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| 2/12/2006 12:00:00 AM

Mano dura, vozarrón grande

El ultimátum del presidente Álvaro Uribe contra los paras no es viable. La participación de las AUC en política es una realidad que no se desmonta con un discurso.

Resulta difícil no comparar al presidente Álvaro Uribe que vieron los colombianos la semana pasada con su antecesor, Andrés Pastrana, durante las horas difíciles del proceso del Caguán. En dos emotivos actos, el Presidente dejó el tono tranquilo con que habitualmente maneja los asuntos de gobierno, y refleja una imagen de autoridad y don de mando, y lo reemplazó por un comunicado y un discurso exaltado y machista que inevitablemente daban la sensación de que no eran más que actitudes para generar una imagen de mano dura para controlar una situación que se está desbordando. Primero fue un ultimátum que en teoría obliga a las AUC a terminar de desmovilizarse antes del 31 de diciembre. Después, durante una ceremonia militar en el monumento a los caídos, el jueves, en un tono elevado se dirigió al director de la Policía, general Jorge Daniel Castro: "Capture a los integrantes de los grupos de autodefensa que intervengan en política. Si el señor (Ernesto) 'Báez', mientras no se culmine este proceso y no tenga el visto bueno de la justicia y no se hayan desmovilizado todos los integrantes de su grupo, va a intervenir en política en Pácora, Salamina, Aguadas o en cualquiera de esos municipios de Caldas, captúrelo, general Castro, bajo mi responsabilidad política", le dijo. Días antes se habían presentado varias manifestaciones críticas sobre la infiltración de los paramilitares en la política. El ex presidente César Gaviria ha subido el tono de sus denuncias en este sentido. Mientras se elaboran las listas de diversos partidos para las elecciones de Congreso, ha surgido toda clase de versiones y acusaciones mutuas sobre la infiltración de candidatos que responden al objetivo de los paras de aumentar su influencia en el Congreso. El propio Juan Manuel Santos, coordinador del uribista 'partido de la U', propuso un tribunal que revise todas las listas. Señales inequívocas de que el propósito de las AUC de participar en la campaña es prácticamente incontrolable. Las reacciones a las actitudes del Presidente fueron muy negativas. Las catalogaron de gestos ante la galería y, sobre todo, ante la comunidad internacional, en vísperas de su viaje a la cumbre de las Américas de Mar del Plata, Argentina. El ultimátum del martes tuvo sabor a 'penultimátum', porque para nadie es un secreto que desmovilizar a 10.000 personas en época de fin de año, después de que se necesitaron 18 meses para hacer lo propio con 8.000, es imposible. Cuando 'Ernesto Báez' salió desafiante a cuestionar la viabilidad del ultimátum, dejó la lamentable sensación de que tenía la razón. Porque tan cierto es que el plazo fijado es irreal, como que los paras no están dispuestos a renunciar a participar en política. Esa es la expectativa con la que se metieron al proceso de paz. Y la falta de realismo con que Uribe dio la sensación de querer tapar el sol con las manos es la mejor manera de eludir la adopción de reglas claras en la materia. Posponer decisiones o jugarle a ganar tiempo podría equivaler a generar una peligrosa bola de nieve que no se va a detener con una bravuconada ni con un discurso altisonante. Los tentáculos del BCB La infiltración de los paras en la política no es un asunto nuevo. En el pasado han existido denuncias sobre la participación en política en varias regiones del norte del país de comandantes de autodefensas como 'Jorge 40' o Salvatore Mancuso. Lo mismo que la influencia de 'Adolfo Paz' o 'Don Berna' en Antioquia, Martín Llanos en el Casanare y Miguel Arroyave en el Meta. La diferencia ahora, es que el blanco de la ira presidencial es un grupo poderoso pero relativamente desconocido para la opinión pública: el Bloque Central Bolívar (BCB). A muchos les sorprendió que en su acalorado discurso del jueves el Presidente se refiriera con nombre propio a un comandante de autodefensas, como 'Báez', y mucho más que diera la orden de arrestarlo. 