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| 2/8/1999 12:00:00 AM

MAS ALLA DE LA FOTO

En el desaire de 'Tirofijo' a Pastrana muchos han presagiado el fracaso inminente de <BR>los diálogos, pero este proceso con las Farc es el más sólido de los últimos tiempos.

El mejor momento que ha vivido el proceso de paz duró apenas un par de horas. El
país que despertó optimista el pasado jueves recuperó su escepticismo tradicional a las pocas horas al
observar, en la pantalla del televisor, la silla vacía de 'Tirofijo' y la cara de sorpresa y desolación del
presidente Andrés Pastrana.
No son pocos los colombianos que han visto en el desaire que 'Tirofijo' le hizo al presidente Pastrana en
San Vicente del Caguán una señal de que el proceso de paz no va por buen camino. La sorpresiva
inasistencia de 'Tirofijo' al acto de instalación de las mesas de diálogo ha sido interpretada como una
muestra de que, mientras que las Farc cuentan con una estrategia de largo plazo, al gobierno
apenas lo asiste su audaz optimismo.
Los escépticos han empezado a hacer públicas sus preocupaciones. Según este sector de la
opinión el proceso de paz se parece cada vez más al que adelantó sin éxito el gobierno de Belisario
Betancur, y un proceso de esa naturaleza sólo servirá para garantizar el fortalecimiento estratégico
militar y territorial de la guerrilla.
Pero si bien es cierto que el desplante del Caguán le ha costado al gobierno en el corto plazo y que,
probablemente, también le costará a la guerrilla, hay razones para pensar que el proceso de paz que
ha iniciado el presidente Pastrana es más sólido que los anteriores y que sí podría conducir al fin del
conflicto armado en Colombia.

Atacan los escepticos
Al gobierno le han dicho de todo después del jueves. Que el Presidente es un optimista pero no un
estratega y que el alto comisionado es un patriota pero tampoco es un estratega. Que, en cambio, en
el secretariado solo hay estrategas, políticos o militares, pero estrategas al fin y al cabo. Que la
Presidencia no ha debido permitir que el Presidente llegara a San Vicente sin la absoluta certeza
sobre la decisión de 'Tirofijo'. Que faltó un plan alternativo. Que, si existió tal plan, fue insuficiente. Que
sobraba la silla de 'Tirofijo'. Que el Presidente no ha debido asistir al acto. Que, en fin, los negociadores
del gobierno agotan las más altas instancias mientras que los de la guerrilla son de nivel muy
inferior.
Todo lo anterior puede tener algo de verdad. Pero nadie puede negar que con cada una de sus
decisiones el Presidente ha ido dejando a la guerrilla sin excusas para sentarse a un verdadero
diálogo para ponerle fin al conflicto armado en Colombia. Y eso no es poca cosa. Pero además, así
como Belisario Betancur abrió paso a la búsqueda de las soluciones políticas al conflicto armado,
Pastrana ha abierto camino a la teoría de que la paz con las Farc no es la búsqueda de una simple
reinserción de un movimiento guerrillero sino un proceso muchísimo más profundo. Y eso tampoco es
deleznable.
Como si lo anterior fuera poco, no hay que olvidar que la ausencia de 'Tirofijo' opacó algo que revela
también un triunfo de Pastrana: la representación de los sectores políticos e industriales del país
quedó por el momento asegurada con la presencia de los negociadores oficiales, sin mayor costo
político para el gobierno ni acuerdos políticos previos.

