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| 4/9/2011 12:00:00 AM

Los tres tenores

SEMANA revela cuál fue el acuerdo de los Nule con la Fiscalía, cuántos años podrían pasar en la cárcel y qué tan valiosa es la información que van a entregar.

Cuando faltaban apenas quince minutos para comenzar la audiencia en la que se debía definir la suerte inmediata de los primos Nule, todo estuvo a punto de colapsar. Pasado el mediodía del viernes, Miguel, Manuel y Guido le hicieron saber al fiscal del caso, Germán Pabón, que no tenían intención de presentarse para reanudar la audiencia de imputación de cargos.

La noche anterior les había entrado una suerte de pánico en el cuerpo. Ellos habían decidido regresar de Roma y Miami, donde se habían refugiado desde que estalló el escándalo del carrusel de la contratación en Bogotá, convencidos de que las matemáticas jurídicas les daban para pagar tan solo unos tres años en prisión.

"Nunca antes los habíamos visto tan seguros como con esta decisión de venir a dar la cara", le contó a SEMANA una persona que los conoce. Si bien lo pensaron mucho, cuando tomaron la decisión tenían claro que lo mejor era obedecer el llamado de la Fiscalía a hacerse presentes en Bogotá para la audiencia de imputación de cargos por cinco delitos.

La amenaza de la fiscal, de traerlos con circular roja de Interpol, no les preocupaba demasiado. Dos de ellos son italianos y no es fácil para la Policía internacional sacarlos del país donde tienen su nacionalidad. Pero lo que más pesó a la hora de tomar la decisión de volver fue que al sopesar los pros y los contras, y hacer los cálculos de las posibles penas, se dieron cuenta de que en un abrir y cerrar de ojos podían ponerle punto final a este caso.

El martes en la tarde aterrizaron en Bogotá, procedentes de Madrid, y se fueron directo al búnker de la Fiscalía, el único lugar en el que se sienten hoy seguros. En su recorrido alcanzaron a ver el efecto desastroso de uno de los contratos que firmaron con la Alcaldía. Hoy, tres años y medio después de comenzar la troncal de TransMilenio de la avenida Eldorado, aún no está terminada. Al llegar, se acomodaron en las celdas del búnker, que no tienen las comodidades a las que se acostumbraron los primos Nule durante los últimos cinco años.

El viernes el fiscal Pabón alcanzó a asustarse. Si los Nule decidían no seguir cooperando, la parte más jugosa de su trabajo podría irse a tierra, pues son ellos los que pueden darle las pistas y los documentos claves para destapar la caja de Pandora de cómo se maneja la contratación no solo en Bogotá, sino en buena parte del país.

Y es que el caso de los Nule, en términos de investigación, hoy es casi un asunto de trámite. Las pruebas que los señalan como responsables de todo tipo de delitos relacionados con corrupción y malos manejos de contratos han brillado por su abundancia en los medios de comunicación. Ya nadie espera sorprenderse con una nueva denuncia en contra de ellos. La única duda que queda es qué tan ejemplarizante va a ser la pena que les impongan.

Lo que sí es interesante ahora para la justicia es si los Nule se pueden convertir en una especie de 'gargantas profundas'. Y de eso habían estado conversando -el fiscal y los Nule- el miércoles desde primeras horas de la tarde hasta las 10:30 de la noche en el búnker. Allí los jóvenes costeños le anunciaron muchas de las cartas que están dispuestos a jugar a cambio de beneficios de la justicia.

Después de la reunión, así no la hubieran hablado, la hoja de ruta estaba clara. Ellos se declaraban culpables del delito de peculado. Como tenían atenuantes, la Fiscalía pedía una pena razonable dentro del ordenamiento jurídico para ellos. Y a partir de esta semana que comienza, empezarían a dar información clave.

Pero con lo que no contaban los Nule era con que como esto es un juicio oral, no todo está en manos del fiscal. El sistema les dio la sorpresa. En primer lugar apareció un abogado en representación de ocho ediles que querían ser reconocidos en el proceso como víctimas. Pero, tras un rápido debate, no fueron aceptados como tales. La revista digital Kienyke lo calificó como "la estrategia fallida de Iván Moreno", pues los ediles eran todos del Polo y de la línea Moreno.

