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| 4/18/2017 12:04:00 PM

"Ella murió esperando la pensión": hija de madre comunitaria

La decisión de la corte de reversar su fallo pone fin al sueño de 106 mujeres de recibir salarios y prestaciones retroactivas; podrán cobrar subsidios pensionales por ley. Estas son las historias de quienes creyeron durante cinco meses que habían ganado la batalla.

El 9 de diciembre de 2016 la familia de Luz Marina García lloraba su muerte. Sólo habían pasado ocho días desde que ella los llamó para darles la buena nueva: “Mija gracias a Dios, por fin me pensionaron, salí entre las primeras por salud, edad y vigencia”.

Doña Luz, que tuvo 10 hijos propios y muchos prestados, dijo que ese 1 de diciembre fue uno de los más felices de su vida. Fue una mujer que por 29 años se dedicó a cuidar a los niños de Cali, fue madre comunitaria hasta su último aliento.

Ella, al igual que otras 105 madres comunitarias, luchó durante casi una década por sus derechos laborales. Y no fue la única que murió creyendo que disfrutaría del fallo de la Corte Constitucional que durante cinco meses les concedió el deseo de tener pensión y salarios retroactivos. Otras cuatro mujeres, accionarias de la controversial sentencia, partieron creyendo que accederían a los beneficios: María Orfelina Taquez de la Cruz, Antonia Carabalí García, Luz Marina García de Izquierdo, Isaura Lasso de Muñoz y María Dolores Parra de Rivera pedían pagos por haber trabajado, algunas, desde 1988. 

Este lunes, al revisar la solicitud de nulidad del Bienestar Familiar, que alegó una amenaza a la estabilidad fiscal de la entidad, la Corte Constitucional tumbó parcialmente su decisión, con lo que negó la existencia de un contrato realidad y por tanto de derechos salariales o de prestaciones sociales. Impartió una orden para que en los casos de las 106 madres accionantes sean cobijadas de inmediato con leyes que en 1999, en el 2006 y en el 2011, les concedieron subsidios pensionales a quienes aún no alcanzaran los requisitos de pensión. De manera, que el centenar de madres que aun están con vida tampoco cumplirán su sueño por completo. 

Doña Luz era la ‘abuela’, así le decían porque pasaban la mayor parte del día a su lado, ella les daba de comer y los atendía con todo lo que sus fuerzas le permitían. No los podía dejar asomar mucho a la ventana, era peligroso. Su hija María del Carmen cuenta que El Retiro, el barrio donde queda su casa, es muy humilde y existen las llamadas ‘líneas imaginarias’, entre bandas las crearon y si alguien las pasa “se forman los problemas”, por eso su mamá tenía que estar muy pendiente de los pequeños.

Todos los días a las 5:30 de la mañana doña Luz se levantaba, hacía un tinto y se alistaba para recibir a los niños que llegaban a las ocho, o antes si algún papá le pedía el favor. Era muy activa pero a sus 73 años los achaques se le notaban. Toda la vida sufrió de una vena varicosa, tuvo cáncer de colon por lo que fue intervenida quirúrgicamente y, según María del Carmen, la operación le provocó una colostomía.

“Ella se vio muy mal y por el lado de Bienestar (ICBF) le dijeron que tenía que seguir trabajando. Cumplió la incapacidad médica y siguió (...) ella no se retiraba porque decía que no quería depender de nadie, que quería tener su propio dinero”, dijo.

"Ella no se retiraba porque decía que no quería depender de nadie, que quería tener su propio dinero”

Guillermo Muñoz, el esposo de Isaura Lasso, tiene la voz triste. Hace un año y medio la mujer con la que compartió 47 años de vida murió. Ella era una de las beneficiarias de la sentencia de la Corte, su condición fue catalogada como “especial”, es decir tenía todos los males juntos: ingreso inferior a un salario mínimo, era de un sector deprimido económica y socialmente, pertenecía a un grupo poblacional marginado de las garantías laborales y su estatus personal era de la tercera edad.

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Los últimos días de vida, doña Isaura los pasó enferma, ya se había retirado de su trabajo como madre comunitaria, tenía 68 años y una diabetes que le había afectado sus órganos. Para don Guillermo lo que agravó la situación de su esposa fue el corto tiempo que tenía para ir a hacerse las diálisis mientras fue madre comunitaria. "Ese fue el mal peor", dice con resignación.

Isaura atendía los niños de las mujeres del Peñol, un pueblo de Nariño, mientras ellas se iban a las cosechas de café. Y ella se quedaba con 15 o 20 pequeños. "Tenían que contentarse con el sueldito que les pagaban y además de eso los que daban la remesa se quedaban con cosas y no les daban completo, entonces cuando faltaba nosotros poníamos de lo que teníamos porque quién iba a dejar aguantar hambre a los niños", cuenta Guillermo. Él mismo colaboraba con el dinero de la siembra de café, fríjol y con los jornales que le salían cuando sus fuerzas le alcanzaban para trabajar.

Hoy en día Guillermo depende de sus hijos, pero recuerda con claridad que cuando Isaura tenía que ir a hacerse la diálisis él la acompañaba, incluso la bañaba y la ayudaba en todo porque ella ya no podía. "Ahora que ella ya murió tengo depresión porque la extraño mucho", dice mientras poco a poco baja su voz y el silencio entra a reinar en la conversación.

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Las cinco mujeres que ya murieron y que no vieron un centavo de su pensión estaban enfermas, no aguantaron, pero no son las únicas en esta condición. El fallo ordena darle prioridad al centenar de mujeres que, según la última actualización de la Ley en el 2011, les concedió la posibilidad de que el ICBF asuma la diferencia entre lo otorgado por el Programa de Protección Social al Adulto Mayor y el valor que se establece a continuación: quienes lleven entre 10 y 15 años, $220.000; entre 15 y 20 años $260.000 y más de 20 años $280.000.

“Cuando le hicieron el homenaje a mi mamá quedé impresionada, las abuelas que salieron en la lista y que fueron a dar su pésame eran morochas con el pelo ya blanco, mi mamá se veía joven al lado de ellas”, cuenta María del Carmen.

"El mencionado trato discriminatorio se caracteriza por ser de índole público, compuesto, continuado, sistemático y de relevancia constitucional"

Aunque desde el 2014, la Ley colombiana cobijó a las madres comunitarias con el pago de un salario mínimo y las prestaciones de Ley, una gran mayoría están vinculadas desde décadas antes a la institución. Y son precisamente ellas las que, sin ver un peso del dinero que creyeron haber ganado en noviembre del año pasado, acaban de perder esta batalla en la Corte Constitucional. 

*Periodista de Semana.com

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