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| 8/27/2013 12:00:00 AM

Marcha del silencio: ¿política con las FF.MM.?

El homenaje al Ejército por el uribismo abre el debate sobre el uso político de la fuerza pública en la campaña.

La marcha del silencio. Así se denomina la convocatoria que a través de redes sociales y en 12 ciudades del país se ha adelantado para solidarizarse y homenajear a las Fuerzas Militares. Este miércoles, a las 12:00 del día, será la cita. Un plantón en el que los ciudadanos han sido invitados para hacer una ofrenda a los militares caídos en combate y que surgió luego de la emboscada perpetrada por las FARC y el ELN el pasado sábado 24 de agosto en Tame (Arauca), que dejó como saldo 14 soldados muertos.

Pero esta marcha tiene un elemento particular. Su principal promotor es un dirigente político que por estos días anda encendiendo los motores de su campaña presidencial: el ex vicepresidente Francisco Santos, precandidato del Centro Democrático de Álvaro Uribe, principal opositor del proceso de paz.

Esa circunstancia ha hecho de esta marcha del silencio la posibilidad de que se convierta en un acto de campaña del uribismo utilizando a las Fuerzas Militares. No es la primera vez que las instituciones armadas aparecen como un elemento en la confrontación política entre el santismo y el uribismo.

El pasado mes de febrero, el expresidente Uribe publicó fotos de los cadáveres de dos policías de la Sijin muertos a manos de las FARC en La Guajira, circunstancia que generó indignación. En mayo el propio expresidente reveló las coordenadas de una zona despejada con el propósito de trasladar al líder guerrillero Pablo Catatumbo a La Habana, a pesar de estar bajo la mira de los operativos militares.

Incluso, el pasado mes de julio el columnista Alfredo Rangel, cercano al pensamiento uribista, se atrevió a manifestar que 40 soldados de élite estaban dispuestos a pedir la baja del Ejército por haber desfilado junto al hijo del presidente Juan Manuel Santos en la parada militar del 20 de julio, situación que prontamente fue desmentida.

Esta vez la convocatoria de Francisco Santos está motivada por lo que llama "silencio cómplice” del gobierno de Juan Manuel Santos ante los ataques que las FARC han perpetrado contra los miembros de la fuerza pública desde cuando se están adelantando los diálogos de paz de La Habana.

Dice el ex vicepresidente que estos atentados habrían merecido un rechazo contundente del Gobierno que no se redujera a unas condolencias vía Twitter. También recordó que el pasado 20 de julio, en su discurso ante el Congreso Santos no hizo ninguna mención de la muerte de 21 uniformados a manos de las FARC en Arauca y Caquetá.

Por eso ha decidido movilizarse y salir a la calle para ofrecerles a las Fuerzas Militares un respaldo que a su juicio no ha llegado por parte del Gobierno. Para Francisco Santos los 316 uniformados asesinados en este lapso son “el vergonzoso resultado que ha dejado un falso proceso de paz” y por eso ha insistido que el Gobierno ha debido levantarse de la mesa de La Habana y suspender el proceso de paz con la guerrilla.
  
Militares y la campaña

El analista León Valencia dice que alrededor del debate entre la guerra y la paz hay dos campos de disputa entre el santismo y el uribismo: la opinión pública y las Fuerzas Militares.

Los uribistas, dice Valencia, defienden el argumento de que el Gobierno está sacrificando a la fuerza pública en la mesa de La Habana, los está igualando al terrorismo y hace demasiadas concesiones a las FARC vulnerando el honor de los militares. Entre otras, según Valencia, porque una de las ideas del expresidente Uribe es la politización de la Policía y las Fuerzas Militares con la intención de que tomaran partido en la campaña.

Un escenario utópico, pues es una fuerza institucional que siempre ha estado con el jefe de gobierno de turno, más aún cuando la ley colombiana les impide a los uniformados intervenir en política. Por eso Valencia califica como un “grave desacierto” que las Fuerzas Militares se conviertan en un elemento de la campaña política.

Antonio Navarro dice que la marcha convocada por el precandidato Francisco Santos, más allá de un respaldo a los militares, es una crítica al gobierno por estar negociando con la guerrilla en medio del conflicto, pues los uribistas siempre han insistido en el cese unilateral y verificado por parte de la guerrilla. “Hay algunos sectores de la fuerza pública que tienen simpatía por el expresidente Uribe, pero estoy convencido de que la fuerza pública está respaldando al Gobierno y la mayoría está favor del proceso con la esperanza de que salga bien”, considera.

El exprocurador Jaime Bernal Cuéllar controvierte la tesis de que la marcha del silencio esté utilizando políticamente a las Fuerzas Militares porque cualquier grupo político no pierde su calidad de ciudadano y puede manifestar públicamente sus opiniones frente a cualquier tema.

Alfredo Rangel considera legítima la convocatoria de ese respaldo y considera que debería ser permanente pero que en estas circunstancias se está echando de menos la falta de solidaridad del Gobierno con los uniformados asesinados. “El hecho de que el 20 de julio el presidente Santos no hubiera hecho una condena a la muerte de 21 uniformados es inaceptable”.

El general (r) Jairo Delgado, director de análisis del Observatorio de Política y Estrategia en América Latina (OPEAL), admite que puede haber un interés político en esta marcha, lo cual calificó como “inconveniente” porque la fuerza pública “debe estar por encima de procesos coyunturales y su fin es defender la democracia”.

Delgado considera que el uso indebido de ciertos aspectos relacionados con la función de la fuerza pública por parte de quienes tienen alguna aspiración produce el efecto contrario, pues da la sensación de que se quisiera cooptar esta institución armada en beneficio de una fuerza electoral. “No es aconsejable que los candidatos traten de encontrar un nicho electoral a partir de tocar un sentimiento nacional como el de las Fuerzas Militares”.
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