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| 9/7/1987 12:00:00 AM

MAN: MUERTE A NEGOCIADORES

24 balazos y muchos interrogantes en la desaparición de la pareja clave del secuestro de Camila.

Los dos cuerpos tenían doce impactos de bala de pistola calibre 45. Habían aparecido, hace dos semanas, en la vereda Llanos de Navas en el municipio de Curití (Santander) y fueron enterrados como N.N. porque no llevaban identificación y nadie los reclamó en el anfiteatro. Una foto que publicó el diario El Tiempo el cinco de agosto y que daba cuenta de la desaparición del negociador por parte del M-19 en el secuestro de Camila Michelsen, dio las primeras pistas que, posteriormente, confirmarían lo que se venía rumorando, desde hace varias semanas, en círculos de izquierda: que Gerardo Quevedo Cobo, conocido como Pedro Pacheco, comandante del M-19, tercero en la jerarquía de ese movimiento y negociador del rescate, había sido asesinado. Su desaparición estaba rodeada de misterio.

¿QUIENES ERAN?
Gerardo Quevedo C., de 38 años, ingeniero industrial de la Universidad de América, había sido gerente de la revista Alternativa entre 1977 y 1979. Un año después, salió de Colombia y todo indica que entró en la clandestinidad puesto que, durante los últimos siete años, su familia nunca supo donde vivía. Simplemente les decía que viajaba mucho y se reportaba telefónicamente de cuando en cuando. Como las pocas reuniones que tenían con él eran en hoteles en Panamá, presumían que vivía en esa ciudad. Sin embargo, SEMANA se ha enterado que pasaba largas temporadas en Venezuela y que sus responsabilidades dentro del M-19 eran dos: la administración de las finanzas y la de servir de enlace con otras organizaciones subversivas internacionales.
Su compañera era, María del Pilar Zuluaga, una bella muchacha de 28 años, hija de la cónsul de Colombia en Ciudad Bolívar (Venezuela). Había sido presentadora del Noticiero de Cinevisión en 1985, pero su vida se complicó cuando su hermano Oscar Zuluaga, militante del M-19, murió en un ataque al Batallón Cisneros en Armenia. Alegando hostigamiento por parte de los militares, como consecuencia de su parentesco con el guerrillero muerto,se trasladó a vivir a Venezuela, en donde permaneció por un año. Durante este mismo período Quevedo pasó largas temporadas en ese país. Recientemente María del Pilar estuvo más tiempo en Bogotá y se la vio en compañía de Quevedo, quien manifestaba estar muy enamorado de ella y cariñosamente la llamaba "la negra".

LAS NEGOCIACIONES
Aunque oficialmente el interlocutor de los Michelsen en las negociaciones fue el controvertido político costarricense de izquierda, Juan José Echeverría, quien manejó detrás de bambalinas todo el delicado proceso fue Gerardo Quevedo. EL pago del rescate por Camila Michelsen tuvo lugar el 16 de mayo en Costa Rica y se acordó que la muchacha sería liberada antes de un mes. Pocos días después Quevedo llegó de Costa Rica a Colombia. El 26 de mayo, en compañía de María del Pilar, tomó un avión a Cali, en donde permanecieron por espacio de dos días. Allí se rumora, tuvo lugar una reunión con sus compañeros del M-19. El 28 de mayo regresaron a Bogotá en un avión de Avianca utilizando otros nombres. Desde el aeropuerto de Palmaseca, Maria del Pilar llamó a su abuela, quien vive en Cali, a decirle que lamentablemente no había podido verla pero que llamaba para despedirse. También llamó a su padre a Girardot, quien al enterarse de que faltaban tres horas para que tomara el avión, se ofreció a subir a Bogotá para recogerla en el aeropuerto. Ella declinó diciendo que le habían prestado un carro y que lo tenía en el parqueadero del puente aéreo de Eldorado.

