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| 8/14/1995 12:00:00 AM

MARIA BONITA

Maria Emma Mejia es la cara linda del nuevo gabinete y para algunos una posible Noemí del liberalismo.

Definitivamente ser una mujer bonita es útil en la vida. Porque de los cuatro nuevos ministros nombrados como concecuencia de la crisis de la semana pasada, Maria Emma Mejia, en menos de una semana, ya a demostrado ser la más taquillera. Paradojicamente de los nuevos nombramientos es la única que no tiene ninguna experiencia previa en su cartera. Gustavo Castro es un veterano en la agricultura como pocos, Augusto Galán es mucho más que el hermano médico de un mártir del Partido Liberal, y Rodrigo Villamizar ha trajinado desde hace tiempo la problemática energética. Por el contrario, María Emma Mejía es una primípara en el mundo de la educación. Pero en un país cansado de las caras de siempre, donde el manejo de la imagen se ha vuelto cada vez más importante, los observadores políticos ya le están echando el ojo.
Y es que pocas personas han manejado tan bien su imagen como la recien nombrada Ministra de Educación. Regresa a España como una triunfadora. Algo comparable a la situación de Noemí Sanín cuando llegó de Venezuela. Cada una conquistó su plaza. Con la diferencia que en el álbum de fotos de Noemí era con Carlos Andres Perez y Rafael Caldera, y el de Maria Emma es con el Rey de España Juan Carlos de Borbon, Felipe Gonzalez y todos los personajes de la revista Hola. No dejan de sorprender todas las similitudes que hay entre estas dos mujeres. Ambas son Antioqueñas y tienen cuarenta y piquito de años. Ambas son bonitas. Ambas fueron Embajadoras. Ambas Ministras, y, sobre todo,ambas quieren llegar muy lejos.
En otras épocas la gente que quería llegar lejos tenía que someterse a muchas escalas aburridas. Interminables horas de estudio académico, mucha política en los barrios, años de años en el Parlamento y así sucesivamente. Hoy las cosas han cambiado. Los colombianos quieren ante todo algo diferente. Pero lo diferente generalmente asusta. Nadie está seguro qué tienen en mente los críticos del sistema como el cura Bernardo Hoyos y Antanas Mockus, pero ese inmenso respaldo popular que los acompaña, inquieta.
Por el contrario. Las mujeres tienen la ventaja de que son diferentes pero no asustan. Y cuando tienen carisma logran conseguir una adhesión popular como la de Noemí Sanín, que es considerada inofensiva. Entendiendo por 'inofensiva' que son muchos votos, pero que están inspirados más en simpatía que en resentimientos de clase. Esta simpatía genera un círculo vicioso con los medios de comunicación que las cubre desproporcionadamente porque tienen rating, y tienen rating porque las cubren. En la política de hoy, que está regida por encuestas, esto se convierte en un factor determinante, y por cuenta de esto es previsible que la política electoral en el futuro va a ser más mixta de lo que fue en el pasado.
Pero llenar las condiciones para figurar en esta selecta lista no es fácil. Además de poseer mucho carisma hay que tener mucha ambición y mucha garra. Nadie que conoce a María Emma Mejía cree que se queda corta en alguno de estos atributos. Por lo tanto en un país acostumbrado desde el Frente Nacional a la paridad prácticamente en todo, no era sino cuestión de tiempo para que los dos partidos quedaran empatados en materia de estrellas femeninas. Al fin y al cabo en Colombia hay Partido Liberal y Partido Conservador, cartel de Cali y cartel de Medellín, grupo Santo Domingo y Organización Ardila Lulle, El Tiempo y El E.spectador, Santa Fe y Millonarios, y ahora posiblemente Noemí y María Emma.

