tres décadas de control social por parte de la mafia. Pero este es apenas el capítulo ilegal y es donde menos duran los liderazgos más frágiles son las alianzas y los pactos.

Ello sin contar la protección de las rutas del narcotráfico, que ha sido la pelea después de la desmovilización de las AUC. La ruta principal y más importante para el narcotráfico es un triángulo de oro blanco: en el Bajo Cauca se produce la coca, en Urabá se exporta y en Medellín se lava el dinero. Por eso la pelea entre narcos no sólo es por el control del Valle del Aburrá. Quien aspire a convertirse en gran capo de la mafia en Antioquia tiene que estar en estos tres puntos. Así lo entendieron 'Don Berna', 'Macaco', 'Don Mario' y el 'Loco' Barrera, quien al parecer ahora quiere el dominio de esta ruta.

El control de las rutas implica una logística compleja con diversos medios de transporte. No en vano el aeropuerto Olaya Herrera siempre ha estado en la mira de las autoridades. Desde la época de Pablo Escobar los narcos se han hecho a flotillas de avionetas o helicópteros. En los dos últimos años, por lo menos tres aeronaves que han sido interceptadas en el Caribe con cocaína, habían salido del Olaya Herrera. Fueron, por ejemplo, las aeronaves que tenía 'Cuco Vanoy', paramilitar y narcotraficante hoy extraditado, que viajaban constantemente entre Caucasia y Medellín. El influjo de la mafia se volvió a sentir en el aeropuerto a finales de 2007 cuando resultó asesinada Nancy Ester Zapata, una antigua funcionaria de ese terminal aéreo. La mafia dejó un letrero junto a su cuerpo que decía: "por sapa".

Pero no todo lo que la mafia hace es crimen organizado. Justamente lo que ha hecho que muchos vean a Medellín como un espejo de la mafia italiana es que ha pasado de ser una organización criminal a convertirse en un holding de empresas que "tienen una puerta giratoria entre lo legal y lo ilegal", según palabras del general Arcesio García, comandante de la Policía de la ciudad. Algo que muchos analistas y académicos entienden como parte de la idiosincrasia paisa, pero que ocurre exactamente igual en ciudades italianas, en Rusia, en Japón, en Sao Paulo y Nueva York. Por eso, más allá de la cultura, las explicaciones podrían estar en la economía y la misma globalización.

¿Elite emergente?

Hace pocos meses se inauguró junto al río Medellín un edificio de 144.000 metros cuadrados, construido en vidrio y cemento, cuyas cortinas se abren al paso del sol, que envidiarían hasta las grandes multinacionales, hoy en crisis. Es la sede de Bancolombia, el nuevo símbolo de la elite paisa, de su pujanza en medio de la adversidad. El Sindicato Antioqueño nació a mediados de los años 70, cuando la industria textilera se estaba desplomando y los dineros del narcotráfico empezaban a entrar a borbotones a la economía del país. Para enfrentar la debacle, las empresas antioqueñas, que eran casi todas familiares, se metieron a la Bolsa de valores. "Eso las blindó contra el narcotráfico", dijo en una conferencia reciente Nicanor Restrepo, quien ha sido la cabeza visible de los empresarios antioqueños. El Sindicato Antioqueño siempre ha sido muy cerrado y eso impidió que la mafia se mezclara en sus negocios.

Pablo Escobar se enfrentó al establecimiento y fue repudiado por éste. Por ello se refugió en Envigado, un municipio al sur de Medellín. Allí estaban sus amigos, sus negocios de fútbol, la cárcel donde estuvo preso, y también sus enemigos. La 'Oficina de Envigado' se llama así porque durante muchos años desde allí se manejaron los negocios de la mafia, y crearon su propia elite emergente.

