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| 7/28/2012 12:00:00 AM

Marion Kappeyne, la embajadora orquesta

La holandesa Marion Kappeyne es el verdadero poder detrás del medio ambiente en Colombia. ¿Por qué su partida tiene preocupada a tanta gente?

La vida de los embajadores en un país suele ser pasajera, su trabajo consiste en ir y venir. Por eso llamó la atención que cuando la embajadora de Holanda, Marion Kappeyne, anunció el fin de su misión, los ambientalistas, los defensores de derechos humanos y el alto gobierno registraron esa noticia como una pérdida. Ese sentimiento era explicable. Desde que llegó al país, en 2008, su gobierno financió proyectos por 23 millones de euros anuales que comprendían desde el pago de los salarios de funcionarios del Ministerio de Ambiente, hasta programas para reintegrar a los desmovilizados a la vida civil.

Para todos los 'socios' de esos proyectos, su partida significa una pérdida doble: por un lado, se trata de la despedida de una firme defensora de causas que en Colombia tienen pocos adeptos y, por otro, se da en momentos en que la cooperación de los países desarrollados hacia el país comienza a disminuir.

La embajadora Kappeyne impuso un particular estilo de hacer diplomacia en el país. Va en bicicleta a casi todas partes y es normal verla en los trancones de la 11 paseando a su perro Quito, un "compañero ciento por ciento criollo" que adoptó en Bogotá. Por eso, el exministro de Ambiente, Manuel Rodríguez, la describe como "una mujer firme, sin ínfulas de embajadora, muy de lavar y planchar, en el buen sentido de la palabra". Casi no hay un rincón de la geografía al que no haya llegado. Ha estado en La Amazonia, La Guajira, Chocó, Urabá y Putumayo. Subió el Nevado del Ruiz y fue a ver las ballenas en Bahía Málaga. De hecho, estaba en una gira por el Cauca pocos días antes de que estallaran las protestas. Ha llegado, incluso, a estar de bota pantanera en plena inundación de La Mojana, en Sucre, durante dos días con los técnicos tratando de encontrar la solución al problema.

A pesar de que su trabajo es muy conocido en un nicho, pocos saben que detrás de cada logro en la política ambiental o en derechos humanos ella ha puesto, a nombre de su país, su grano de arena. El impulso holandés ha sido clave para que Colombia construyera una política de recursos hídricos e incluso para que el tema 'verde', que usualmente no genera titulares, estuviera en la agenda política. En las pasadas elecciones presidenciales, los holandeses financiaron el Pacto Ambiental que comprometió a todos los candidatos alrededor de este tema.

Y en algunas entidades este apoyo ha significado tanto como la diferencia entre existir o no existir. La directora de Parques Naturales, Julia Miranda, cuenta que hace unos años su presupuesto era "ínfimo", pero gracias a esa cooperación consiguió desde los carros que requerían hasta 55 nuevos funcionarios que necesitaban. Holanda ofreció pagarlos por cinco años si el gobierno se comprometía a mantenerlos una vez esa ayuda finalizara. "Si no fuera por ellos nos habría tomado muchos años llegar hasta donde estamos", reconoce.

Muchas ONG también reconocen que su labor sería más difícil sin el empujón holandés. Por la nómina de esa cooperación pasan desde la MAPP-OEA, que hace seguimiento a la desmovilización, hasta la Fundación Arco Iris, la Comisión Colombiana de Juristas, Patrimonio Natural, Alisos, el Foro Nacional Ambiental, la Mesa de Mujeres, entre muchos otros. Hay otras iniciativas de construcción de paz en La Macarena y de fortalecimiento a los agricultores para que puedan vender productos sostenibles en Europa.

Con el gobierno, el último año han sido socios en una dura cruzada: paliar los efectos del invierno. Ambos países firmaron una alianza para cooperación técnica en las grandes obras de infraestructura. De hecho, Holanda donó los estudios previos de proyectos para acabar con dos de los dolores de cabeza más grandes para el país cuando se inunda: el canal del Dique y el jarillón de Cali. Los estudios harán que el proceso de licitación, en el que probablemente participarán empresas de ese país, comience más rápido.

La embajadora cuenta que eligió venir a Colombia. "Trabajar aquí era un sueño para mí", dice. Había sido directora para las Américas del gobierno holandés y cuando sus hijos se graduaron del colegio, ella y Ton Driessen, su esposo y cómplice, decidió aceptar un cargo fuera de Europa. De Colombia le llamó la atención el dinamismo de su gente y la complejidad de sus problemas y dice que está convencida de que el país, con el actual despegue económico, "tiene hoy todas las posibilidades".

Precisamente, esa nueva realidad nacional, más boyante, es la que está dando pie a que su país -así como casi toda la comunidad internacional- dé un viraje sobre los recursos de cooperación para Colombia. "En el pasado Colombia tenía una relación entre donante y país receptor de ayudas. Hoy es un socio". Ese cambio ya se ha sentido. Estados Unidos bajó el presupuesto del Plan Colombia casi 40 millones de dólares y España pasó de donarle al país 111 millones de euros anuales en 2009 a 38 millones en 2011.

Son varias las razones de este viraje. La primera es la crisis económica mundial. Con varios países europeos al borde de la quiebra y Estados Unidos en recesión es difícil seguir ayudando al mundo en desarrollo. En otras palabras, ya no es tan claro cuáles son los países que necesitan ayuda. La segunda razón tiene que ver con el hecho de que Colombia es considerada hoy no solo un país de un ingreso medio, sino uno que está al borde de protagonizar un gran despegue, y quiere entrar a ser parte de la Ocde, el club de países ricos.

Ese buen momento impulsará muchos sectores pero transformará a otros, como las ONG, que han dependido de la cooperación para existir. "Van a sufrir mucho", resume Manuel Rodriguez. Para León Valencia, director de Arco Iris, este viraje de la cooperación va a terminan impactando sobre todo a las "entidades independientes y críticas que son una fuerza muy necesaria para la democracia del país". Por eso, la embajadora dice que "algunas de estas organizaciones deberían moverse más de la protesta a la propuesta".

Respecto al impacto que esto tendrá en los fondos para la protección del medio ambiente el ministro Frank Pearl es más optimista. "Colombia está en un momento en que tiene la capacidad de asumir estos temas", asegura. Otros, como la directora de Parques, Julia Miranda, temen que cuando la cooperación disminuya, no haya recursos del presupuesto nacional que la reemplace.

Este fenómeno ha hecho pensar a algunos que es difícil que una embajadora como esta vuelva a acompañar a los colombianos. Mientras tanto, hay múltiples almuerzos y cocteles para despedir a quien fue aliada de muchas causas y creó un vínculo sólido entre

los Países Bajos y Colombia. Entre la lista de cosas que le quedaron por hacer pone en primer lugar visitar, en calidad de turista, el parque El Tuparro y Caño Cristales. Con eso siente que se llevara el mejor recuerdo de un país en el que "no puede uno dormirse, ni aburrirse".
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