LA ETAPA BOHEMIA
María Emma Mejía es mucho más que una cara bonita. Es una mujer interesante que ha llevado una vida interesante. Nieta del patriarca antioqueño Gonzalo Mejía, pionero del cine y quien además volvió realidad el sueño de la carretera al mar, nació en Medellín en 1953 con los mejores apellidos pero sin la fortuna de antaño. Después de comenzar estudios de comunicación social en la Universidad Bolivariana de Medellín decidió con los pocos ahorros que tenía irse a vivir a Londres en 1974. Era una vida bohemia de alpargatas que evocaba a los hippies de los años 60. Fue en esa época cuando conoció a Juan Manuel Santos, quien le ayudó a conseguir un cargo en el consulado de esa ciudad. Aprovechó sus ratos libres para estudiar cine, actividad que había de convertirse en la pasión de su vida durante varios años.
De Londres regresó a Bogotá a comienzos de los 80 con la profesión de cineasta en un país donde no había cine. Lo primero que hizo fue casarse con Lucas Caballero Reyes, hijo del popular columnista Klim, con quien hoy tiene un hijo de dos años y medio llamado Pedro. Pero antes de la maternidad tocaba concentrarse en el trabajo. Después de varios ires y venires en el mundo del celuloide finalmente llegó a hacer su primera producción propia: un cortometraje titulado Ana Lenoit. Se trataba de la historia real de una adolescente quien se enloqueció de amor por Simón Bolívar. El día que la película fue exhibida para el presidente Belisario Betancur, éste se enamoró de la historia y tan pronto terminó la proyección le dijo a su ministra de Educación, Noemí Sanín, quien estaba sentada a su lado: "¿Esta doctora no será nuestra candidata para la dirección de Focine?". A partir de ese momento ingresó a la burocracia oficial. Cuatro años a la cabeza de esa entidad acabaron siendo la época de mayor apoyo estatal a la industria cinematográfica en Colombia.
Terminada la etapa del cine habría de llegar la de la política. Acababa de nacer en ese momento el Nuevo Liberalismo de Luis Carlos Galán y sin pensarlo dos veces se afilió al movimiento. Se convirtió en activista política en Bogotá y rápidamente llegó a convertirse en una de las colaboradoras más cercanas del dirigente liberal. Sin embargo, todo este entusiasmo se convirtió en un sueño trunco por cuenta de las balas del 18 de agosto de 1989 en la plaza de Soacha.
César Gaviria como sucesor de la candidatura de Galán se vio en la tarea de recoger las huestes del líder asesinado. Como secretaria general de su campaña nombró a María Emma Mejía, quien desde ese momento comenzó a sonar como posible Ministra de Comunicaciones. Pero todo indica que Gaviria se descrestó con ella menos que Galán, pues cuando todo el mundo la consideraba como fija, no sólo le barajó el ministerio sino que la nombró en un cargo que parecía en ese momento más un castigo que una recompensa: consejera presidencial para Medellín.
La capital antioqueña en aquel entonces no era la ciudad de la eterna primavera sino el cuartel de operaciones de Pablo Escobar. Sus comunas eran los nidos donde crecían todos esos adolescentes que habrían de convertirse en los sicarios del patrón. Y era precisamente en estas guaridas de matones donde iba a tener que desarrollar principalmente su labor la que para los antioqueños no era más que la nieta de don Gonzalo Mejía. Fue en este mundo del hampa donde el fenómeno María Emma comenzó a nacer. La niña de sociedad pasó a convertirse en 'La Monita', y todos los sicarios acabaron considerándola más como parte de su mundo, que como una lejana funcionaria del Estado. Su presencia en esos tugurios se volvió familiar en la televisión y las fotos de ella en bluejeans con algún rehabilitado aparecieron en todos los medios.
Esa gestión duró dos años y medio y el balance no pudo haber sido mejor. Jorge Orlando Melo, su sucesor en ese cargo, considera que lo que allí se logró es de gran importancia. Al respecto afirma: "Desde el punto de vista político, la labor de María Emma fue muy imporlante en la transformación de las relaciones entre la comunidad y el estado de Medellín. Logró impulsar las organizaciones de barrio y los organismos no gubernamentales, pero sobre todo logró establecer una cultura de diálogo en una zona de violencia. Esto condujo a la búsqueda de soluciones negociadas de conflictos como la de los milicianos que culminó en mayo de 1994". Además de estas tuvieron lugar otras negociaciones de las que el país nunca se enteró. Fue a través de la consejería presidencial para Medellín que se iniciatron los contactos con los hermanos Ochoa Vásquez que desembocaron en su posterior entrega.
Lo que quedó claro con el trabajo en las comunas fue que María Emma Mejía era mucho más que un fenómeno de imagen. Todos los testimonios sobre su gestión en ese cargo coinciden en que mostró una tenacidad, una capacidad de trabajo y unas dotes de líder que pocos anticipaban. Pero sobre todo mostró resultados. Y resultados es lo único que impresiona a ese hombre frío y escéptico que es César Gaviria. Por esto él, quien no creyó mucho en ella y la había mandado a un puesto de castigo, reconoció que se había ganado un puesto de desagravio. Y qué mejor desagravio que llenar la vacante que dejó Ernesto Samper en la embajada de España para venir a lanzar su candidatura.