"Ya no son una simple organización criminal sino un sistema de negocios muy complejo", dice Jesús Ramírez, secretario de Gobierno de Medellín. Desde su oficina, en La Alpujarra, se ven dos edificios nuevos que hacen parte de El Hueco, 10 cuadras llenas de almacenes donde conviven el contrabando y el rebusque de empresarios medianos y pequeños. Lo legal y lo ilegal. La creatividad y el delito. Las mercaderías chinas -que a propósito, son distribuidas al mundo entero por La Camorra desde Nápoles- compiten en los mostradores con las confecciones hechas en maquilas del oriente antioqueño, que son una buena imitación de las chinas. La Alcaldía y El Hueco están separadas apenas por una calle y una plaza. Sin embargo, no existe ninguna autoridad de la ciudad que no entorne los ojos cuando se le menciona este sector, que se ha convertido en un agujero negro, donde se presume que hay una poderosa industria de lavado de activos, y que es clave para la economía de la ciudad. Ricos y pobres de Medellín compran en El Hueco porque allí todo es a mitad de precio.

Hace 10 años, cuando la Fiscalía allanó un parqueadero de la ciudad y capturó a Jacinto Alberto Soto Toro, contador de las AUC, se encontraron las primeras pistas sobre el lavado. Carlos Castaño se había apoderado de varios negocios de El Hueco a través de testaferros. A lo largo de la década se han hecho decenas de operativos y se ha descubierto lavado de paramilitares y mafiosos en negocios como la venta de discos compactos. En un operativo reciente la Fiscalía encontró en uno de estos locales una caleta con 1.200 millones y capturó a 'Don Alex', un comerciante a quien señala como socio de varios jefes paramilitares.

El control de este lavado se ha hecho muy difícil porque la magnitud es muy grande. La Unidad de Información y Análisis Financiero (Uiaf) ha investigado en los últimos ocho años, en todo el país, a 34.000 personas, y más de 3.000 empresas con transacciones sospechosas, que suman alrededor de 4.300 millones de dólares. Pero no todo el dinero entra a los bancos. Los narcotraficantes sacan la droga y en lugar de dólares, entran tenis y ropa de contrabando.

Pero eso no es todo. Los casinos son lo que tienen más alarmado al gobierno y la Policía. En Medellín han crecido 500 por ciento estos negocios. Prácticamente en cada cuadra del centro y en la milla de oro en el barrio El Poblado hay uno. "Es el bazuco electrónico", dice una investigadora de la Fiscalía. Las autoridades presumen que allí se está lavando dinero de la mafia, como ocurre en todas las ciudades del mundo. Pero si no hay pruebas, nada se puede hacer. Igualmente preocupante es el tema de las máquinas tragamonedas.

El propio Antonio López, el inefable 'Job', había calculado que estas máquinas le dejaban a la 'Oficina de Envigado' 6.000 millones de pesos al mes. Cobran por su instalación y por su funcionamiento. Además, muchos de los miembros de la 'Oficina' son dueños de las máquinas.

Hace un año Etesa envió a dos jóvenes investigadores -Fabio Alonso Bossa y Julio Antonio Varela- para que sellaran algunos casinos y sitios de máquinas tragamonedas que no tenían licencia. Se sabe que un hombre que trabajaba con los fabricantes de las máquinas los invitó a beber unos tragos en la noche, a Fase Dos, un burdel de propiedad de un conocido empresario de chance de la ciudad. A la madrugada, cuando salían, fueron asesinados. Los criminales ya fueron capturados y se ha comprobado que trabajan para las 'convivir' ilegales del centro, que controlan el negocio de las tragamonedas.

En el centro de la ciudad pululan las 'convivir'. Son la herencia que dejaron las otrora cooperativas de seguridad, pero en una versión ilegal. Hace pocas semanas el general García desarticuló ocho de estas bandas, y se capturó a muchos de quienes hacían parte de ellas. Pero el fenómeno es extendido y los comerciantes pagan por esta vigilancia privada e ilegal en ocasiones por temor, y en otras por un tenebroso pragmatismo. Mientras el nuevo sistema penal, que es muy garantista, es visto como ineficiente porque excarcela a muchos ladrones callejeros, las 'convivir' les dan espantosas palizas, los destierran con amenazas o simplemente, los matan.

Uno de los negocios que más protección requieren es el que mueve millones de pesos: el chance.

Basta recorrer las principales calles del centro para encontrar los puestos de Gana, la empresa de apuestas de Medellín, un consorcio de varios empresarios que ganó la licitación para hacer el juego a través de un sistema electrónico. El furor de las loterías es tal, que varias de ellas juegan dos veces al día, como 'el paisita' o 'el cafeterito'.

