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| 5/27/2015 10:00:00 PM

De dueña de bus a vendedora de dulces en Transmilenio

Luz Marina Pérez es una mujer de 50 años que perdió su capital tras la implementación del SITP.

El cambio de los buses tradicionales al Sistema de Transporte Público de Bogotá (SITP) ha sido traumático para el Distrito. Dos de las empresas que asocian a los pequeños propietarios están en la ruina. Y así tienen también a sus asociados.

Este es el caso de Luz Marina Pérez, quien pasó de ser propietaria de un bus y recibir una mensualidad de seis millones de pesos -en promedio- a vender dulces en Transmilenio.

El triste caso demuestra cómo la ineficiencia del Estado, sumada a la insensibilidad de los bancos, ha dejado a una mujer de 50 años con una deuda de más de 108 millones de pesos por un bus que compró con la pensión de su esposo fallecido.

El primero de junio el Distrito tomará las riendas del transporte tradicional en Bogotá. Los buses pasarán a ser manejados por Transmilenio, en un proceso que busca cambiar un sistema de transporte desordenado por uno centralizado y más organizado.

Ruta al cambio


En la campaña del 2007 el candidato Samuel Moreno tenía como propuesta, aparte del metro, centralizar el transporte público en 13 zonas. Tras ser elegido, la idea pasó del papel a la realidad y luego de un paro de transportadores del 2011 el alcalde acordó con los dueños de los buses que sus vehículos serían integrados y otros chatarrizados por viejos.

El caso de Luz Marina Pérez quedó entre los primeros: su bus un Chevrolet NPR modelo 2007 entró en el 2012 a la flota de Egobús, una de las empresas creadas para manejar las rutas un sector de Bogotá. Hoy está quebrada. En ese momento arrancó su tragedia.

Luego de que le anularon su tarjeta de operación, el vehículo pasó a manos de esa empresa, que inició el proceso de transformación, cambio de color y sillas. Sin embargo, su carro nunca entró en operación y quedó arrumado en un lote donde sigue actualmente.

Arruinada   


Las deudas no dan espera. Luz Marina no sólo dejó de recibir los seis millones de pesos mensuales que le rentaba el automotor, también la empresa Egobús le incumplió con la cancelación de la renta mensual por 2,4 millones pesos, un valor mucho menor a lo recibido en el sistema tradicional.

Los 30 millones de la deuda por las cuotas del bus a leasing Bolívar se acumularon a tal punto, que tras deber 60 millones ahora le adeuda a la entidad 108 millones de pesos. Esto, tras una pago de más de 20 millones. “Los intereses y los honorarios de los abogados me están arruinado”, aseguró.

Como si esto ya no fuera una desventura, en el 2014 y por solicitud del banco, la Sijín le embargó una camioneta escolar que estaba como prenda de la deuda del bus. “No la entregué a las buenas”, contó a Semana.com. La razón era obvia: el vehículo ayudaba para pagar sus gastos.

Vendedora de dulces


El cambio del sistema de transporte ha sido una maldición para esta mujer y cerca de 3.380 pequeños propietarios que están en similares condiciones, sin que sus carros renten ellos tienen que pagar las deudas a los bancos.

Luz Marina dejó su cómoda residencia en el norte de Bogotá y se fue a vivir a Cazucá, una deprimida zona del vecino municipio de Soacha. Su residencia no tiene las comodidades de antes, está en obra negra y paga 200.000 pesos de arriendo.

Para sostenerse, esta mujer tuvo que salir a vender dulces en Transmilenio y con ello mantener a su familia, su padre de 80 años y una hermana con síndrome de Down. Su hija no volvió a la universidad hace dos semestres. “Me duele que tras ser propietaria, ahora estoy mendigando”.

Quién es el responsable


El concejal Jairo Cardoso conoce el tema y tiene planeado un debate de control político en el cabildo. Aseguró que los responsables de que más de 3.380 propietarios estén en estas condiciones son el Distrito y las empresas. Los primeros, porque impusieron un modelo de transporte con “mucha improvisación”, ya que “no se calculó el número real de pasajeros que se subirían a los buses azules”.

Las empresas Coobus y Egobús también son responsables, ya que de manera arbitraria cancelaron las tarjetas de operación. Tampoco tuvieron en cuenta los gastos administrativos que al final los llevaron a una crisis financiera. “Varios de los pequeños propietarios tuvieron que perder su capital cultivado por décadas de trabajo”, señaló el concejal Cardoso.

Ahora estos propietarios esperan el plan de salvamento. Transmilenio se comprometió en ayudarle a la mujer y revisar su situación. “Hay que mirar estos casos uno a uno. La empresa está atendiendo este tipo de problemas con los concesionarios”, dijo el subgerente de comunicaciones y atención al usuario, Humberto Gómez.

Mientras eso sucede, Luz Marina responsabiliza al propio alcalde: “a mí Petro me llevó a la pobreza absoluta”.
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