Pero ese fue un simple impasse. La verdadera bomba llegó cuando otros dos apoderados de víctimas, el de Segurexpo (la aseguradora que tuvo que pagar 69.000 millones de pesos por el incumplimiento de los Nule en el contrato de TransMilenio) y el representante del director del IDU, hicieron dos peticiones que molestaron a los Nule. La primera fue pedir que les permitieran ver las evidencias de la Fiscalía, y la segunda, que se tuvieran en cuenta dos agravantes a la hora de impartirles las penas: su posición distinguida en la sociedad y el hecho de que obraron en coparticipación criminal.

El abogado Camilo Sampedro, quien representa al director del IDU, Néstor Eugenio Martínez, le preguntaba al fiscal por qué insistía en solicitar penas bajas para los Nule cuando "no hay atenuantes y sí agravantes". Y el abogado de Segurexpo, Carlos Gilberto Gómez, solicitaba que al delito de peculado se le dé el agravante de haber usado dineros del erario con destinación a bienes de uso común.

El juez se mostró de acuerdo, pero dijo que era el fiscal quien tomaba la determinación de incluirlo o no en su imputación. El fiscal Pabón defendió la pena que pidió para los Nule diciendo que como atenuante ellos no tienen antecedentes y que en sentido estricto el consorcio cometió el delito de peculado, y no ellos como particulares. Pero al final se aceptaron los dos agravantes mencionados.

Para ese momento ya el reloj marcaba las ocho de la noche. Cinco horas atrás había comenzado la audiencia en una sala abarrotada de periodistas. Los Nule, que hasta ese momento se habían visto imperturbables, expresaron cierto desconcierto en su rostro. En una de esas, Manuel Nule miró a su abogado con un gesto de sorpresa y le preguntó: "¿Esto qué significa?".

Las alarmas se dispararon en el banquillo de los acusados. A partir de ese momento los Nule cambiaron los planes y decidieron que esa noche no iban a decir si aceptaban o no los cargos. Algo no funcionaba como ellos lo tenían previsto. La aceptación de los agravantes podría cambiar la dosificación de las penas.

Un rato después, uno de los dos defensores de los Nule, Andrés Garzón, le pidió al juez levantar la audiencia y en dos días volver a convocarla. La petición era inusual, pues desde que comenzó el Sistema Acusatorio en Colombia nunca se había partido en dos esta fase de imputación de cargos.

Las partes se mostraban reacias a hacer esa concesión. Tuvo que salir Guido Nule en un acto algo teatral a decir: "Señor juez, le pido que nos dé hasta las dos de la tarde de mañana, por el amor de Dios. Si se lo pudiera pedir de rodillas, me arrodillaría". El juez aceptó.

De regreso en el búnker se le escuchó a uno de los Nule decir: "Nosotros no vamos a pagar diez años y menos cuando los otros están libres".

Lo que van a contar

Los hermanos Nule se han convertido en uno de los símbolos de la corrupción en el país. La Contraloría hizo un examen detallado y encontró que tenían 161 contratos por casi dos billones de pesos y que en muchos de ellos habían surgido problemas. El manejo de sus cuentas no era propiamente escrupuloso: en tan solo dos de sus ocho empresas, según la Superintendencia de Sociedades, encontraron una deuda de 980.000 millones de pesos.

Y esa condición de los Nule tiene dos caras. La primera es que, por la dimensión del daño que le han causado a la sociedad, la opinión pública no resiste la idea de que terminen pagando solo tres años de prisión. E incluso la fiscal Viviane Morales se ve en dificultades para darles un principio de oportunidad, que es una potestad que le da a ella la Constitución para cesar la investigación de determinadas personas.

La otra cara, que es la más atractiva ahora, es que justamente como han estado metidos en el corazón de la 'mordida', ellos se convierten en los mejores testigos para destapar quiénes son los principales protagonistas de la ola de corrupción que azota al país y qué pruebas tienen sobre quienes siguen agazapados para la justicia en el caso de Bogotá. La ecuación para ellos es simple: nos rebajan la pena, nos tratan bien y les ayudamos a descubrir la corrupción que hay en todo el país.

