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| 1/22/1990 12:00:00 AM

MAMERTOS vs. PERESTROIKOS

Secuestro, reuniones secretas, zancadillas a Jaramillo Ossa, y Santofimio como gallo tapado del Partido Comunista, los elementos de la crisis de la Unión Patriótica.

Mientras el mundo ve caer en pedazos el Muro de Berlín y presencia atónito los efectos de la perestroika en Hungría, Checoslovaquia, Polonia y Alemania Democrática, el Partido Comunista Colombiano se sigue rehusando a entrar en la era Gorbachov. Así lo demuestran las evidentes discrepancias entre los ortodoxos dirigentes del partido y la linea blanda liderada por la Unión Patriótica que finalmente salieron a la luz pública la semana pasada.

Un artículo publicado en El Tiempo, según el cual el Comité Central del Partido Comunista se habría reunido con el fin de postular a Alberto Santofimio como su candidato y desbancar a Bernardo Jaramillo Ossa, elegido oficialmente como candidato de la UP en el congreso nacional de septiembre, fue la piedra que destapó por fin el debate.

Según el periódico, la división entre las dos corrientes había llegado a tal punto que, además, el secretariado de las FARC tendría secuestrado en La Uribe al secretario de la UP, Guillermo Banguero, hasta tanto la dirigencia del Partido Comunista no aclare las actuaciones independentistas de este dentro de la Unión Patriótica.

Al parecer, las diferencias entre las dos facciones son, en realidad, de vieja data y tienen su origen básicamente en una aguda pugna por el poder entre la antigua dirigencia del PC, los más recientes dirigentes de la UP y el propio Jacobo Arenas. A raíz de las conversaciones de paz entre el gobierno de Belisario Betancur y las FARC, a Arenas se le abrieron las agallas y quiso--a través de la naciente UP-montar todo un andamiaje político que finalmente le permitiera retornar a la vida civil, pero entrando por la puerta grande de la candidatura presidencial. Para ello, designó a los guerrilleros más preparados política e ideológicamente como sus directos representantes en la UP: Braulio Herrera, Urías Oyaga, Gustavo Polo, Guillermo Banguero y Alvaro Salazar, quienes abandonaron la lucha militar para incorporarse a la UP.

El proyecto de Arenas, sin embargo, pronto se vio frustrado por la sagacidad de independencia de sus propios hombres. Por un lado Herrera, obnubilado por el aparente éxito que estaba teniendo en su gestión política y parlamentaria, comenzó a actuar con tanta libertad que llegó a convertirse prácticamente en un rival del propio Jacobo. Por el otro, Salazar y Banguero--molestos por el excesivo poder que ejercía Herrera-decidieron buscar nuevos aliados en miembros de la UP, como José Antequera y Bernardo Jaramillo Ossa.

Fue entonces cuando en el Foro por la Paz y la Democracia, celebrado en Ibagué, en febrero pasado, se hizo evidente una nueva configuración de poder, que se constituyó, a su vez, en un realinderamiento ideológico. La UP, encabezada por Jaramillo Ossa y respaldada por Banguero, Salazar y Antequera, se atrevió a condenar las acciones de boleteo, extorsión y secuestro practicadas por las FARC e indirectamente señaló el mantenimiento de estas prácticas como el pretexto aprovechado por la derecha organizada militarmente para continuar asesinando a los miembros de la UP.

La reaccion inmediata del Comité Central del PC fue llamar a juicio a los gestores de la idea y encargar al concejal Carlos Romero y al senador Hernando Hurtado de recuperar el control ideológico del Partido. Pero ya era tarde. Los perestroikos de la UP habían tomado vuelo suficiente como para actuar por cuenta propia llegando incluso a dirigirse a todos los movimientos alzados en armas, solicitándoles una reconsideración de la lucha armada como el camino adecuado para llegar al poder. El partido decidió, entonces, ser aún más drástico y expulsar a los rebeldes. Pero, sorpresivamente, estos fueron apoyados por Gilberto Vieira, uno de los más antiguos dirigentes comunistas, quien con su intervención logró detener la acción punitiva de los camaradas.