LA SEÑORA EMBAJADORA
Pocas veces en la historia de la burocracia se ha pasado de un extremo al otro en la escala social como le sucedió en ese momento a María Emma Mejía. 'La Monita' pasó a ser de la noche a la mañana 'La Señora Embajadora'. Y si en 1492 los españoles conquistaron América, 500 años después los papeles se invirtieron. Ivonne Nichols, cónsul en Madrid en ese momento, describe así esa gestión: "Lo que logró María Emma en Madrid nunca lo había logrado un embajador colombiano. Belisario y Pedro Gómez Valderrama se destacaron en el mundo cultural, Ernesto Samper lo hizo en el alto mundo político, pero María Emma no sólo pudo simultáneamente en ambos, sino que también lo hizo en el campo social".
La alta sociedad española que poco se mezcla con el mundo diplomático, la adoptó. Y la residencia de la embajada de Colombia en Madrid, en la avenida Martínez Campos, se convirtió en una sede de tertulias donde alternaban duques, millonarios, ministros y toreros. De todo este embrujo no escapó ni el propio rey Juan Carlos de España, quien le hizo a la colombiana diferencias que no había hecho a ningún embajador. La invitó al palco real con motivo de la corrida de la Beneficencia de la temporada de San Isidro en el mano a mano de César Rincón y Enrique Ponce. Y recientemente, con ocasión de la entrega del Diccionario de Construcción y Régimen de la Lengua Castellana del Instituto Caro y Cuervo, el Rey se apartó del estricto protocolo real y elogió públicamente a la diplomática colombiana en su discurso. Si bien gran parte de este éxito obedeció a que la señora embajadora era considerada "guapísima ", sus jornadas de trabajo eran de 12 horas y su gestión es considerada de mucho alcance en el ámbito diplomático ajeno a lo social.

Su éxito como embajadora le había dejado a María Emma Mejía en la condición de fija para cualquier crisis ministerial. Durante muchos años había sonado como posible Ministra de Comunicaciones y todo indicaba que le había llegado su hora. Sin embargo, en un gesto de audacia poco común dejó saber que su aspiración no era la cartera de Comunicaciones sino la de Educación. Esto es inusual en el mundo de la política, pues el Ministerio de Educación es considerado un 'quemadero' seguro en la actualidad. Se trata de un cargo que se acepta cuando se quiere ser ministro, pero nunca el que se pide de primero cuando se tiene la opción de escoger. Además de tener problemas financieros estructurales enormes, carga con el bacalao de Fecode que es uno de los sindicatos más poderosos de América Latina. Por otro lado se encuentra en la actualidad consolidando un proceso de descentralización que se acaba de iniciar, por medio del cual las competencias y los recursos están pasando de la Nación a los departamentos y distritos. Esta transición es muy compleja en un país donde durante años ha regido una cultura centralista en materia de educación. Llevarla a buen término será sin duda el mayor reto de la nueva Ministra. Nada ilustra más la ingratitud de este cargo que el desgaste de que fue objeto el ministro saliente Arturo Sarabia, quien logró dejar algunas de las cargas arregladas.
Ante esta situación, no todo el mundo tiene claro por qué María Emma Mejía decidió medírsele a ese potro. La respuesta, según ella, es que le gusta la dimensión social de esa cartera y que la educación es una de las principales prioridades del país en este momento. En cuanto a la falta de pantalla que tradicionalmente tiene ese ministerio, aunque no lo confiesa, es consciente de que en el caso de las mujeres "guapísimas" las cámaras están donde están ellas. El raciocinio es que si logró brillar en las comunas de Medellín, cómo será desde un ministerio con dimensión social.
De lo que no hay duda es de que la llegada de la nueva Ministra despierta tantas expectativas como interrogantes. Después de este martes, cuando tendrá lugar en el Palacio de la Zarzuela la despedida oficial entre Juan Carlos de Borbón y Battenberg y María Emma Mejía Vélez, comienza una nueva etapa en la carrera de esta última. Y, aunque como buena política ella dice que no tiene ambiciones más allá de ser una buena Ministra de Educación, esto convence poco a sus allegados. Désde joven le ha gustado el poder, sabe para qué sirve y también cómo conseguirlo. Ahora, después de haberse lucido en un escenario regional y en un escenario diplomático tiene por primera vez la oportunidad de dejarse medir en una plataforma nacional. De lo bien o mal que le vaya en este nuevo cargo dependerá su futuro. Antes de irse a España su meta era ser elegida alcaldesa de Medellín. Ahora, desde antes de posesionarse, ya figura en el abanico de los candidatos a la vicepresidencia liberal. La razón por la cual suena, es porque el glorioso partido se ve en peligro de perder las próximas elecciones presidenciales ante el prestigio de Noemí Sanín. Y no se necesita ser un genio de la estrategia política para saber que la mejor forma de neutralizar a una paisa adorable es con otra paisa adorable.

