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| 4/6/2011 12:00:00 AM

Marta Lucía Ramírez y Jorge Robledo: mano a mano sobre acuerdos militares con EE.UU.

La exministra y el senador abordan el polémico tema en el libro 'Relaciones militares Colombia-Estados Unidos', que se lanzó este jueves. Semana.com habló con los autores.

Uno de los temas más controversiales de la política exterior colombiana ha sido su obsecuencia a los intereses de Estados Unidos. De un lado están quienes creen que esa relación es necesaria para conquistar metas en el campo del desarrollo, la economía y la seguridad. De otro están quienes consideran que esa relación es desventajosa, y en consecuencia deriva en pérdidas.

Muestra de ello fue la discusión del acuerdo para prestar las bases militares colombianas al Ejército de Estados Unidos. Ese capítulo reciente de las relaciones diplomáticas generó debate, no sólo en el ámbito local, como era de esperarse, sino en el regional.
 
Al final, la Corte Constitucional dejó el acuerdo sin vida en un momento conveniente para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Colombia y Venezuela.
 
No obstante, la discusión sobre el acuerdo para prestar las bases militares revivió el debate sobre el papel de Colombia en la región y la conveniencia de una relación sujeta a los intereses de Washington.
 
Esa discusión aún no termina. La revista Semana y la editorial Norma lanzaron en la noche del jueves, en el Club El Nogal, el libro Relaciones Militares Colombia-Estados Unidos en el cual, desde orillas opuestas, el senador del Polo Democrático Jorge Robledo y la exministra de Defensa Marta Lucía Ramírez dan su punto de vista sobre la cooperación militar entre los dos países.

Robledo argumenta que la obsecuencia con la agenda de Defensa de los Estados Unidos podría poner en peligro a Colombia, mientras que Ramírez afirma que en un contexto global es necesaria la cooperación en la lucha contra el crimen organizado, y por lo tanto, es conveniente desmitificar los alcances de un acuerdo como el que se discutió.

Para el analista internacional y excanciller Rodrigo Pardo, quien hizo el prólogo del libro, aunque los dos tienen “algún acierto”, también se equivocan, porque asumen visiones radicales.

“En la derecha no entienden, ni asumen en serio, que la diplomacia es un instrumento efectivo para satisfacer los intereses nacionales sin poner en peligro la paz y sin necesidad de acudir a la fuerza. En la izquierda no aceptan que la cooperación en el campo militar, y de hecho en otros campos también, se puede diseñar sin poner en peligro ni en juego la soberanía nacional”, dice el excanciller.

A propósito de la discusión contenida en el libro, Semana.com habló con los dos autores quienes explicaron sus puntos de vista. Esto fue lo que dijeron:

Semana.com: Para usted, ¿acuerdos militares como el que no se ratificó son importantes para combatir la delincuencia transnacional?

Marta Lucía Ramírez:
Hoy, más que nunca, ante la evidente relación directa entre la violencia, el narcotráfico, la ausencia o la presencia insuficiente del Estado, los conflictos y el subdesarrollo, se impone la necesaria cooperación en materia de seguridad y lucha contra tales flagelos. Para Colombia y algunas de las naciones menos desarrolladas del hemisferio –como es el caso de Bolivia, Ecuador, Venezuela, varios de los países de Centroamérica y del Caribe–, así como para otras con mayor nivel de desarrollo –como es el caso de México, Brasil y Argentina–, se requiere de manera urgente una agenda estratégica de relaciones de cooperación interamericana que incluya sin prevenciones a Estados Unidos y con ánimo de colaboración sincera.

Jorge Robledo: En general, yo no estoy de acuerdo con ninguna teoría que se levante sobre el presupuesto de que el fin justifica los medios. Yo estoy de acuerdo con que Colombia se levante militarmente contra quienes lo amenacen militarmente: paramilitares, guerrilla, delincuencia común. Pero también soy enfático en que esa manera de enfrentarlo no se puede hacer de cualquier forma. El Estado no puede robar al que lo roba, secuestrar al que secuestra, o asesinar al que asesina. Y esgrimir la capacidad de fuego como instrumento de lucha contra la guerrilla y el narcotráfico cae en ese argumento de que el fin justifica los medios… Si algo le ha hecho daño a este país es la creencia de que el fin justifica los medios. Eso se aplica a quienes digan que las bases se iban a utilizar para disuadir a un país vecino. Cada vez queda más claro que esas bases no eran para hacer una contención cierta de actividades militares de vecinos, sino que esas bases eran parte de la estrategia de guerra de Estados Unidos, por el control de América y del mundo.

Semana.com: El acuerdo militar desencadenó una álgida discusión, tras el fin al préstamo por parte de Ecuador de la base militar de Manta…

Marta Lucía Ramírez: Ante la negativa de prorrogar los acuerdos existentes al respecto, fundada en una disposición constitucional que prohíbe la instalación de bases militares extranjeras en territorio ecuatoriano, los gobiernos de Estados Unidos y Colombia decidieron suscribir un acuerdo simplificado de asistencia y cooperación técnica y por eso se dispusieron, entre otras medidas, el acceso a siete bases militares colombianas, con el fin de mantener activos los esquemas de control que venían desarrollándose desde Ecuador… Es de rescatar el significativo valor del acuerdo, inscrito dentro de la clara línea disuasiva de la política exterior estadounidense, por lo menos en materia de la desafiante lucha contra el narcotráfico; y, por otro lado, visto como un marco de referencia importante en la medida en que intensifica el interés y allana el camino para su adhesión, de quererlo así los demás Estados del hemisferio.