De guerrilla a Ejercito revolucionario
Tampoco es malo que la opinión haya bajado sus expectativas sobre el proceso de paz. Lo cierto es
que un proceso de esta naturaleza con las Farc entraña unas dificultades que pondrán a prueba la
paciencia de los colombianos, algunas de las cuales _las ofensivas militares, los despejes, el canje
de prisioneros y la ausencia absoluta de concesiones al Estado_ ya ha vivido el país en estos meses.
¿Por qué será tan difícil la negociación con las Farc? En primera medida porque hoy, como nunca
antes, la guerrilla cuenta con una fortaleza demostrada en el plano militar que ha logrado vender
ante la opinión como una relativa superioridad táctica frente a las Fuerzas Armadas, las cuales, por
su parte, no han logrado contrarrestar esto con acciones ofensivas importantes en los últimos tiempos.
Las Delicias, Puerres y Patascoy y más de 300 soldados y policías retenidos demuestran este
aspecto.
En segundo lugar, las Farc cuentan hoy con una experiencia importante en las artes de la
negociación. Al fin y al cabo, mientras que por parte del establecimiento han pasado ya cinco
equipos distintos de negociación desde 1982, la cúpula máxima de las Farc ha sostenido y sofisticado
su propia línea desde la misma fecha. Así han logrado iniciar ahora un proceso que transcurre bajo el
fuego, sin reinserción, sin desmovilización y sin desarme. A lo cual le han sumado el despeje de un
territorio importante para iniciar contactos anteriores a una negociación. Todo ello sin comprometerse a
sentarse a dialogar de paz con el Estado y garantizando, en dos oportunidades, la presencia del
Presidente de la República.
Pero quizá lo más importante es que las Farc se comportan hoy como un Ejército. O, como dijo el ex
presidente nicaragüense Daniel Ortega, "como un movimiento revolucionario en ascenso". Esto quiere
decir que hoy por hoy las Farc han dejado atrás las proclamas ideológicas y han adoptado una
personalidad casi exclusivamente militar. En consecuencia, sus más importantes líderes son los de
la 'línea dura' y el más importante de todos, el consentido de 'Tirofijo', el 'Mono Jojoy'; los voceros son
en su mayoría troperos; quien leyó la carta de 'Tirofijo' fue 'Joaquín Gómez', que comandó las últimas
ofensivas de las Farc. Pero además el tema de la eliminación de los paramilitares y la imposibilidad de
concederles estatus político contó con la mayor relevancia en el discurso de 'Tirofijo' y la búsqueda
de reconocimiento de territorialidad ha sido una prioridad en estos meses. Y, por último, la
retención de soldados hoy es una prioridad para las Farc porque, en calidad de prisioneros de guerra,
sirven para ser canjeados por presos de la guerrilla que pagan condenas en cárceles
colombianas.
Este proceso de 'militarización' de las Farc, profundizado con la muerte de Jacobo Arenas, y el
fortalecimiento del ala militar, explica también cosas muy relevantes como el que el discurso de
'Tirofijo' haya sido más un memorial de agravios sobre los enfrentamientos militares que un serio
planteamiento político o una inteligente reivindicación de conquistas sociales; o aspectos puramente
simbólicos como el que la inspección del Batallón Cazadores haya sido llevada a cabo por guerrilleros
armados o que los voceros se hayan sentado en la mesa principal, al lado del jefe del Estado, con el
Galil colgado al hombro.
Como ejército, la guerrilla ha adoptado otras decisiones de realpolitik. Una de ellas, la más grave de
todas pero de una eficacia incuestionable, fue la de obtener una buena parte de la financiación de sus
operaciones militares a través de los gravámenes al procesamiento y tráfico de coca y de la
protección de cultivos en el sur del país. No se podría explicar de otra manera que el Bloque
Suroriental fuese, como es en la actualidad, el responsable de traer a la cuenta corriente de las Farc
casi el 70 por ciento de sus ingresos.

