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| 5/2/2004 12:00:00 AM

A marchas forzadas

Posibles falsedades en las propuestas presentadas para la construcción de la doble calzada Bogotá-Girardot han encendido las alarmas.

Esta semana el gobierno adjudicará uno de los contratos de concesión más grandes y atractivos de los últimos años: la construcción de la doble calzada en la vía entre Bogotá y Girardot. Pero el proceso de selección de la mejor propuesta, que se había dado sin mayores contratiempos, comenzó a enredarse en la recta final de la adjudicación. A finales de febrero, el Instituto Nacional de Concesiones (Inco) recibió cinco ofertas de consorcios interesados en hacer la obra. Esta cantidad de propuestas hace de esta licitación una de las más competidas en los últimos tiempos, pues por lo general en proyectos de esta magnitud participan sólo una o dos firmas. En su evaluación, Inco consideró que todos los consorcios cumplían los requisitos mínimos de experiencia, capacidad financiera y seriedad para ser seleccionados. En esta etapa todos los participantes tuvieron acceso a la información sobre los demás y a presentar observaciones a la calificación que Inco había hecho de cada uno de ellos. Fue entonces cuando la competencia se puso como para alquilar balcón. En el informe preliminar de Inco, el Consorcio Vial del Sumapaz quedó de primero en la lista por ser el que planteó en su propuesta la menor expectativa de ingresos. Este aspecto de la calificación es clave pues de este valor depende el tiempo durante el cual se quedaría con la concesión de la vía. Al gobierno, por supuesto, le interesa que sea el más corto posible. Sin embargo, la celebración duró poco. El segundo en la lista, Sociedad Futura Concesión Autopista Bogotá Girardot, cuya expectativa de ingreso fue 32.000 millones de pesos por encima de la del primero, dijo que en los documentos entregados por el Consorcio Vial del Sumapaz había irregularidades con la experiencia que certificaron en la construcción de túneles. Esta es una de las variables técnicas más importantes del proyecto pues el diseño prevé la construcción de un túnel de cuatro kilómetros en la zona del Boquerón. En los pliegos era indispensable demostrar experiencia en este campo y en obras realizadas en los últimos 10 años. La Sociedad Futura Concesión Autopista Bogotá-Girardot asegura que su competidora, si bien presentó una certificación de un túnel hecho en Venezuela, éste fue construido antes de 1994. La situación se complica si se considera que ambas empresas presentaron certificaciones del Ministerio de Infraestructura venezolano con información diferente sobre el mismo punto. Por eso, para destrabar el enredo, el Inco tuvo que hacer una consulta al Ministro de Infraestructura del hermano país. De su respuesta dependerá hacia qué lado se inclinará la balanza. Se espera que la carta llegue en los próximos días. No sólo definirá cuál va a ser la firma escogida sino que también dejará en problemas legales al que resulte perdedor. Es claro que uno de los dos consorcios presentó información falsa y el Inco, al ser una entidad pública, está en la obligación de denunciar este hecho ante la Fiscalía. Esta clase de megaproyectos ha despertado siempre inquietud entre los colombianos, pues en no pocas oportunidades el país ha quedado envuelto en multimillonarios pleitos y sin las obras. Hizo bien el Inco al abstenerse de adjudicar esta licitación antes de aclarar todas las dudas sobre la calidad de los contratistas. Es su obligación garantizar que una obra prioritaria como la vía Bogotá-Girardot quedará en manos de una empresa capaz de ejecutarla a tiempo y bajo los parámetros técnicos requeridos. La experiencia del país en otros sonados casos de concesión vial demuestra que lo que mal comienza mal acaba.
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