'Báez' es la cabeza visible del BCB, que es la estructura más poderosa económica y militarmente de todas las AUC. Hace tan sólo dos años ese bloque tenía presencia en 22 departamentos. Tras la desmovilización de varias de sus estructuras, hoy actúa en 10 departamentos y tiene en sus filas 6.000 de los 10.000 hombres de las AUC que faltan por desmovilizarse. Un estudio financiado por el Pnud y la Agencia Sueca de Desarrollo Internacional (Asdi), publicado en abril pasado, afirmó que el BCB es el bloque que controla más del 50 por ciento del narcotráfico en el país. Sus hombres están en zonas clave de producción y tráfico de drogas como el bajo Cauca antioqueño, sur de Bolívar, bajo Putumayo, Catatumbo y Nariño. Además, tiene estructuras al servicio del narcotráfico en el Magdalena Medio, los Santanderes, Caquetá, Arauca y el Eje Cafetero. Los recursos que obtiene del narcotráfico le permitieron al BCB un rápido crecimiento en hombres, armas y territorio. "Desde hace varios meses ellos son los que fijan la agenda de acuerdo con sus intereses. Los comandantes que no están de acuerdo con ellos no tienen otra alternativa que someterse a las reglas de juego que quieran imponer porque nadie tiene cómo enfrentarlos", dijo a SEMANA un ex comandante del estado mayor de las AUC. "El BCB se les salió de las manos a las propias autodefensas. El gobierno se dio cuenta hace relativamente poco de que eso estaba pasando y pensó que, como ocurre en la mafia, los paras se eliminarían entre ellos. Pero eso todavía no ha pasado y los fortalecidos fueron los del BCB. Con lo que no contó el gobierno es con que ese 'enano se les creció' y ese poderío militar y económico del BCB lo utilizan, como era previsible, para sus intereses políticos", dijo por su parte a SEMANA uno de los asesores políticos de las autodefensas. Esos "intereses políticos" son los que le preocupan al Presidente. No sólo se trata de la intervención de paramilitares en política en una zona que, como Caldas, no había estado tan permeada por ese fenómeno parapolítico, sino porque detrás está una alianza aun más macabra: la paras-político-narcos. El poder de 'Báez' La influencia política de 'Báez' en Caldas quedó en evidencia en marzo pasado, a raíz del asesinato del congresista Óscar González Grisales. En ese entonces, el propio 'Báez' dejó en claro públicamente que mantenía permanente contacto y reuniones con políticos de la región, especialmente en el municipio de Aguadas de donde es oriundo. "No creí que fueran a hacerlo pasando por encima de mí", le dijo 'Báez' al diario La Patria, en una alusión a los homicidas de González y a su poder en la zona. González, quien tenía un importante caudal electoral, fue asesinado porque iba a apoyar a un candidato rival de un grupo conocido como 'Los Cocholos'. "Todo político que quiera hacer algo en ese pueblo (Aguadas) tiene que contar con el visto bueno de ''Báez'' y de 'Los Cocholos' que se mueven en época electoral comprando a 50.000 pesos el voto", afirma un político de la región. 'Los Cocholos' son miembros de una familia de la zona muy cercana a 'Báez', y tienen fuertes vínculos con el narcotráfico. A finales de los 80 miembros de ese grupo fueron investigados por narcotráfico, pero el caso no prosperó. A principios de agosto de 2004 SEMANA reveló el descubrimiento de dos modernas aeronaves, incluido un jet, en un complejo cocalero cerca de Simití, sur de Bolívar, perteneciente al BCB. Las aeronaves eran de los amigos de 'Báez', 'Los Cocholos'. El interés de 'Báez' y el BCB en la política regional no es de ahora. El Cacique Pipintá es un frente del BCB compuesto por unos 120 hombres y cuatro escuadrones de contraguerrilla que actúa en los municipios de Aguadas, Pácora, La Merced, Salamina, Aranzazu, Neira, Manizales, Villamaría, Chinchiná y Palestina. En 2001, este frente inundó a Aguadas con un panfleto en el que notificaba a candidatos al Congreso, concejales, funcionarios y al alcalde, que declaraba indeseables a los políticos corruptos y clientelistas. Los calificaba como "engendros criminales más nocivos que la guerrilla". 'Báez' fue procesado por el asesinato de dos concejales de Aguadas -Francisco de Paula López y Fabiola Ospina Duque- ocurridos en diciembre de 2001, pero la justicia lo absolvió por falta de pruebas. En Caldas los vínculos y los intereses de 'Báez' son bien conocidos, aunque por temor nadie habla públicamente de ellos. Él, en cambio, no ha negado su influencia en la región. "He ejercido la política en otros departamentos y cometí un error de lesa patria al mostrarme indiferente a lo que ocurre aquí. Hace casi un año exploro el acontecer político de Caldas y creo que es hora de sumarme a un grupo de amigos que manifestaron su propósito de trabajar en esta empresa de renovación de las costumbres políticas de mi departamento", dijo 'Báez' en una entrevista concedida al diario La Patria de Manizales, el pasado 2 de octubre; un mes antes del discurso del Presidente en el que ordenó arrestarlo si participaba en política. Las reuniones de 'Báez' en la capital de Caldas y zonas aledañas son bien conocidas. Pero, si bien la estrategia política de 'Báez' en Caldas ha sido evidente, lo que está ocurriendo en Risaralda con el jefe máximo del BCB tiene aterrados a los políticos, la sociedad y al propio gobierno. El eje de 'Macaco' Aunque 'Báez' es el jefe político del BCB y las AUC, el verdadero poder en la sombra es Carlos Mario Jiménez Naranjo, posiblemente el hombre al margen de la ley más poderoso que existe en el país actualmente. Nació en Marsella, Risaralda. Los organismos de inteligencia aseguran que trabajó para algunos capos del occidente del país durante los años 80, época en la que era conocido con el alias de 'Macaco'. A finales de los años 90 apareció como jefe paramilitar del BCB utilizando el alias de 'Javier Montañez'. 