Jorge Robledo: Yo he dicho que el acuerdo es peor que el que había suscrito Estados Unidos con Ecuador en Manta. Es peor, por lo menos, por dos razones. La primera, porque aquí estábamos hablando de siete bases militares. No es lo mismo una que siete. Y la segunda, porque lo que los gringos estaban autorizados a hacer en Manta era muchísimo menos de lo que estaban autorizados a hacer aquí. En Manta estaba claro que cualquier medida de interdicción tendría que ser hecha por aeronaves ecuatorianas. Aquí no. La autoridad gringa tenía absoluta libertad para moverse en asuntos de guerra.

Semana.com: ¿Qué va de la inmunidad a la impunidad?

Marta Lucía Ramírez:
La cooperación debe ser, por supuesto, respetuosa de las leyes nacionales y por tal razón no es aceptable que bajo su manto se pretendan imponer condiciones de inmunidad que solo caben de manera excepcional, para actividades derivadas de la labor diplomática y bajo los estrictos términos y condiciones de los tratados internacionales vigentes. Así entendida, la cooperación es una garantía de que cada uno de nuestros Estados seguirá mejorando sus capacidades para cumplir con el deber sagrado e indelegable de preservar su sistema democrático y de proteger la vida y las libertades de sus ciudadanos e instituciones contra cualquier tipo de amenaza.

Jorge Robledo: Hay varios casos de militares que documento basado en fuentes de prensa. En Tolemaida, por ejemplo, hay uno de una violación de una niña por oficiales norteamericanos. Hay otro caso de un militar que fue sorprendido vendiéndole munición a un grupo de paramilitrares. Lo que argumento en ese capítulo es que en esos acuerdos se suscribe una inmunidad que se constituye en la práctica una impunidad.

Semana.com: ¿Y la soberanía?

Marta Lucía Ramírez:
La soberanía, en tanto atributo del Estado, no tiene solamente una connotación interna sino que también se refleja en el ámbito externo. Los problemas graves existentes hoy en día en nuestro país, y para cuya superación se requiere de la colaboración de otros Estados, hacen pensar que se debe permitir el recibo de auxilios extranjeros a fin de atender la ayuda humanitaria, bajo el entendido que se proteja el núcleo de la libertad estatal propio de la autodeterminación y sin desconocer reglas y principios de aceptación universal. El concepto de soberanía ha perdido, hoy en día, su carácter absoluto y excluyente para someterse a la regulación de la comunidad internacional.

Jorge Robledo: En un mundo globalizado tiene más sentido la palabra soberanía. En el libro cuento que una tribu en el centro del Amazonas o en el centro de Oceanía, probablemente no necesita el concepto de soberanía. Porque estas comunidades no se relacionan con nadie. Cuando los pueblos se relacionan entre sí es que aparecen los criterios para hacer aceptables esas relaciones. Uno de esos criterios es la soberanía. La soberanía no se opone a que nos relacionemos sino a que lo hagamos de mala manera. Cuando los patriotas liberaron a América de España, no lo hicieron para aislarse, sino para ser reconocidos como soberanos y poder relacionarse bajo otros parámetros con otros pueblos.

Semana.com: ¿Y ahora, qué pasará?

Marta Lucía Ramírez:
Consideramos que en estricta lógica y coherencia, lo adecuado sería llevar el acuerdo al Congreso para su discusión, aun a riesgo de que se reabra la polémica sobre temas tan sensibles del mismo, como aquellos relacionados con el estatus e inmunidad del personal militar estadounidense o sus contratistas, el acceso, uso, propiedad y ubicación de las instalaciones militares y el respeto por las leyes nacionales. Así las cosas, el Gobierno Nacional tiene la última palabra.

Jorge Robledo: Saludo el concepto del Consejo de Estado y la posición de la Corte Constitucional de decir que el trámite fue ilegal. Lo sostuve desde el principio. Bastaba una lectura elemental para darse cuenta de que violaba la Constitución. Si quisieran violar la Constitución tendrían que hacer el acuerdo mediante un tratado. Me complace que la Corte hubiera dicho si quiere las bases se debe tramitar un tratado que pase por el Congreso. Pero le tienen miedo, porque seguramente la Corte también lo va a declarar inconstitucional, porque no hay artículo que permita hacerlo.

No me preocupa si el gobierno propone el tema. Lo que me preocupa es algo que apenas sí menciono en el libro: que hoy hay inversiones enormes por fuera del acuerdo de las bases, particularmente en Tolemaida, que violan la ley más descaradamente que nunca. Eso lo tengo documentado y seguramente será motivo de un debate que estoy preparando.
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