La verdadera estrategia de Pastrana
Pastrana no sólo sabe esto. Es consciente de que, en el interior del Ejército y en el establecimiento
económico y político colombiano, lo común no es la apertura ante la búsqueda de soluciones
políticas al conflicto armado sino, por el contrario, la insistencia en que a la guerrilla hay que
derrotarla militarmente. Quizá por eso lo que algunos señalan como ausencia absoluta de estrategia
ha terminado siendo la fórmula para iniciar un proceso de paz lleno de problemas pero
aparentemente bien encaminado.
Quienes afirman que la estrategia de Pastrana es la de Alvaro Leyva y que ésta, a su vez, es una
réplica de la estrategia de las Farc, podrían tener algo de razón. Esto no es cierto si se predica de
la estrategia de negociación del gobierno, una vez iniciada la negociación propiamente dicha, pero sí
podría ser cierto en lo que se refiere a lo que está haciendo Pastrana para llevar a las Farc a la
mesa.
En el fondo Pastrana ha sido consecuente con lo que viene diciendo desde la campaña de 1994: hay
que pedirle a la guerrilla que le diga al país qué quiere. Y para ello hay que sentar a las Farc a la mesa
del diálogo. Alvaro Leyva, que las conoce bien, sabe que esto solo será posible si el gobierno deja de
lado los principios rectores de su política de negociación aplicados en el pasado.
Si ayer era indispensable una etapa de distensión para que el gobierno dialogara con la guerrilla, hoy
Pastrana sabe que insistir en esto implica matar el proceso antes de su nacimiento. Por eso su
gobierno habla bajo el fuego. Por el mismo motivo si antes era importante buscar un cese del fuego
unilateral o, en su defecto, uno bilateral, hoy nadie toca el tema. Pero más allá, si ayer era
impensable sentarse a la mesa con las Farc si no se dejaba en claro con anterioridad que el
diálogo debería llevar a la desmovilización, el desarme y la reinserción, hoy es claro que no va a
suceder ninguno de los tres y que si hay paz, ésta será más una fusión de las dos Colombias con
altísimos niveles de autonomía regional.
Por esos motivos lo que para unos es evidencia palpable de que Pastrana le ha concedido todo a la
guerrilla antes de iniciar el diálogo puede ser más bien el único camino de iniciar un diálogo con las
Farc, realizando concesiones en lo marginal para no tener que hacerlas en lo fundamental.

Todos en la foto
Pastrana ha logrado también ganar tiempo al sentar en la mesa al Partido Liberal sin hablar con su jefe;
al Congreso sin que medie un acuerdo con el Parlamento; a los industriales sin que los haya
convocado a todos, o a uno de sus gremios importantes, o siquiera a los cacaos; y a las regiones
sin que haya requerido para ello del voto mayoritario de los gobernadores. Esto demuestra una gran
audacia política. Hoy están casi todos los que tenían que estar, sentados en la mesa de las
negociaciones, nombrados a dedo por el Presidente con una aparente amplia representatividad
política.
Algunos, en especial en la guerrilla, afirman, quizá con razón, que esto resulta eficaz en el corto plazo
pero muy peligroso en el mediano y largo plazo. Al no contar con un acuerdo político previo el
gobierno corre el riesgo de que, en uno de los momentos difíciles del proceso, uno de los sectores, el
liberalismo, por ejemplo, afirme que el negociador liberal no tiene representatividad política y tome
distancia de sus decisiones. Pero aun si esto resultare cierto, el hecho de haberlos llevado al Caguán
y de que nadie haya debatido su representatividad dificulta al menos la retirada de cualquiera de
estos sectores, inclusive si no garantiza su respaldo pleno.

La paz se hace con plata
En lo que también ha modificado la historia anterior Pastrana es en amarrar la paz a los temas
económicos y sociales, lo cual es uno de los pilares de cualquier negociación con las Farc. Es por
eso que Pastrana considera que su plan de desarrollo es el eje central de su plan de paz, lo cual
explica la presencia de Jaime Ruiz, director del DNP, en algunas de las conversaciones con la guerrilla.
Y también es por ese motivo que, sin dejar de lado los temas de fortalecimiento de la fuerza pública
pero bajando el énfasis sobre estos temas en su discurso, Pastrana habla con frecuencia del Plan
Colombia, que incluye lo que deberán hacer, al lado del Estado, la comunidad internacional, la banca
multilateral y el sector privado en materia de inversión social. Pastrana eliminó definitivamente la
retórica de la paz, tan frecuente durante la administración Betancur, y ha llevado el lenguaje a los
verdaderos temas de la paz.