En Medellín la alianza costó sangre y por lo menos tres empresarios murieron. Uno de ellos era el gerente de Le Apuesto, una de las empresas que se negaban a entrar en la alianza. Un sicario le disparó en un restaurante donde resultaron heridas otras personas. El pistolero fue detenido y dijo que miembros de la 'Oficina' le habían pagado por cometer el crimen. Pero las autoridades han sido incapaces de demostrar qué tanta participación tiene la mafia en este negocio. La paradoja es que a través del chance se recauda el dinero de la salud, y aunque el gobierno ha intentado que haya más transparencia en el sector, lo único que se ha logrado es que disminuya la evasión de impuestos.

El afán de legalizar

Como lo ha demostrado Gomorra, en el caso de Nápoles, la mafia no quiere seguir siendo apenas un sistema del bajo mundo. "La mafia necesita transitar del crimen hacia la economía informal, y de allí a la legal", dice Gustavo Duncan, profesor de la Universidad de los Andes y experto en narcotráfico y violencia. Por eso la 'Oficina de Envigado' ha tenido hace tiempo sus ojos puestos en los negocios legales.

Fuentes oficiales aseguran que la ansiedad por 'blanquear' el dinero ha generado también parte de la violencia en la ciudad. Al parecer, 'Danielito', quien tuvo un fugaz reinado en la 'Oficina de Envigado', mientras 'Don Berna' estaba en Itagüí, tenía especial interés en esta tarea. Habría sido él quien llegó hasta donde Hugo Albeiro Quintero, dueño de Bellanita de Transportes, a presionarlo para que le vendiera a la 'Oficina' su empresa por 25 millones de dólares. Una empresa con 370 buses, legal y con buen funcionamiento era una propiedad muy preciada para la mafia. Quintero, hoy en prisión por presuntos nexos con los grupos paramilitares, no quiso vender y por eso fue baleado. Pero sobrevivió.

Otro caso que investigó la Fiscalía es el de una familia de apellido Rodríguez que tenía un gran lote en la parte alta de El Poblado, justo donde ha crecido desaforadamente el negocio inmobiliario -con dudoso cumplimiento de las normas-. Uno de los hijos de esta familia le pidió a la 'Oficina' dinero prestado para construir en este terreno. Pero fracasó. Y la deuda se la cobraron caro: él, su padre y el abogado de la familia aparecieron muertos por asfixia mecánica. Ahora allí se levantan edificios nuevos, y nunca se logró aclarar qué pasó con la propiedad de la tierra.

Otro ejemplo de personas vinculadas a la 'Oficina' cuya vida se movía en una precaria frontera entre lo legal y lo ilegal es Alirio Rendón, más conocido como el 'Cebollero'. Rendón manejaba varios negocios de abarrotes, era un líder reconocido por los políticos, tenía contratos con la Gobernación de Antioquia, y gozó durante mucho tiempo de la venia de las autoridades porque su empresa de seguridad privada había 'pacificado' la plaza de abastos ubicada en Itagüí, que durante años había sido un nido de bandas. Obviamente, la palabra pacificar es un eufemismo para decir que hubo horrendas jornadas de limpieza social, de palizas y torturas a quienes no se sometían a su ley. El 'Cebollero' está en la cárcel acusado de pertenecer a la mafia.

Como si fueran pocas las simetrías entre Medellín y Nápoles, el fantasma de los desechos tóxicos empieza a rondar la ciudad. Hace algunas semanas una tractomula se volcó en el parque de San Antonio de Prado, corregimiento de Medellín. Decenas de canecas con ácido salieron a rodar por la calle, lo que dejó en eviencia que en El Guacal, basurero de Envigado cuyo paso obligado es este pequeño corregimiento, se estén depositando desechos tóxicos. Concejales de la ciudad han denunciado que detrás de este negocio puede estar la mafia.