¿Qué tanto tienen para dar? En la conversación del miércoles con el fiscal Germán Pabón hablaron de colaborar con aportes aparentemente elementales, como llenar vacíos probatorios de muchos documentos comprometedores que se han encontrado. Por ejemplo: serán ellos los que digan si Edmundo del Castillo, quien fue secretario jurídico de la Casa de Nariño, era el llamado 'Profe' que recibió 105 millones de pesos en efectivo en el Centro Comercial Andino de Bogotá. Y serán ellos también los que digan para qué, por citar solo uno de las decenas de ejemplos que han salido a flote en la 'contabilidad' de los Nule y que aún no se convierten en prueba judicial.

Pero también prometieron abrir el capítulo de los sleeping partners, una expresión que, según ellos, aprendieron del abogado Álvaro Dávila. Los Nule hablaron de revelar quiénes son los influyentes empresarios o reconocidos contratistas a los que les pagan comisiones para que ellos pongan su nombre y su experiencia a disposición de empresarios emergentes, como en su momento fueron los Nule, para que puedan ganar millonarios contratos no solo en Bogotá, sino ante el gobierno nacional.

En el caso concreto de Bogotá, los Nule hicieron otros ofrecimientos. Le dijeron a la Fiscalía de una nueva grabación en la que aparece Miguel Nule hablando con uno de los protagonistas del carrusel, cuyo nombre se ha mencionado bastante en los últimos días y sobre el cual no existe aún investigación alguna. Pero tal vez la joya de la corona, según lo anunciaron los Nule, es una información documental sobre un pago que hicieron a través de un intermediario al alcalde de Bogotá, Samuel Moreno Rojas. Hasta ahora, y casi un año después de que se destapó el escándalo del carrusel de la contratación, son pocas, por no decir ninguna, las evidencias que salpican de manera directa al alcalde Moreno.

Y, finalmente, los Nule le dijeron al fiscal Pabón que hay muchos bienes para devolver. Sin embargo, eso está por verse. Pues los Nule hablan, en buena medida, de los supuestos activos de sus otrora empresas en Colombia. "Ellos hacen cuentas alegres, esas empresas solo tienen pasivos", dijo a SEMANA una fuente de la Superintendencia de Sociedades.

¿Y todo esto a cambio de qué? Miguel, Manuel y Guido están convencidos de que la información que ellos tienen es oro en polvo para la justicia. Y por eso esperan beneficios a cambio. En primer lugar, un sitio de reclusión en el que se les garantice la seguridad. Es decir, no La Picota. De hecho, el fiscal Pabón le pidió al juez en la audiencia que haga efectiva por ahora la detención que les aplicó en el búnker de la Fiscalía.

En segundo lugar, el manejo de las penas. Hacer las cuentas es un ejercicio difícil a esta altura porque el resultado puede ser muy distinto si al final del juicio terminan siendo condenados solo por el delito de peculado (el cual aceptaron) o por los cinco delitos que la Fiscalía les imputó.

El peculado es el que les da la pena más alta. En este caso el fiscal pidió para ellos, al comenzar la audiencia, entre 5,5 y 15,5 años, partiendo de la base de que no les anotó agravantes. Y por eso, al final de la audiencia, los Nule se alteraron, porque no tenían en sus cuentas los agravantes y estos podrían, eventualmente, aumentar su pena. En ese mismo caso, si los encuentran responsables también de otros delitos, el juez tomaría la pena del delito mayor y la duplicaría, lo que en técnica jurídica se llama 'concurso'. Pero eso solo se sabrá al final del juicio.

¿Qué puede pasar? El escenario que tienen en la mente los Nule es que terminen solo condenados por peculado sin agravantes. Ya sea porque en los otros delitos logran demostrar su inocencia o porque si los encuentran culpables, les den el principio de oportunidad parcial del cual habló en algún momento la fiscal Viviane Morales, es decir, solo para algunos delitos.

Por cualquiera de esas dos vías, y con otros acuerdos por colaboración con la justicia, esperan obtener rebajas de penas y terminar con unos pocos años de prisión. Ellos están convencidos de que si van a dar información para destapar la mayor olla podrida de las últimas décadas en el país, deberían ser tratados más como héroes que como demonios. Pero el país no lo piensa así.

El viernes, cuando se reanudó la audiencia, el fiscal insistió en que no se configuraba agravante porque no fueron ellos los que firmaron el contrato sino las empresas. Y los Nule respiraron tranquilos. Ya estaban aquí. Ya no tenían más que hacer.
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