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| 4/1/2006 12:00:00 AM

Los vices

Se completó el grupo de aspirantes a la Vicepresidencia. ¿Qué les aportan a sus respectivos compañeros de fórmula?

El nombramiento de los candidatos a la Vicepresidencia es una de las cartas tácticas que tienen los candidatos para jugar en su estrategia para llegar al poder. Una oportunidad para captar la atención de los medios de comunicación y enviar una señal de su capacidad para ejercer una de las principales funciones presidenciales: el nombramiento de sus colaboradores. SEMANA analiza la manera como los principales candidatos presidenciales utilizaron este recurso.

Francisco Santos, la continuidad

La selección de Francisco Santos como candidato a la Vicepresidencia en 2002 fue el hecho político que causó más conmoción en esa campaña. En contraste, el temprano anuncio del presidente Álvaro Uribe, en noviembre pasado, de que mantendría a su escudero, fue totalmente predecible. El principal argumento de Uribe para aspirar a la reelección es que está haciendo bien una tarea que no está concluida. Un relevo de Pacho habría sido incoherente con la idea de que las políticas del actual gobierno se deben mantener.

Con el anuncio de que seguiría con Pacho, además, el presidente Uribe evitó que se abriera una impredecible caja de Pandora. La imagen de vacancia en tan apetecido cargo habría despertado ambiciones en cada uno de los partidos que apoyan la reelección: los conservadores, 'La U', Cambio Radical y demás, y habría generado conflictos inconvenientes para la campaña.

Con el nombramiento de Santos, Uribe tuvo que dejar de lado su preferencia por lo sorpresivo. Lo cual demuestra que en esta competencia, en la que partió con la camiseta de líder en las encuestas, le convienen más las aguas tranquilas que los terremotos que puedan cambiar el panorama. El Vicepresidente, además, ha hecho un buen papel y tiene una imagen positiva gracias a su lealtad a Uribe, a que lo ha hecho mejor que las expectativas que rodearon su llegada al poder y a su gestión en el campo internacional. En este último punto, en el que ha logrado apaciguar a las ONG, un eventual segundo cuatrienio de Uribe necesitaría continuidad y por eso el Vicepresidente suena como candidato a ocupar la Cancillería. Una hipótesis factible que, sin embargo, pone de relieve su mayor debilidad: chocaría con una posible aspiración de su primo, Juan Manuel Santos -triunfante líder de 'La U'- a quien los analistas políticos ven en un cargo de primera línea en el próximo gabinete.

Patricia Lara, el ‘palo’

Carlos Gaviria, el candidato del Polo Democrático Alternativo, fue el que más sorprendió con la escogencia de su fórmula vicepresidencial. Patricia Lara no figuraba en los cálculos de nadie, ni hacía parte de su campaña. Su carrera profesional se ha encauzado hacia el periodismo y, más recientemente, como novelista. Su origen es más afín al liberalismo (fue cercana al ex presidente Carlos Lleras) que a las organizaciones de izquierda.

Sin embargo, a Gaviria no le convenía hacer una jugada predecible. Le ofreció el cargo a Antonio Navarro como gesto para consolidar la unión entre el 'Polo' y 'Alternativa', pero una candidatura que fue el único palo de las elecciones del 12 de marzo tenía que mantener el impulso demostrando que no ha agotado su vocación innovadora. Patricia es mujer, descontaminada de la política y respetada por sus condiciones intelectuales. Igual que Uribe hace cuatro años, Carlos Gaviria encontró su fórmula en el periodismo.

El candidato único de la izquierda, además, les madrugó a sus compañeros de coalición con el anuncio del nombramiento, antes de que se activaran las innumerables aspiraciones de las distintas facciones y los consabidos llamados al debate interminable. Fue un acto de independencia y una señal de que la victoria de 'Alternativa' sobre el 'Polo' no necesariamente significa que el radicalismo se tomó el poder.

