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| 11/13/2010 12:00:00 AM

Malos hábitos

Cada vez son más los escándalos que ponen a pensar al clero caleño. Los casos de pederastia y de burla al celibato comienzan a dejar de ser hechos aislados.

Con el cristo de espaldas. Así se resume este año para la comunidad católica en la capital del Valle, tras la racha de bochornosos episodios que han puesto en la picota pública a algunos de sus más reconocidos sacerdotes.

Aunque ninguna de las tres condenas que este año se han impartido en Colombia a párrocos por casos de abuso sexual ha recaído sobre prelados de esta jurisdicción, los escándalos en la arquidiócesis de Cali parecen estar convirtiéndose en una maldición que no da tregua.

Todo comenzó el año pasado, cuando el ex sacerdote caleño Germán Robledo publicó su polémico libro ¿Hacia un clero gay? y levantó gran polvareda. En él relató con detalles "episodios de homosexualismo, pederastia, promiscuidad y corrupción al interior de la diócesis". El libro revive con pruebas el penoso escándalo que involucró al ex sacerdote Fred Potes, señalado por la comunidad de tener relaciones sexuales con jóvenes y pagar con limosnas esos favores. En 2004, la Fiscalía le abrió una investigación preliminar, pero el caso fue archivado. La mala noticia para los devotos caleños es que, según dijo Robledo a SEMANA, alista para este año una segunda entrega de 2.000 ejemplares y adelanta gestiones con la librería virtual amazon.com para venderlo en versión digital.

La diócesis de la capital del Valle no se había repuesto del golpe que le produjo el libro cuando en julio pasado un juez de la ciudad acogió la petición de un fiscal de aplicar detención preventiva intramural contra otro sacerdote, esta vez acusado por el delito de acceso carnal abusivo con menor de 14 años. La decisión recayó contra el párroco William Mazo Pérez, quien ejercía en el deprimido distrito de Aguablanca. Según la Fiscalía, "el cura habría abusado de tres hermanos de 10, 11 y 12 años de edad, a cambio de dinero y regalos". Mazo se encuentra recluido en la cárcel Villahermosa de Cali, a la espera del juicio.

A finales de octubre, otro nuevo episodio volvió a golpear al clero. Esta vez el tema tomó visos internacionales cuando la agencia AP reveló que en documentos desclasificados de la Iglesia católica en Estados Unidos, tras la investigación que se adelanta por la demanda de 144 personas que dicen haber sido abusadas por sacerdotes, se descubrió que entre los 48 clérigos señalados o condenados figura el cura caleño Luis Eugene de Francisco. Al párroco le perdonaron el delito de abuso sexual infantil ocurrido en 1963, a cambio de retornar de inmediato a su diócesis en Colombia. El padre murió hace meses en la capital del Valle. Al destapar este nuevo caso, los caleños recordaron el doloroso proceso de 2006 en el que el cura Víctor Blanco y el religioso Guillermo Penilla abusaban de los niños del albergue Mi Casa. Por ese hecho hubo condenas.

A los casos de pederastia se sumó recientemente otro escándalo protagonizado por el sacerdote Rodrigo Carvajal Vargas, quien tenía relaciones con dos mujeres. Lo paradójico del caso es que el cura oficiaba en la capilla La Merced, que es justamente donde la crema y nata caleña contrae nupcias y promete fidelidad.

El clérigo fue denunciado por una de sus amantes tras descubrir que este mantenía en secreto otra relación amorosa desde hace 20 años, "A mí me trataba como a la amante y a la otra señora, como a su esposa. Era un depravado que solo me buscaba para motelear", confesó a SEMANA una de las mujeres.

Frente a este caso y el del cura Mazo, la arquidiócesis de Cali, a través de su obispo coadjutor Darío Monsalve, reaccionó suspendiéndolos de sus funciones sacerdotales y lamentando los hechos.
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