Paz, para acabar con el narcotráfico
Pero en lo que Pastrana ha logrado en verdad darle vuelta a los procesos anteriores de paz ha
sido en su estrategia internacional. Allí Pastrana ha aprovechado la coyuntura y ha diseñado una
estrategia para que sea inevitable el apoyo de Estados Unidos y de la comunidad de las naciones en
general al proceso de paz en Colombia.
Nadie puede negar que la coyuntura internacional ha generado un ambiente propicio para la
negociación en el país. El fin de la guerra fría, la mayor importancia geopolítica de Colombia en la
medida en que el tema del narcotráfico se hace cada vez más importante en el mundo y el fin de los
conflictos armados en el hemisferio son circunstancias que hacen prioritaria la búsqueda de la paz para
ambas partes.
La estrategia para amarrar a Estados Unidos al proceso ha sido ingeniosa. Pastrana ha convencido
a los gringos de que la única manera de luchar en verdad contra el narcotráfico en Colombia es
firmando la paz con las Farc. Quizás esto no sea del todo cierto pero nadie puede negar que ha
resultado un argumento poderoso. Y si bien Estados Unidos no se ha contagiado aún del optimismo
del presidente Pastrana, hay hechos palpables que demuestran un cambio de actitud de ese país
frente a la paz en Colombia. El primero, la reunión en presencia de Alvaro Leyva Durán, entre un
funcionario medio del Departamento de Estado y las Farc, hecho impensable en el pasado en la
medida en que éstas eran consideradas un movimiento terrorista. Y el segundo, que a la ceremonia en
el Caguán fue el embajador norteamericano, Curtis Kamman. A eso se agregan las reiteradas
expresiones de apoyo que el presidente Clinton hizo a su colega colombiano en la visita de Estado el
año pasado.

El mapa no es el territorio
Es indudable que la ausencia de 'Tirofijo' cayó mal, sobre todo en quienes han visto con esperanza el
proceso de paz. Si en algún momento Pastrana ha contado con la solidaridad de una mayoría amplia
de sus compatriotas fue en el momento en el que vieron la silla vacía a su lado.
Pero, como dijo el gobierno, era más importante la instalación de las mesas de diálogo que la foto. Y
aunque la foto del Presidente solitario que ha salido publicada revela debilidades evidentes en el
proceso, éste sigue su curso, que es lo verdaderamente importante.
Si se juzga por lo dicho en el discurso de 'Tirofijo', las Farc se han ganado algo que nunca antes
buscaron: sus pretensiones son, al parecer, mucho más simples de lo que todo el mundo
imaginaba. Y aunque es claro que la negociación será ardua, no hay al parecer nada en la agenda de
las Farc que constituya un cambio radical, una concesión inimaginable, una conquista social
impensable, una meta inalcanzable. Es posible que Pastrana sepa esto y piense que, aun en los
casos más extremos, el precio a pagar por la paz no sería excesivo frente a los dolorosos costos de la
guerra.
Las Farc no tienen, detrás suyo, a un solo líder internacional importante y parecieran carecer de un
líder para la paz entre sus filas. Pero sin duda a 'Tirofijo' lo anima la memoria de Jacobo Arenas,
quien murió sin haber logrado alcanzar sus ideales revolucionarios. También esto lo sabe el
presidente Pastrana.
Y aunque es verdad que la presencia de Marulanda no es tan importante porque la paz no se hace sólo
con él, no es menos cierto que hoy existe algo que jamás vivió el país en el pasado: la confianza
entre el máximo líder guerrillero y el jefe del Estado. Este sigue siendo el cimiento trascendental de
la paz en Colombia. Los dos lo saben bien, sólo que Pastrana lo sabe un poco más que 'Tirofijo'.


