Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2016/03/17 22:14

Marzo, el mes que Santos quisiera olvidar

El revés de Colombia en La Haya se unió a la baja popularidad del presidente, al paro nacional, a la crisis energética y al freno en las negociaciones de La Habana. Una tormenta perfecta.

Presidente Juan Manuel Santos. Foto: Archivo particular

Marzo estaba predestinado a ser el mes del presidente Juan Manuel Santos. No era para menos. Tenía la convicción de que culminaría el proceso de negociación con las FARC y se convertiría en el mandatario que firmaría la paz, anhelada por todo el país, pero también su mayor apuesta política, la que lo catapultaría en la historia. Pero el tercer mes del 2016 no está saliendo como lo tenía planeado.

Por el contrario, a Santos jamás se le habría pasado por la cabeza que resultaría ser uno de los meses más adversos de su gobierno y que, como dice el refrán popular, llegaría con todas las desgracias juntas, una tras otra.

Bastaría calzarse los zapatos del presidente este jueves 17 de marzo para comprobar su mal momento. Al despertar, Santos recibió la mala noticia de que los colombianos no habían cumplido la meta del ahorro de energía. A media mañana, vio cómo el país perdía una nueva batalla en la Corte Internacional de Justicia de La Haya frente a las pretensiones expansionistas de Nicaragua. Y en la tarde, por las ventanas de su despacho, se filtrarían los sonidos de cornetas y arengas de las casi 15.000 personas que salieron a protestar contra las políticas del Gobierno, en la jornada de paro nacional. Como ningún otro colombiano, Santos anhelaba un nuevo amanecer.

El mes de marzo también llegó con la amenaza de apagón que se posó sobre el país a pesar de que el Gobierno, una y otra vez, había descartado cualquier posibilidad de racionamiento. Pero no. Los estragos del más fuerte fenómeno del Niño en 35 años, con su sequía y altas temperaturas, casi secaron las hidroeléctricas, amenazando con el desabastecimiento de energía.

La crisis energética, además, sorprendió al Gobierno, que no fue diligente en tomar las precauciones necesarias. Santos, amenazado por el fantasma del apagón, recurrió a la solidaridad de los colombianos e inició una cruzada para ahorrar el 5 % de energía al día. Sólo ha superado la meta una vez y este jueves vio cómo los colombianos retrocedieron en la cruzada por el ahorro. La sombra del racionamiento aún no se despeja.

Pero la crisis energética no llegaría sola. Coincidió con la crisis del proceso de paz. Tras comprobar los nuevos enredos en la Mesa de La Habana y que estaba lejos de entregar resultados, Santos tuvo que desmontarse de la fecha del 23 de marzo, asegurando que no por cumplir con esa promesa firmaría un mal acuerdo. Tuvo que recurrir  a su hermano Enrique para resolver esta nueva crisis. Aún espera que la próxima semana, en Cuba, haya decisiones que alimenten la confianza en el proceso de paz.

Por si fuera poco, marzo llegó con el que ha sido uno de los tormentos del presidente Santos: las encuestas. Nunca antes, en los cinco años y medio que lleva en la Casa de Nariño, el presidente había tenido una crisis de popularidad tan severa. Su imagen favorable descendió hasta el 25 %, y el 70 % de desaprobación de su gestión.

Un rechazo que se tradujo en paro. Sindicatos, trabajadores, campesinos, estudiantes y varios partidos políticos salieron a las calles para protestar contra las políticas económicas de Santos, por la venta de Isagén y las políticas de privatización, para rechazar el insuficiente aumento salarial, y para exigir el cumplimiento de acuerdos suscritos desde años atrás. En la calle se comprobó el malestar con el Gobierno.

Y si la política internacional era una de las asignaturas sobresalientes para el Gobierno, al otro lado del Atlántico, en La Haya, Holanda, el país sufría un nuevo revés en la Corte Internacional de Justicia. La defensa que el Gobierno había diseñado para contrarrestar el fallo del 2012 no produjo los resultados, con la grave consecuencia de que el país puede perder otro pedazo. 

Es cierto, Santos se vio obligado a  anunciar que Colombia no volvería a comparecer al tribunal internacional, y todos los partidos políticos, hasta el uribismo, lo rodearon. Un respaldo que, a pesar de todas las desgracias juntas, no deja de ser un bálsamo para Santos.

Tener el país en riesgo de racionamiento, rebotados a los trabajadores, perder la estrategia de defensa en La Haya, y no firmar la paz, es un muy mal panorama que trajo marzo para el presidente Santos.  

 

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