Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2015/08/26 13:00

Los venezolanos también viven un infierno en la frontera

Habitantes de San Antonio y San Cristóbal lamentan los atropellos, reclaman respeto a los colombianos y reconocen que los venezolanos también fomentan el contrabando que su propio gobierno ataca.

Rosa y sus dos hijos (venezolanos) tuvieron que dormir en la calle. La Policía colombiana se hizo cargo de su alimentación esa noche. Foto: Carlos Julio Martínez - SEMANA

El caos y el desespero en la frontera colombo-venezolana no mengua. Ayer hasta las 8:00 p. m., cientos de familias atravesaban el río Táchira para traer sus pertenencias hasta el lado colombiano. A hombro llevaban estufas, neveras, televisores y camas.

Tienen que hacer varios viajes de más de dos kilómetros bajo el inclemente sol, pero sacar fuerzas de donde no las hay era la única forma de no perder lo poco que tenían. Casi todos vienen de una invasión conformada por aproximadamente cinco barrios, conocida como Mi Pequeña Barinas. Después de las 8:00 p. m., todos acamparon cerca al río, en la vereda La Parada del municipio de Villa del Rosario, Norte de Santander.

Sin embargo, los venezolanos también viven su propio drama. Rosa Montañéz es venezolana, pero su exesposo es colombiano. Tienen dos hijos pequeños que suelen pasar vacaciones en Cúcuta y Bucaramanga. Los niños estaban en Colombia en el instante que el presidente Nicolás Maduro dio la orden de cerrar la frontera. Desesperada por tardar al menos dos meses en volverlos a ver, Rosa llegó al puente internacional donde la Guardia Venezolana le impidió el paso para recoger a sus hijos de 5 y 7 años.

A las 7:05 p. m. un teniente le dijo que se metiera entre los colombianos que estaban abandonando Venezuela y se hiciera pasar por uno de ellos. Viajó hasta Cúcuta y recogió a sus niños, pero cuando volvió, ya era demasiado tarde.

Rosa y sus niños tuvieron que quedarse durmiendo en el puente, porque Venezuela ya no dejaba entrar ni salir a nadie hasta las 5:00 a. m. de este miércoles. Sentados en unas sillas y cubiertos por una carpa, se protegían de la lluvia que empezó a caer a las 10:00 p. m. "Era mejor quedarnos aquí, porque en la madrugada se forman unas filas enormes, dejan entrar lentamente en grupos de a 10 o 20 y aún así hay muchos que no alcanzan a pasar. Yo quiero ser la primera, además luego me esperan cuatro horas más para llegar hasta Santa Ana del Táchira".

Édgar Cadena, de 37 años, vive en San Cristobal y tienen un bebé de 18 meses. Pasó a Cúcuta a comprar leche para su hijo porque en Venezuela ya no se consigue, pero también quedó atrapado en Colombia, en medio de la preocupación porque ya serán tres días en los que su pequeño no puede alimentarse correctamente.

"Yo no tengo queja de los colombianos, todos son muy amables, de hecho mis abuelos eran colombianos. Esto es un atropello y me da mucha tristeza porque soy venezolano, pero la situación que se vive en mi país no es solo culpa de los colombianos".

Para Édgar la situación es sencilla. Son muchos los venezolanos que pasan a Colombia a revender productos, porque si se los pagan a lo que cuesta en pesos colombianos, cuando hacen el cambio obtienen muchos más bolívares. Por ejemplo, una bolsa de leche que en Venezuela cuesta 70 bolívares, al cambio, en Colombia la pagan a 1.500 bolívares, le dijo Rosa a Semana.com.


Ana durmió en el puente internacional. Su vuelo a Cúcuta se retrasó y a pesar de ser venzolana no pudo cruzar. Foto: Carlos Julio Martínez -SEMANA.

La situación para los venezolanos también es complicada, pero son conscientes que algunos compatriotas, debido a la crisis económica de su país, fomentan el contrabando. "El salario mínimo de un venezolano son 8.700 bolívares y si vendiendo una bolsa de leche ya se gana más de 1.000 bolívares, cómo no va a ser negocio contrabandear. Por eso la gente ya prefiere revender y no trabajar", agrega Rosa. En el caso de Édgar ocurre lo contrario, como no consigue la leche para su hijo en Venezuela, tiene que venir a Colombia a pagar sumas exorbitantes por el mismo producto. "No sé que voy a hacer, en mi país no hay leche, pero si vengo a Colombia que tal no pueda regresar y quede atrapado en este puente", comentó con ansiedad.

Ana (quien prefirió no dar su apellido) viajó a Cali con su hija de seis años, su mamá y otros familiares, debido a un problema personal. El avión que los traía hasta Cúcuta se retrasó y llegó cuando ya no podían cruzar la frontera. "¿Cómo es posible que incluso a los venezolanos nuestro propio gobierno nos ponga a padecer así? No miran los casos excepcionales, nosotros no somos ayudantes de paramilitares ni contrabandistas. Mi hija está durmiendo sobre una cobija en el suelo. Esto no es digno, ¡nosotros tenemos casa en Venezuela!", exclama indignada.

El panorama es crítico para ambos países. Los venezolanos también están disgustados con las medidas de Nicolás Maduro, porque si no pueden revender, cómo obtendrán ingresos extras para vivir dignamente. "Nunca antes habíamos visto algo así, no hay comparación entre el comandante Chávez y Maduro. Cómo no querer a los colombianos, ¿sabe quiénes nos han dado comida y bebida en esta espera inhumana? La Policía Colombiana, no la nuestra", concluyó Édgar.

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