Simultáneamente, a nivel mundial se dio el mayor cambio registrado hasta ahora en la historia del bloque comunista. Gorbachov y su perestroika lograron finalmente que no sólo la Unión Soviética sino también la mayoría de los países del bloque socialista se atrevieran a realizar un proceso de autocrítica que arrojó como resultado un replanteamiento casi total del sistema económico y político marxista-leninista, cuya eficacia fue duramente cuestionada. El ambiente internacional terminó asi por darle la razón a quienes en Colombia defendían también el abandono de la vieja ortodoxia.
Pero los antiguos camaradas no se dieron por vencidos. Encabezados por Manuel Cepeda (jefe de propaganda) y el concejal Carlos Romero, buscaron como nueva estrategia antes del congreso nacional de la UP barajarle la candidatura a Jaramillo Ossa.
Para ello se postularon varios nombres, incluidos los del ex procurador Carlos Jiménez Gómez, el presidente de la UP, Diego Montaña y el de Alberto Santofimio Botero. Pero los perestroikos volvieron a ganar y Jaramillo Ossa fue elegido candidato por una amplia mayoría.

Y LAS FARC ¿QUE?
Pero el deterioro de las relaciones de la Unión Patriótica con sus aliado comunistas no se limitó al ámbito de partido. Poco a poco también se fué haciendo evidente la gran descisión entre la UP y las FARC. Pesde la configuración como movimiento político, la Unión Patriótica se vió a gatas para manejar ante la opinión la doble posición asumida por la FARC frente a los acuerdos de paz, tregua en el secretariado y combates en los frentes.

Aunque una y otra vez los dirigentes de la UP trataron de explicar la independencia política entre ellos y La Uribe, es claro que la prolongación la lucha armada por parte de las FARC, mientras la UP trataba de consolidarse como partido político constituía una contradicción que a la larga resultaba imposible de manejar.

Cuando la ruptura con el partido se hace evidente, Jaramillo Ossa y su grupo se dan cuenta de que si ya no tiene sentido continuar intentando acercamientos con el brazo político, mucho menos sentido tiene hacerlo con el brazo armado. La cadena de condenas que se inicia en febrero en el oro por la Paz y continúa con la cara abierta a los alzados en armas termina finalmente en una tajante declaración de Jaramillo Ossa en una entrevista, en la cual expresa abiertanente, y ya como candidato presidenial, no sólo que rechaza la combinación de las formas de lucha como estrategia política, sino que, además, está convencido de que la guerrilla no tiene ninguna opción de victoria en Colombia.

Este es el contexto dentro del cual se produjo, hace cerca de dos meses, el supuesto secuestro del secretario de la UP por el secretariado general de las FARC. El hecho ha sido negado rotundamente por el Partido Comunista que asegura que Banguero está en La Uribe realizando una "misión de paz", encomendada por la UP, consistente en verificar el estado de las conversaciones entre la coordinadora y el gobierno. La UP, a través de su presidente, Diego Montaña Cuéllar, niega, sin embargo, haberle encomendado misión alguna a Banguero quien, según el dirigente del PC, Manuel Cepeda, "estará de regreso muy pronto".

Y es también el marco dentro de cual se da la reunión del Comité Central del Partido Comunista para proponer a Alberto Santofimio como candidato de la izquierda a la Presidencia de la República. Al cierre de esta edición se desconocían aún la reacciones de Santofimio y de Jaramillo Ossa--quien se encuentra en Europa--a la propuesta. Pero lo que sí era evidente es que difícilmente después de haberse ventilado de tal manera los trapos al sol por dirigentes de uno y otro lado, fuera posible aún una reconciliación que impidiera ruptura definitiva de la izquierda.

Así las cosas, el escenario político dentro del cual se moverán los partidos políticos distintos al liberal y conservador dentro del próximo proceso electoral, se complica. Ahora no sólo se trata de que el M-19 y el gobierno encuentren una nueva fórmula que le permita a este grupo guerrillero la reincorporación a la vida civil tras el fracaso del referendo y de la circunscripción especial, sino además que la izquierda ya institucionalizada logre, en medio de sus hondas diferencias, presentarse a la contienda. La distribución de las fuerzas en uno y otro bloque aún no es muy clara y por tanto la gran incógnita quién logrará imponerse a la hora la batalla final: los ortodoxos o "perestroikos", una definición detras de la cual se puede estar jugando también una buena parte de la paz del país.-
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