EL CARRO
Esa referencia al automóvil prestado habría de convertirse en la clave de esta misteriosa desaparición. El 14 de julio, es decir un mes y medio después, Alvaro Zuluaga Nieto, el padre de María del Pilar, preocupado por no haber oido una palabra de su hija en este lapso, elevó formalmente ante la Procuraduría denuncia por su desaparición. Lo que le sucedió ese mismo día a Zuluaga constituye una extraordinaria coincidencia en este caso. Regresando a su casa en Girardot y en razón a que el puente sobre el río Sumapaz estaba en reparación, entró a la población de Melgar. Se sentó en el restaurante Kokorico, que queda en el parque principal, diagonal a la estación de Policía y según sus propias palabras en declaración a la Procuraduría: "Cual no sería mi sorpresa cuando apareció por la esquina y por la misma vía, el automóvil Fiat 147, color negro, con rayas rojas y naranja, de placas GL 3999 y con una calcomanía grande en el vidrio trasero". Como Zuluaga había estado con su hija antes del viaje a Cali en ese mismo automóvil y ella hizo referencia a un carro prestado en la última conversación telefónica que sostuvieron, procedió a observar cómo el vehículo entraba en el garaje de la estación de Policía en Melgar y que de él se bajaron cuatro Policías. Al ubicarlo en el garaje, Zuluaga volvió al día siguiente a ese lugar con una cámara de fotografía, tomó unas fotos y las llevó a la Procuraduría, para anexarlas a la denuncia que ya había formulado. La Procuraduría le hizo el seguimiento a la pista del automóvil y estableció con el parqueadero del puente aéreo de Eldorado que un vehículo con esa placa habia salido el 28 de mayo a las 20.08 horas, fecha en la que la pareja Quevedo-Zuluaga regresó de Cali. También estableció la Procuraduría que el vehículo fue hallado por la Policía abandonado en Melgar, en los primeros días del mes junio, en las cercanías a la oficina de tránsito de esa localidad y que éste había procedido a conducirlo a la estación con una grúa. Posteriormente se llenaron los requisitos del caso mediante una acta de recuperación de un vehículo abandonado.
Alarmados los familiares de María del Pilar sobre la misteriosa aparición del carro, procedieron a entrar en contacto con el procurador para las Fuerzas Militares, Omar Henry Velasco, con Luis Carlos Galán y con Alfredo Vázquez Carrizosa, para solicitarles su intervención en este asunto con el objeto de establecer el paradero de su hija. Velasco, en presencia de los familiares se comunicó con diversos centros de reclusión, incluyendo la base militar de Tolemaida, para averiguar si allí se encontraban civiles detenidos. En todas partes la respuesta fue negativa. Luis Carlos Galán, tomó cartas en el asunto, por ser amigo personal de la madre de María del Pilar, y llegó incluso a plantearle al Presidente de la República el caso. Vázquez Carrizosa, como presidente del Comité de los Derechos Humanos, hizo también lo que pudo, pero como los anteriores, todos los esfuerzos fueron en vano.
Por su parte el M-19 también se movilizaba. Juan José Echeverría, el negociador costarricense le informó a la familia Michelsen que su contacto con el M-19 había desaparecido y que esto complicaba la entrega de Camila. Le solicitó tratar de obtener información de las autoridades colombianas sobre el posible paradero del comandante Pacheco. Pablo Michelsen entró en contacto con el jefe del DAS, general Miguel Maza Márquez, para solicitarle ayuda en encontrar al negociador del secuestro de su hermana. El general no tenía la menor idea sobre el asunto y le recomendó dirigirse al Presidente y al ministro de Defensa.
El dos de julio el M-19 sacó un comunicado firmado por Pedro Pacheco exigiendo a Jaime Michelsen la indemnización de los ahorradores en el caso de los Fondos. La exigencia era bastante exótica, puesto que no sólo iba en contra de los acuerdos a que se había llegado en Costa Rica, sino que era además impracticable, puesto que Michelsen acababa de pagar quinientos mil dólares. Por otro lado, la Superintendencia Bancaria y la Comisión de Valores emitieron comunicados certificando que el banquero había quedado a paz y salvo con los ahorradores .
Como en el momento de la entrega del boletín del M-19, Quevedo ya llevaba un mes de desaparecido, la falsificación de su firma hace pensar que las exigencias del grupo guerrillero eran simplemente una estrategia para quemar tiempo tratando de encontrarlo antes de entregar a Camila. La joven fue finalmente liberada el jueves 31 de julio, ocho días antes de la aparición de los cadáveres.
Varias incógnitas surgen de todo este episodio. En primer lugar, quién o quiénes asesinaron a Gerardo Quevedo Cobo y a María del Pilar Zuluaga. Dos versiones al respecto han circulado hasta ahora. La que más ha corrido es la del ajusticiamiento de la pareja por parte del M-19, como consecuencia del aprovechamiento personal del dinero del rescate. A pesar de que, al final de la semana, estaba circulando un comunicado firmado por Carlos Pizarro, el número uno del M-19 corroborando esta teoría, existen algunas dudas al respecto. Si el M-19 le solicitó a la familia Michelsen que interviniera ante el gobierno para tratar de encontrar el paradero de su negociador y su compañera, no se explicaría porqué ellos mismos los hubieran matado. En todo caso no se podrá hacer claridad sobre este asunto mientras Carlos Pizarro quien supuestamente firma el comunicado, no lo desautorice.
La otra versión, que inevitablemente aparece, es la de que los responsables fueron los organismos de seguridad. Los familiares de los dos miembros del M-19 se inclina por ésta, ya que consideran sospechoso que el vehículo en donde la pareja se movilizaba hubiera aparecido en las dependencias de la Policía de Melgar (municipio en donde se encuentra la base mililar de Tolemaida). Esta teoría, sin embargo, no explicaría porqué la captura no sirvió para agilizar la liberación de Camila. Además, si se tiene en cuenta que el asesinato de los dos negociadores ponía en peligro la vida de la hija de Michelsen, es difícil atribuir el crimen a los organismos de seguridad, quienes eran los mas interesados en rescatar viva a Camila.
Una pieza clave es esta investigación la dará la exhumación de los cadáveres que tendrá lugar esta semana en Curití y que permitirá establecer si hubo o no torturas, aspecto que hasta ahora no se ha mencionado en el caso.
A pesar de todo esto, siempre existe la posibilidad de que como en la mayoría de este tipo de casos, nunca se llegue a saber la totalidad de la verdad.






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