La selección de Lara fue bien recibida, en general, aunque con más sorpresa que beneplácito. Y, paradójicamente, el escepticismo corrió por cuenta de algunos de sus colegas en los medios de comunicación. También entre algunas de las facciones que apoyan la coalición de izquierda, cuya convivencia con una representante de la 'gran prensa' puede ser difícil.

María Isabel Patiño, el polo a tierra

Antanas Mockus se inscribió con su ex directora del IDU, María Isabel Patiño, en vísperas de las elecciones del 12 de marzo. La expectativa electoral hizo que su nombramiento pasara inadvertido, lo cual denota un error de manejo en la estrategia de comunicaciones del candidato. También es una prueba más de que a la campaña de Mockus le falta gerencia, aterrizar su proyecto y sintonizarse con las realidades políticas.
Si Mockus es un filósofo y un académico, María Isabel es una ejecutora y una pragmática. En sus fueros íntimos había decidido apartarse de la vida pública después de las múltiples investigaciones que ha tenido que superar por su trabajo en el IDU. Hasta el momento, y después de meses de trabajo con abogados, todas han sido falladas a su favor. Lo anterior le permite volver a mirar sus inquietudes profesionales con mayor libertad. Se identifica con la posición de Mockus, en la medida en que la entiende como una alternativa más democrática que Uribe, pero no una oposición radical. Y cree que el espacio político le permitirá cumplir responsabilidades sociales.

Con su nombramiento, Mockus insiste en que el suyo es un proyecto colectivo, conformado por personas identificadas con los mismos ideales. Patiño es una mujer de armas tomar y la menor en edad entre los vices. El hecho de elevar como fórmula a una bogotana y colaboradora de los tiempos de la alcaldía refuerza el mensaje de que el presidente Uribe no es el único que tiene resultados que mostrar en esta campaña. Falta ver, sin embargo, si Patiño pone el elemento que ha hecho falta para que la candidatura del ex alcalde sea percibida como una opción viable.

Iván Marulanda, la consistencia

Cuando el candidato liberal, Horacio Serpa, anunció el martes pasado el nombre de su coequipero, Iván Marulanda, la noticia no produjo ni rechazo ni emoción. Hubo elogios a la trayectoria y la personalidad del 'vice', y escepticismo sobre su capacidad de sumarle a la campaña serpista el dinamismo y el cambio de rumbo que necesita para superar su poca competitividad frente a Uribe.

Marulanda es un hombre serio, honesto y respetado por sus conocimientos en economía. Sin embargo, en sus candidaturas a la alcaldía de Medellín y al Senado apenas ha superado los 3.500 votos. Es poco lo que suma. En las campañas de 1998 y 2002, Serpa escogió como fórmulas a María Emma Mejía, en busca de puentes con el establecimiento, y a José Gregorio Hernández, conservador, para procurar votos externos al liberalismo. En 2006 la estrategia fue diferente: un amigo político que lo acompañó en las campañas anteriores y comparte sus pensamientos sobre la necesidad de que el Partido Liberal asuma banderas socialdemócratas. Y un ex galanista de línea dura durante el proceso 8.000 que termina de des-samperizar a Serpa. La escogencia de Marulanda fue mejor recibida por César Gaviria que por Ernesto Samper.

El mensaje que transmite Serpa es que ante todo busca coherencia con el proyecto de unión entre el oficialismo y el gavirismo. Marulanda ha sido un fuerte crítico del gobierno del presidente Uribe y en su calidad de ex constituyente defiende la Carta Política del 91. Con una mayor trayectoria que Serpa en materia económica, coincide en planteamientos heterodoxos que en boca de su jefe han sido tachados de poco modernos y demagógicos. Todo esto es positivo para la fórmula liberal.

Lo negativo tiene que ver con la sensación de que Serpa hizo un nombramiento que habría sido más efectivo en el pasado que en el presente. La división liberal que hoy debilita su opción no es con el galanismo, sino con el uribismo. Y Marulanda no arrastra un solo voto reeleccionista.
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