Aquí también mando yo
Hace 20 dias con ocasión de un memorando escrito por el alto mando militar sobre el tema de la militarización del municipio de La Uribe, el presidente Ernesto Samper hizo famosa la frase del "aqui mando yo". Y aunque para diversos observadores en ese episodio el Ejército acabó saliéndose con la suya, por lo visto al primer mandatario le quedó gustando hacer la demostración de que en Colombia jefe del Estado no hay sino uno.
Así se hizo evidente la semana pasada, cuando se presentó la primera crisis de gabinete de esta administración. Sorprendiendo a propios y extraños, Samper sacó de la manga un reajuste mucho más pequeño y limitado del que todo el mundo esperaba. Unicamente cuatro ministros fueron reemplazados y los titulares de cartera que habían sido criticados permanecieron en su puesto. Aunque en otras circunstancias una minicrisis de ese estilo habría sido nterpretada como un signo de debilidad del gobierno, en este caso sucedió todo lo contrario. El Presidente manejó el tema del gabinete a su antojo y se mantuvo fiel al principio de limitar los cambios al mínimo.
Curiosamente, ese grito de independencia no habría podido escucharse hace mes y medio. Sin embargo, los uertes golpes contra el cartel de Cali le dieron al Ejecutivo un margen de maniobra del que no disfrutaba desde el pasado 7 de agosto. Así ocurrió con el Partido Conservador, que tuvo que aceptar a regañadientes apoyar proyectos impopulares como la reforma tributaria que será discutida en el Congreso. En su discusión con los godos, Samper fue el encargado de poner las condiciones y de mantener las cuotas existentes para evitar abrir nuevos espacios de negociación.
Contrariando las especulaciones, el Presidente se decidió por darle a su gabinete un toque aún más samperista. Voluntariamente prefirió no dejarse envolver en el tema de las cuotas para los precandidatos presidenciales de su partido o del conservatismo a tres años de las próximas elecciones. Así lo discutió con su antecesor, César Gaviria, el pasado domingo 9 de julio, cuando ambos se devolvieron de los actos de posesión de Carlos Menem, en Buenos Aires, a bordo del Boeing 707 de la FAC. "Gaviria le dijo al Presidente que esta era la última oportunidad que él tenía de moverse con toda libertad en ese tema", le contó a SEMANA una fuente de la Casa de Nariño.
Y claramente Samper siguió el consejo. Para la cartera de Minas y Energía designó a Rodrigo Villamizar, caleño de 47 años, quien se venía desempeñando como embajador en el Japón y forma parte del círculo de amigos cercanos del Presidente. En Agricultura el nombramiento cayó en Gustavo Castro, un samario de 56 años que ya había-ocupado esa cartera en el gobierno de Betancur y ha sido defensor del samperismo en la Costa Atlántica. El caso del Ministro de Salud es menos evidente. Aunque Augusto Galán Sarmiento es considerado como la cuota política del vicepresidente Humberto de la Calle, lo cierto es que es buen amigo del Presidente y éste había querido nombrarlo desde el comienzo mismo del gobierno. Por último, está María Emma Mejía en Educación, quien inicialmente fue mencionada como cuota de Juan Manuel Santos pero quien acabó ingresando como samperista cuando se decidió que no iba a haber cuotas de candidatos.
No obstante, como buen político que es, Samper se encargó de hacerle creer a todos los precandidatos que habian quedado representados. Quizás los únicos que no le compraron esa teoría fueron los barones tradicionales de la política, quienes al final de la semana estaban haciendo sentir su molestia por no haber sido tomados en cuenta en la repartición de ministerios. Ese único factor podría aguarle la fiesta a un gabinete que se va a estrenar cuando el Congreso empiece la nueva legislatura el próximo 20 de julio. No obstante, es una constante en la política colombiana que los caciques siempre se quejan y siempre amenazan. Tal vez por eso Ernesto Samper decidió aplicar la fórmula del "aquí mando yo" con la esperanza de que será capaz de replicarla cuando los proyectos de ley del gobierno empiecen a hacer tránsito en el Parlamento.
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