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| 3/29/1999 12:00:00 AM

MAS PARTIDO QUE NUNCA

El liberalismo ya no solo está dividido entre oficialistas y colaboracionistas. Ahora hay liberales de <BR>la vieja alianza, santistas, pardistas, independientes... y lentejos a secas.

Para muchos lo previsible era que Horacio Serpa, refugiado en la dirección liberal después de
su derrota frente a Andrés Pastrana, perdiera cada vez más ascendiente en la bancada de su partido en el
Congreso. No era para menos. Después de 12 años de gobierno liberal los parlamentarios de esa colectividad
se convirtieron en una montonera interesada que solo responde a la voz de elecciones o ante quien les pueda
dar puestos. Los grandes feudos electorales, que sumados son la maquinaria del partido, se han alimentado
esencialmente de la frondosa burocracia regional y nacional. Así las cosas, para la mayoría de ellos estar en
la oposición, es decir, fuera del reparto de los puestos, significa perder la fuerza política ante sus electores.
Por eso la citación de Serpa a los congresistas liberales a los llamados retiros de Paipa era para
muchos un inventario del oficialismo. A orillas del lago Sochagota, el candidato con la mayor votación
liberal de la historia mediría su real poder de convocatoria frente a su propio partido. El que a Paipa hayan
ido 80 de los 150 congresistas liberales significa que el serpismo está golpeado, pero también que sigue
siendo la mayoría en su partido.Lo curioso es que sólo seis meses luego de posesionado Pastrana luzcan
más resquebrajados los liberales que hacen parte del gobierno que los oficialistas. Los colaboracionistas
están hoy divididos según su alineación en la campaña presidencial y su posición actual frente al
gobierno, con lo cual resulta imposible alcanzar un consenso sobre temas como la vocería del liberalismo
en la coalición de gobierno, entre otros tantos. La historia de estas múltiples divisiones se inició durante la
campaña pasada cuando algunos liberales decidieron apartarse de la candidatura de Serpa por considerar
que el país no resistiría una reedición del gobierno de Samper. Algunos de ellos se fueron con el ex fiscal
Alfonso Valdivieso y otros respaldaron la candidatura de Andrés Pastrana. Unos pocos, como Juan Manuel
Santos, se declararon neutrales. Cuando la aspiración de Valdivieso se fue marchitando algunos terminaron
en la llamada Gran Alianza por el Cambio. En esa época eran solo seis de los actuales senadores y cinco
representantes. Con la derrota liberal un 'sálvese quien pueda' recorrió las filas del oficialismo y ante la
perspectiva de quedarse por fuera de la fiesta burocrática el lentejismo empezó a florecer hasta convertirse en
lo que es hoy.La primera prueba se dio en la elección de las directivas del Congreso. Serpa, y lo que quedaba
del oficialismo, tuvieron que presenciar cómo Fabio Valencia Cossio era elegido presidente de un Senado
de mayoría liberal. Y en la Cámara el colaboracionista Emilio Martínez se llevó la presidencia sin que se
considerara la posición oficialista. La lucha por la vocería de los liberales no oficialistas se inició antes del 7
de agosto con pasos de animal grande por parte de Juan Manuel Santos. La fuerza que siempre lo ha
apoyado y su astucia política lo llevaron a pensar que podría convertirse en el vocero de los lentejos. El
negocio era redondo: sin haberse dejado contar, Santos pasaría a convertirse en la contraparte de Serpa
dentro del liberalismo con el apoyo de 70 congresistas, podía aspirar a ingresar al gobierno y prepararse para
ser candidato en 2002. Solo una cosa fallaba en el cálculo de Santos: los liberales que habían acompañado
primero a Valdivieso y luego a Pastrana durante la campaña. En pocos días Valdivieso y Rafael Pardo
convencieron al Presidente de que llevar a cabo acuerdos con Santos como vocero del antioficialismo
sería visto por ellos como una traición a los acuerdos de campaña. Con esa fuerza lograron alinear a los
lentejos y aunque la fuerza parlamentaria de Santos siguió siendo suya, en la vocería frente al gobierno
Santos quedó sin espacio político.Casi siete meses después esta contienda volvió a la palestra por una
convocatoria de Pastrana para lograr un acuerdo nacional sobre la paz. Era obvio que Serpa y Noemí Sanín,
los candidatos con mayor votación después de la de Pastrana, debían estar en la mesa. Lo que nadie
esperaba era que el Presidente, en un acto de intromisión en el partido contrario, llamara a Rafael Pardo en
representación del liberalismo colaboracionista. Esta hábil jugada de Pastrana significaba de paso un
reconocimiento a los tres ministros liberales de su gabinete y pretendía ser oxígeno para la reforma
política, que por esos días Serpa buscaba hundir. Sin embargo también tenía sus desventajas. Aunque
Pardo venía hablando un mes antes con los colaboracionistas hasta el momento nadie le había reconocido
personería como vocero. Más de un congresista alega que Pardo puede representar a algunos de los que
estuvieron con Pastrana antes de elecciones, pero no al lentejismo en su conjunto, cuya fuerza
parlamentaria se dio solo después de la derrota liberal. La promoción de Pardo tomó por sorpresa a Serpa. A él
sólo lo amenazaría la unión entre los antioficialistas y esta aparente unidad presagiaba una derrota de sus
retiros espirituales y posiblemente de la llamada constituyente liberal. Pero a quien le cayó como un balde de
agua fría fue a Juan Manuel Santos, que buscaba nuevamente posicionarse como el anti-Serpa en la
constituyente. Para Santos, Rafael Pardo es un paracaidista que viene otra vez a entorpecer su camino. Por
eso muy pronto reactivó sus célebres desayunos, y aunque sus cifras indican mayoría absoluta de senadores
colaboracionistas bajo su tolda, hay por lo menos cuatro de 22 que no firmaron la declaración santista. Pardo,
por su parte, no ha logrado galvanizar al liberalismo de la Cámara alrededor de la vocería. Lo que sí
consiguieron es que 70 parlamentarios liberales rechazaran la invitación de Serpa a Paipa y dieran su apoyo al
gobierno en paz, reforma política y plan de desarrollo.Ante este hecho Serpa cambió su posición de los
últimos días frente a la reforma política y de Paipa salió una declaración conciliadora de que los
congresistas asistentes le darán una nueva oportunidad a la iniciativa del gobierno. Sin duda el ganador es
Pastrana, quien usó con maestría el principio de 'divide y vencerás' al consolidar un bloque parlamentario
comprometido con sus iniciativas. Pardo gana en alguna medida, al reemplazar la vocería de Valdivieso entre
los liberales de la Alianza. Serpa prefirió no dejarse contar de momento, oponiéndose a las iniciativas de
Pastrana. Santos, a su vez, ha mostrado fuerza en el Senado y da la pelea, si bien no está ni en contra del
gobierno como Serpa aunque sus declaraciones intenten ser constructivas, ni a favor del mismo. Pero ahora le
tocará disputar con Pardo, que para Santos es un recién llegado a la política, la vocería de una disidencia
que más que voces lo que quiere es negociar sin intermediarios su ingreso en el computador de Palacio.
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