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| 5/5/2015 4:05:00 PM

“Aquí me quedo”

De los colombianos que estaban en Nepal en el momento del terremoto, María Paula Rainbold es una de las pocas que vive en el país asiático. Ahora su trabajo tiene más relevancia que nunca.

María Paula Reinbold llegó a vivir en Nepal el 31 de marzo pasado, solo 25 días antes del terremoto. Se había ganado una convocatoria para trabajar con Unicef en temas de primera infancia, pero sus tareas dieron un vuelco total a raíz del desastre natural.

Cuando la tierra empezó a temblar, ella caminaba desde su casa hacia la oficina de Naciones Unidas. Parada exactamente en el lugar donde se encontraba en ese instante, muestra cómo agarró a un señor desconocido del brazo y lo llevó a la mitad de la calle. “No sé cómo describirlo, si como un acordeón o como una tabla de surf en medio del mar picado. No me caí porque hice equilibrio con el señor”. Lo que más le impresionó fueron los pájaros que inmediatamente colmaron el cielo como puntos negros enloquecidos, y el rugido de la tierra, como si fuera un león.

En medio de toda la tragedia, María Paula cree que los nepaleses fueron afortunados. Como era sábado y era apenas medio día, mucha gente estaba fuera de sus casas y no había colegios, lo que posiblemente disminuyó el número de víctimas mortales. Cinco minutos antes, ella había pasado por Durbar Square de Patán, uno de los lugares históricos de la ciudad que quedó fuertemente afectado. Allí, la gente estaba haciendo sus ofrendas en los templos, pues ya se acerca la época de los monzones.



Precisamente ese es uno de los mayores problemas que se avecina. En menos de un mes empieza la época de monzones, donde hay fuertes tormentas e inundaciones. Hasta el 3 de mayo se contaban más de 191.000 casas destruidas y 175.000 fuertemente averiadas, lo que tiene a miles de personas viviendo provisionalmente a la intemperie o en carpas. Eso hace que la situación humanitaria de Nepal esté en vilo y lo más seguro es que empeorará en los próximos meses.

La colombiana abandonó el apartamento que tenía en arriendo, pues quedó con una grieta muy grande y desde entonces se ha quedado donde unos amigos. Durante los primeros días se convirtió en una persona clave para hacer puente entre familiares, el consulado y los colombianos en Nepal.

Ella dice que ha sido como un paréntesis en su vida. Que además de estar asustada por los temblores constantes, las jornadas de trabajo no paran porque hay mucho por hacer. Las oficinas principales de Naciones Unidas se han visto inundadas con misiones de todas partes del mundo, con expertos que han llegado a ayudar. “Es una locura caminar de día por aquí”, lo dice mientras señala las carpas temporales que instalaron en un costado del edificio principal.

Lo último que le pasa por la cabeza es abandonar el país, pues, según ella, su trabajo adquirió una relevancia inmensa, pues los niños y niñas son los más vulnerables en esta clase de situaciones.

Según Unicef, alrededor de 1 millón 700 mil niños se han visto afectados por el terremoto, ya sea porque perdieron a sus padres, sus casas o sus colegios. Además de las necesidades urgentes de sobrevivencia, también se deben empezar a establecer espacios temporales de estudio para cuando el 14 de mayo entren de nuevo los niños a estudiar, pues decenas de colegios quedaron destruidos. “Yo vine a trabajar en primera infancia y aquí me quedo”, concluye esta joven bogotana.
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