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| 11/23/2011 12:00:00 AM

María Alexandra, la heroína de Aguablanca

A punta de bingos y empanadas bailables una docente universitaria se convirtió en el ángel guardián de cientos de familias pobres que viven en uno de los sectores más deprimidos y vulnerables de la capital del Valle.

En el mítico distrito de Aguablanca la pobreza no se vive, se lleva por dentro. En ese sector deprimido de Cali la miseria es una regla general que se siente en cada callejón por donde se pasean el hambre y la muerte.

Es la cara oculta de una ciudad azotada por pandillas, la violencia e inundada por jíbaros. Para tener una idea de lo vulnerable que es el sector, basta recordar que de los 20 barrios más violentos de Cali durante el 2010, 11 son del Distrito donde se cometieron cerca del 30 por ciento de los homicidios.

Pese a ello surgen verdaderos milagros en medio del caos. Esta vez fue posible gracias a la docente universitaria María Alexandra Bahamón, especialista en Salud Ocupacional, quien se entregó por completo a una causa que no le era tan ajena: “la verdad, ese espíritu es un legado de mi esposo, quien fue asesinado hace un par de años”, confiesa.

Con las uñas y usando parte de su sueldo como profesional, puso en marcha un comedor comunitario que aún hoy sostiene a punta de empanadas, bingos bailables y rifas. El milagro arrancó con una actividad organizada el 27 de diciembre del 2010 y que parecía más una inocentada, pero en realidad sería la semilla para lo que hoy se conoce como la fundación Hombres y Mujeres Forjadores del Futuro en Acción y que atiende a 193 personas vulnerables que viven en el barrio Los Naranjos II de la comuna 14, en todo el corazón de Aguablanca.

Desde entonces, medio centenar de almas llega en fila a disfrutar de una cena con dos platos (sopa y seco), algo poco común para ellos, por tan sólo 1.500 pesos. Es un precio simbólico para un menú que en cualquier otra parte costaría 6.000 pesos, “muchos de nosotros debíamos almorzar pan y gaseosa”, confiesa José Valencia, uno de los clientes que asisten puntuales al comedor que funciona en una humilde casa y que abre de lunes a sábado desde las 6:00 a. m. hasta las 5 p. m.

Vendedores ambulantes, madres cabeza de familia y desplazados son los comensales que disfrutan desde desayunos por mil pesos, hasta un plato de sopa por 500 pesos, “la idea es que nadie se quede sin comer”, dice Yesenia Balanta, una negra trozuda que se encarga de cocinar los suculentos almuerzos que siempre incluyen carne.

Pero la labor de la fundación no se queda en un plato de comida. Para tener control y la tranquilidad de que las ayudas le llegan a las familias más necesitadas, llevan un control de beneficiarios a quienes visitan periódicamente en sus hogares, “ese contacto nos permite conocer sus problemas, ayudar cuando hay niños sumidos en la drogadicción o que cayeron en manos de pandillas”, explica la señora Bahamón.

Si bien en el Distrito de Aguablanca existen varias organizaciones sociales que atienden con sus programas a una comunidad vulnerable que se calcula en 700.000 personas, pocas subsisten de la venta de rifas, bingos bailables y empanadas, como lo hace la fundación Hombres y Mujeres, de Alexandra. De hecho, la falta de una página web ha sido uno de los impedimentos para que su labor se conozca en otras esferas y de esa forma recibir ayudas adicionales y que le permita cumplir con el presupuesto para funcionar, que es de tres millones y medio de pesos mensuales, “hemos enviado 18 cartas a entidades oficiales para ver si nos ayudan, pero ni siquiera nos responden”, confesó.

Pero esa falta de respuesta no ha sido impedimento para crecer. Por el contrario, en tan corto tiempo no sólo tiene un comedor comunitario, sino que además cuenta con un hogar infantil en el que atiende 23 niños, “es la labor más linda porque sentimos que ayudamos a esas madres cabeza de familia que no tienen dónde dejar a sus bebés. En esta zona hay una gran demanda de hogares” explica Jenny Mina, una de las madres comunitarias.

La fundación ha crecido de tal manera que en la actualidad brinda capacitaciones gracias al convenio con otra entidad sin ánimo de lucro conocida como Espíritu Santo, “son 20 becas para decoración de fiestas, culinaria, sistemas, auxiliar de enfermería y odontología que brindamos a nuestros protegidos”, asegura la señora Bahamón.

Lo increíble de este simple ejercicio altruista de Alexandra es que sin mucho ruido y con tan poco haga tanto en una de las zonas más vulnerables de la capital del Valle donde por años se concentran los esfuerzos de poderosas fundaciones con gran músculo financiero. Sin duda, toda una heroína.
 
Contacto: forjadoresenaccion@hotmail.com
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