'Macaco' consolidó el poderío militar, económico y territorial del BCB en diferentes regiones del país. Paradójicamente, una de las pocas zonas en donde no había conseguido un dominio absoluto era su propia tierra, el Eje Cafetero. Aunque su camarada 'Báez' tenía influencia en Caldas, los departamentos de Risaralda y Quindío escapaban de la influencia total de 'Macaco'. La razón era muy simple. Esos departamentos, al igual que algunos municipios del norte del Valle, eran 'controlados' por Diego Montoya, alias 'Don Diego', y Wílber Varela, alias 'Jabón', dos de los capos más buscados del mundo. Estos narcos tenían ejércitos de sicarios, conocidos como los 'machos' y 'rastrojos', con los cuales ejercían poder sobre el Eje Cafetero. La presencia de los capos, involucrados en una cruenta guerra que en los últimos dos años dejó más de 1.000 muertos, fue un inconveniente para la consolidación territorial de 'Macaco' y el BCB en el Eje Cafetero. Hace dos meses, 'Macaco' acudió a su poder y consiguió que los dos narcos y sus ejércitos de sicarios pactaran la paz. Como parte de esos acuerdos el jefe del BCB hizo que 'Don Diego' entregara a uno de sus hombres de confianza, 'Pispis'. La semana pasada convenció a Varela de dejarlo entregar a uno de sus lugartenientes, Jhonny Cano. Este hombre, uno de los cinco capos más buscados del mundo, era protegido por 'Macaco' en la población de Caucasia, en donde fue capturado por la Policía. Con los narcos neutralizados, 'Macaco' se ha convertido en el hombre fuerte de los departamentos del Eje Cafetero, Valle y Chocó. Para el negocio del narcotráfico esta región es clave, lo cual era parte del objetivo del jefe del BCB. Según denuncias de líderes políticos, quienes por obvias razones pidieron reserva de sus nombres, reclutan jóvenes para integrar los ejércitos irregulares que se encargan de custodiar el corredor estratégico existente entre Risaralda, Valle y Chocó, para evacuar la droga hacia el océano Pacífico. "Una de las comunas más visitadas por miembros del BCB es Villa Santa Ana, al noroccidente de Pereira. En ese sector enlistan jóvenes prometiéndoles salarios de 350.000 pesos, con incremento de 50.000 pesos a los dos meses de labores", precisó una de las fuentes. SEMANA planteó estos y otros interrogantes al comandante del BCB, pero no obtuvo respuesta. La intervención de 'Macaco' en esa guerra entre capos no se limitó a consolidar un dominio territorial del negocio de la coca, sino que ya se ha extendido al campo político. A oídos del Presidente han llegado las denuncias sobre presiones del BCB a algunos candidatos en Risaralda, Caldas y varios municipios del norte del Valle. Las acusaciones sobre políticos favorecidos con el apoyo económico y armado de 'Macaco' han empezado a salir a la luz pública. Uno de ellos es el senador risaraldense Habib Merheg, quien fue acusado, entre otros, por la ex senadora Piedad Córdoba de relaciones con 'Macaco'. "Yo no tengo ningún tipo de vínculos con ese comandante. Lo conozco porque hago parte de la comisión de paz del Senado que viaja a Ralito. Si existe alguna prueba de algún tipo de vínculo mío con él o con otros miembros de las autodefensas, renuncio. Yo ya he pedido que muestren las pruebas porque todo esto es basado en chismes en medio de una campaña política muy compleja", dijo a SEMANA el senador Merheg. Las acusaciones de vínculos entre grupos al margen de la ley y políticos no son nuevas. Tampoco las respectivas desmentidas. Pero la falta de pruebas reinas no significa que no exista esa relación. La advertencia del Presidente por sí sola no es suficiente. Ya en el pasado los paramilitares han logrado tener "amigos en el Congreso", como lo dijo Vicente Castaño, y estos aún no han sido identificados públicamente. El ejemplo silencioso del BCB es un campanazo en momentos en que se calienta la temporada política. Lo sorprendente del ultimátum y del regaño de la semana pasada es que constituyen un espectáculo para la galería, ajeno a la personalidad del primer mandatario. Uribe, de por sí, es un hombre con carácter que irradia autoridad sin tener que incurrir en histrionismos artificiales. Estos, paradójicamente, lo hacen ver más débil que su ya conocida vocecita suave de seminarista que ha generado credibilidad entre los colombianos. Como decía Teodoro Roosevelt, "habla suave, pero carga un gran garrote". Hasta ahora a Uribe, siguiendo ese consejo, le había ido muy bien.
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