La política

La explicación sobre por qué la 'Oficina de Envigado' no se acaba a pesar de que cada tanto cae uno de sus cabecillas, es porque justamente no es una oficina, sino una red compleja de negocios ilegales y legales combinada con una sangrienta organización criminal. "Es un fenómeno donde confluye el narcotráfico, los paramilitares y un fenómeno de bandas y combos que es antiguo en la ciudad". Así la define Diego Sierra, investigador del IPC, organización no gubernamental que le ha seguido la pista a la violencia desde hace más de 20 años. Para entrar a esta ONG hay que empujar una puerta blindada de más de 50 kilos y traspasar un detector de metales. Hace una década la temida banda La Terraza asaltó el edificio de tres pisos donde funciona el IPC y secuestró a cuatro de sus más importantes dirigentes. Poco después, una bomba voló la fachada de esta organización. Instituciones como el IPC hacen parte de una amplia gama de iniciativas sociales y políticas que durante años han estado haciéndole contrapeso a la mafia en las calles de los barrios.

La disputa en los últimos años se ha dado en cabeza de otra ONG, que está en el otro extremo de la ciudad, la Corporación Democracia, cuyos miembros, desmovilizados de las AUC, han ido cayendo en medio del resurgir de la violencia en Medellín.

'Don Berna', y en particular su hombre de confianza 'Job', había diseñado una estrategia política para tomarse la ciudad. Controlaron -y controlan- muchas juntas de acción comunal, tuvieron un concejal, y fueron fundamentales para que en 2003 Rocío Arias saliera elegida al Congreso con una holgada votación, conseguida sobre todo en las comunas de Medellín. Quizá por eso en la audiencia de imputación de cargos a 'Douglas' hace dos semanas, una fiscal se atrevió a decir que la Corporación Democracia era el brazo político de la 'Oficina'.

El afán de infiltrar al Estado en todos sus niveles se demostró con la captura del director de la Fiscalía de Antioquia, Guillermo León Valencia Cossio, y con las sombras de duda que han quedado planteadas sobre el papel que algunos altos miembros de la Policía estaban cumpliendo. También hay episodios oscuros como la muerte el año pasado de un capitán del Ejército y un fiscal, que fueron acribillados en la Comuna 13 en una operación de ajuste de cuentas atribuida a la 'Oficina'. Más que ausencia del Estado, porque en el Valle de Aburrá lo hay y fuerte, lo que ha habido es fragilidad, corrupción e incompetencia. Algo que los criminales han aprovechado muy bien.

Pero la estrategia política de la mafia no ha funcionado. Si bien se han hecho fuertes en otros municipios del Valle de Aburrá, Medellín ha demostrado que en tres décadas de lucha contra el narcotráfico y la violencia, ha creado unas resistencias muy poderosas. Una elite económica antimafia, encabezada por el Sindicato Antioqueño, y unas redes sociales muy fuertes. "Curiosamente, personas que están política e ideológicamente en orillas diferentes como los empresarios y las ONG, han terminado haciéndole resistencia a la mafia juntos", dice el alcalde Alonso Salazar.

Una investigación reciente, financiada por la London School of Economics y dirigida por Francisco Gutiérrez, demostró que la coalición política que se creó alrededor de Sergio Fajardo primero, y de Salazar ahora, permitió contener el zarpazo de la mafia, especialmente porque han encabezado un estilo de gobierno que no se basa en el intercambio de favores, como lo ha hecho la política tradicional.

Si bien el oasis de paz que vivió Medellín recién desmovilizadas las AUC era fruto de que todavía 'Don Berna' tenía vigente su poder y la estela del control social ejercido por años, eso se rompió. Ahora nadie lidera la 'Oficina'. "Andan sin plata. El mayor indicador es que en diciembre hubo poca fiesta en las calles... poco marrano", dice un líder de la Comuna nororiental. Las capturas, las extradiciones y las muertes han desatado la paranoia, la venganza y la ambición. "Paradójicamente, es el precio que se está pagando por no pactar con ellos", dice Juan Sebastián Betancourt, director de Proantioquia.

El proceso de paz que hizo el gobierno nacional fracasó en el caso de Medellín por un error de percepción del gobierno. La mafia de la 'Oficina' no es una organización con jerarquías claras -como los clanes de Italia- ni con cohesión ideológica -como una guerrilla-. Por eso, aunque la Alcaldía ha gastado millones en la reinserción, tratando de que más de 4.000 desmovilizados volvieran a la sociedad, los mandos medios se quedaron por fuera, en el rentable mundo del crimen. La 'Oficina de Envigado' saboteó el proceso de pacificación de la ciudad. Y ha dejado una lección clara: la batalla contra la mafia y todos sus tentáculos apenas comienza.

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