Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2016/08/09 11:44

El manual contra el matoneo que dividió al país

Las afirmaciones de que “no se nace siendo hombre o mujer” y la sugerencia a los colegios de no usar las palabras “moral” y “buenas costumbres” encendieron uno de los más álgidos debates en tiempos recientes.

Gina Parody Foto: Carlos Bernate / SEMANA

Pocas veces un debate educativo había despertado tantas pasiones como el de la llamada “educación de género”. El próximo miércoles miles de personas protestarán en diferentes ciudades del país por lo que ellos consideran una imposición del Ministerio de Educación en la libertad de cátedra. Las marchas son convocadas por la Iglesia católica, las Iglesias cristianas, rectores de colegio y padres de familia. Sus voceros han asegurado que no están de acuerdo con la forma como el Gobierno ha adelantado el proceso de revisión de los manuales de convivencia de los centros educativos.

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La iniciativa no es propiamente del Ministerio de Educación. El año pasado, la Corte Constitucional emitió una histórica sentencia en la cual obligó la revisión de todos los manuales de convivencia de los colegios para evitar el matoneo. El alto tribunal le dio esa orden al Gobierno por cuenta del caso del estudiante Sergio Urrego. El joven de 16 años se suicidó en el Centro Comercial Titán Plaza, por cuenta de la discriminación que vivía por parte de sus profesores.

El colegio tuvo que pedir perdón en un emblemático acto al que asistieron ministros, congresistas y el entonces fiscal general. Y desde ahí el ministerio quedó obligado a promover el cambio de los manuales para evitar la discriminación y que otros estudiantes vivieran lo mismo que Sergio Urrego.

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Para ese proceso el Ministerio de Educación hizo con convenio con el UNFPA (Fondo de Naciones Unidas). El organismo, a su vez hizo, otro convenio con Colombia Diversa, la organización por décadas ha promovido los derechos relacionados con la diversidad sexual.   

Uno de los productos finales fue la Guía Ambientes Escolares Libres de Discriminación, que hoy es objeto de controversia. El libro tiene en su portada los logos del Ministerio de Educación, el esolgan del gobierno “Todos por un nuevo país”, el Unfpa y el Pnud (Fondo de Naciones para el Desarrollo?)”.

Según el documento, en la mesa de discusión de aportes participaron miembros de las organizaciones Parces, entre tránsitos, la mesa de discusión LGBT de Bogotá, la escuela de género de la Universidad Nacional, Sentido y Colombia Diversa. Las organizaciones que lideran las marchas del miércoles se quejan de no haber sido consultados para este proceso.  

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Se ha dicho en redes sociales que el contrato fue por el orden de 1.500 millones de pesos. Sin embargo, su director en Colombia, Jorge Parra, aseguró que ese no es el costo de esas cartillas, sino de un convenio de cuatro años que tienen con el ministerio para muchos temas educativos.

La directora de Colombia Diversa, Marcela Sánchez, aclaró que esa organización no ha recibido “un peso” por este trabajo y que, por el contrario, la ONG hizo un aporte en especie de 50 millones de pesos.

Los contenidos del manual generaron un álgido debate. En uno de sus apartes sostiene que “no se nace siendo hombre o mujer” pues la identidad de género es una construcción de la sociedad. También se señala que los colegios deberían evitar incluir en sus manuales los conceptos de “moral y buenas costumbres”, que no está bien prohibir las expresiones de afecto entre los estudiantes dentro de las instituciones educativas y que no hay que imponer un uniforme (falda para las niñas o pantalón para los niños).  

En la mañana del lunes el presidente Álvaro Uribe se metió en la pelea y aseguró que “decir que no se nace mujer u hombre sino que eso lo define la sociedad" es un abuso a los menores, un irrespeto a la naturaleza y a la familia”.

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Sánchez respondió a esas críticas diciendo que “sacar frases sueltas de que niños no nacen hombres ni mujeres sin contexto es no saber de lo que se habla y entrar en debates sin argumentos”. Agregó que le parece “muy lamentable que la base de discusión que debía ser seria y constructiva, sea la mentira y la desinformación masiva”.

El debate está abierto y no sólo se vive en Colombia. La contraposición de las creencias religiosas con la visión del Estado laico en los centros educativos es una de las controversias álgidas que se viven en el mundo.

En Estados Unidos, por ejemplo, es una discusión de primer orden nacional si los baños deberían ser todos mixtos para que quienes se identifican como transexuales no se sientan discriminados. En Europa, en especial en Francia y en Turquía, en los últimos años la prohibición para las niñas de portar el velo islámico ha generado reflexiones profundas entre dos posiciones ideológicas que son irreconciliables.

En Colombia, paradójicamente la polémica comenzó con lo que al principio parecía una anécdota política. En un debate en la Asamblea de Santander, la diputada Ángela Hernández dio unas polémicas declaraciones en las cuales rechazaba lo que ella consideró la “colonización” de la comunidad LGBTI en la educación de los niños. Hernández soltó frases exageradas, entre las cuales unas eran falsas y otras discriminatorias. Aseguró, por ejemplo, que había que construir colegios sólo para niños con orientación diferente.  

Y desde entonces, el tema no ha parado de crecer. La semana pasada, en internet comenzaron a circular mensajes con unas supuestas cartillas sexualmente explícitas que se estarían repartiendo en los colegios. La ministra de Educación, Gina Parody, aclaró que quienes quieren desinformar sobre el tema "tomaron una revista porno para hacer las falsas cartillas". Los libros estaban en inglés y eran evidentemente falsos dentro del contexto de esta discusión, pero su distribución por las redes sociales le hizo un daño enorme a un debate que debería tener la mayor altura posible.  

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