¿Qué sigue?
Aunque una buena parte de la opinión piense que la ausencia de 'Tirofijo' hizo que el proceso
arrancara con el pie izquierdo a la vuelta de unos días este detalle puede ser lo de menos. El
cronograma de la negociación muy probablemente se convierta en un tema-problema en menos de
un mes. Mientras el gobierno sostiene que la etapa de definición de la agenda de negociación vence
el 7 de febrero, es decir 90 días después de la creación de la llamada zona de distensión, para
las Farc los 90 días empezaron el jueves pasado. Y además no les corre ninguna prisa. Según fuentes
del grupo guerrillero lo más probable es que sea solicitada una prórroga del despeje para continuar con
la prenegociación.
Para el gobierno este escenario es, sin lugar a dudas, complicado. Mantener indefinidamente la zona
de despeje, convirtiéndola en una versión criolla de la Selva Lacandona de México, puede acarrearle
consecuencias molestas con algunos círculos del estamento militar y uno que otro sector del
establecimiento que, con razón o sin ella, cree firmemente en una tesis según la cual la administración
Pastrana viene haciendo una cesión territorial a las Farc y que a ese paso pronto los 42.000 kilómetros
de despeje se pueden convertir en una verdadera república independiente. Esta posibilidad también
tiene resistencia en sectores del fortalecido Partido Republicano de Estados Unidos que
reiteradamente han manifestado que la preservación de un territorio bajo el control de las Farc
necesariamente fortalece el tráfico de narcóticos desde Colombia.
Las Farc han sido enfáticas en separar el tema de los diálogos de paz del canje de soldados y policías
secuestrados por guerrilleros presos. El 20 de enero se reunirá 'Tirofijo' con una comisión del
Congreso para discutir sobre la figura legal para llevar a cabo el intercambio. Para esa fecha algunos
de los problemas de procedimiento y tiempo habrán empezado a salir a flote. De la habilidad del
presidente Pastrana dependerá en buena medida la continuidad de un difícil proceso de paz al que
su gobierno le ha apostado las más fuertes fichas y en el que buena parte de los colombianos tiene
fundadas sus esperanzas.

Las patas cojas
Para los analistas de la paz el proceso impulsado por el presidente Pastrana tiene todavía dos patas
cojas. Una es la falta de una política clara para involucrar a las Fuerzas Armadas, y la otra es la
compartimentalización del proceso entre las Farc y el ELN. Con respecto al primer tema _aparte de
los anuncios que se han hecho sobre la reforma interna del Ejército, que no están vinculados
necesariamente con el proceso_ no parece haber ningún movimiento. En el segundo, en cambio,
parecen estarse dando pasos importantes. A finales del año pasado el ex ministro Alvaro Leyva se
reunió con Milton y Pablo Beltrán, dos de los máximos líderes del ELN en el exterior, con el fin de
estudiar la posibilidad de unificar su proceso con el de las Farc. Como resultado de las conversaciones
se acordó buscar la forma de poner en contacto directo a Gabino y Antonio García _comandantes del
ELN_ con el presidente Andrés Pastrana. Una posibilidad es invitarlo a una reunión previa a la
instalación de la Convención Nacional, prevista para el 13 de febrero. De no ser posible, el Presidente
sería invitado a la ceremonia de instalación. En cualquiera de las dos circunstancias se buscaría
'oficializar' los diálogos, para lo cual se estudiaría la posibilidad de establecer una zona de
distensión similar a la que se acordó con las Farc en los municipios despejados en el sur del país.
Aunque en principio los procesos irían paralelos la idea es que al final confluyan en una gran
propuesta de Asamblea Nacional Constituyente.
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