Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2004/10/17 00:00

Mar de leva

Un proyecto de ley que busca reglamentar el patrimonio cultural sumergido tiene enfrentados al gobierno y a los cazadores de tesoros.

En los próximos días decenas de galeones y tesoros sumergidos en aguas colombianas librarán una nueva batalla que los puede dejar muchos años más sumergidos en el mar o los puede regresar de nuevo a la superficie.

Esta es la suerte que correrán cuando la plenaria del Senado discuta un proyecto de ley que busca reglamentar el patrimonio cultural sumergido, texto que en sí mismo genera expectativa. Tras años de espera y bandazos, el gobierno decidió por medio del Ministerio de Cultura presentar un proyecto de ley para buscar que inversionistas y rescatistas privados emprendan solos o en asocio con el Estado grandes proyectos para recuperar el patrimonio cultural sumergido, que si bien incluye embarcaciones o poblados hundidos, apuntan a sacar galeones como el célebre San José.

La finalidad del proyecto es darle vida a un tema que ha permanecido sin desarrollo desde la Ley de Cultura hace siete años, lo que ha impedido adelantar iniciativas públicas o privadas que permitan la exploración, explotación y rescate del patrimonio cultural sumergido. "El proyecto establece un sistema claro para proteger el patrimonio y permitir que el Estado y los particulares puedan recuperarlo y obtener alguna rentabilidad", reconoció la viceministra de Cultura, Adriana Mejía.

El problema es que el texto no tiene contentos ni a los posibles inversionistas, ni a los expertos, ni a la academia. Jairo Clopatofksy, dice que en el Congreso no hay un buen ambiente para la discusión del proyecto porque los porcentajes fijados para el rescate son muy bajos, y porque tiene vacíos por subsanar.

De acuerdo con el texto del proyecto, que será discutido en los próximos días en la plenaria del Senado, el Estado reconocerá un pago según el valor comercial de las piezas rescatadas que no tengan carácter cultural o arqueológico. Por ejemplo, si se extrae una joya, un cáliz o una polea, muy seguramente no podrá ser vendida, pero si se extraen 10.000 monedas de plata iguales o 1.000 lingotes de oro sí podrán ser comercializados. Sobre estos bienes, que no pertenezcan al patrimonio cultural se les reconocerá entre 15 y 40 por ciento del valor a quien lo recupere, dependiendo del monto extraído.

El problema, dicen los críticos, es que en el proyecto no queda claro la forma de definir cuál es el patrimonio de lo rescatado ni quién lo define, lo que se prestaría para cualquier tipo de arbitrariedades a favor o en contra tanto del Estado como de las empresas que hagan el rescate. Daniel de Narváez, buzo y experto en arqueología marina, cree que mientras no se definan estos y otros temas fundamentales, de convertirse en ley, el proyecto será un fracaso porque nadie invertiría en Colombia. Por eso él y otros expertos e interesados le pedirán a la plenaria mejorar el proyecto. Sin embargo, los defensores de la ley advierten que el marco para definir lo que es patrimonio está contemplado en la ley general de cultura.

La viceministra Mejía considera serio y sólido el proyecto. Por eso advirtió que es normal que algunos no estén de acuerdo con esta propuesta, que fue realizada de la mano de la Comisión de Especies Náufragas. Pero asegura que para eso está el Congreso, para que se discuta y se mejore, si es el caso, como foro de la democracia.

El abogado Antonio José Rengifo, Ph.D en derecho internacional del mar cree que el proyecto desconoce los problemas jurídicos internacionales que giran en torno al patrimonio subacuático, en particular los relacionados con las zonas marítimas donde se encuentran los naufragios, lo mismo que las posibles reivindicaciones de los países de origen de la carga, del pabellón y de los tripulantes. "El texto muestra una notoria incapacidad para adoptar los mecanismos adecuados tendientes a defender como corresponde nuestro patrimonio, por lo que es necesario replantear el proyecto con participación de universidades colombianas y extranjeras y evita así otros 'Termoríos".

Por ahora la suerte del proyecto es incierta, pero se debe aprovechar el que hay para mejorarlo y definir de una vez por todas un marco regulatorio que les dé seguridad a todos, que proteja el patrimonio pero que también haga viable la extracción.

Por ahora la valiosa carga del San José, con la que, según dicen algunos, se podría pagar parte de la deuda externa, disparar la inversión social y generar jugosos beneficios a la empresa contratada para el rescate, no deja ver el verdadero potencial que tiene el país: una Babilonia sumergida como lo menciona Gabriel García Márquez en su novela El amor en los tiempos del cólera. Y no sólo de tesoros, sino de historia, cultura y conocimientos. Al fin y al cabo el mar es un universo aún sin descubrir.

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