Domingo, 26 de febrero de 2017

| 1994/06/27 00:00

MAS VALE GUSTAR QUE SABER

Para el candidato de la Nueva Fuerza Democrática, perder por 20.000 votos fue más bien un triunfo.

MAS VALE GUSTAR QUE SABER

EL DOMINGO POR LA NOche, en los cuarteles de Andrés Pastrana la jornada se cerraba con información de una derrota de 18.000 votos ante Ernesto Samper. Pero aun con estos guarismos el ambiente en la sede era de euforia. Andrés Pastrana había empatado con Ernesto Samper. Y no era necesario ser un politólogo para saber que esto representaba una victoria. Porque empatar con Samper significaba empatar con el Partido Liberal unido, y, si bien todas las encuestas pronosticaban que esto iba a suceder, nadie había logrado hacerlo en este siglo. Belisario Betancur y Mariano Ospina Pérez, por ejemplo, ganaron contra un liberalismo dividido.

En Pastrana se reúnen dos condiciones aparentemente contradictorias: un magentismo personal enorme y una falta de preparación notoria. No es exagerado afirmar que en la historia contemporánea de Colombia nunca había estado a las puertas del poder una persona con tan poco bagaje intelectual. En comparación con los Lleras, un López, un Gómez Hurtado o incluso con su propio padre, Andrés es un niño de colegio. Su fuerte no es el intelecto, sino la intuición y el carisma.

Porque de lo que tampoco hay duda es de que nunca había estado tan cerca de la Casa de Nariño un hombre tan popular. Andrés es un fenómeno de masas diferente de los que se conocían en Colombia. Gaitán y Galán entusiasmaban a las multitudes, pero no despertaron jamás la histeria colectiva que Andrés Pastrana. La gente que iba a sus manifestaciones quería oírlos. La que va a las de Pastrana quiere verlo o, más todavía, tocarlo.

Aun así un empate con el Partido Liberal era muy difícil. Era necesario contar con la casi totalidad del conservatismo -un partido dividido-, con la mitad de la franja -que por lo general es abstencionista- y con una cuota de liberales del orden del 15 por ciento para lograrlo. Y estos tres requisitos se cumplieron.

La conclusión de todo esto es que para llegar a la Presidencia es mucho más importante gustar que saber. Al parecer los colombianos consideran que un hombre amable, con sentido común y que se sabe rodear puede ser una alternativa donde ya nadie cree en titanes. El estado de ánimo nacional es ante todo de cambio. Pero tal vez lo que más ilustra el talento político de Pastrana es que siendo hijo de un ex presidente en un país anticontinuista logró convertirse precisamente en el símbolo del cambio.

La campaña de Pastrana estuvo siempre muy bien manejada. La decisión de comenzar tarde le permitió estar fresco cuando su contendor se hallaba cansado. La estrategia suprapartidista resultó algo ficticia, pues Andrés es el hijo del jefe del Partido Conservador. El conservatismo no sólo votó en masa sino que en cierta forma resucitó. En las encuestas de diciembre de 1993, el 12 por cierto de los consultados se decían conservadores. En mayo pasado esa cifra había llegado al 22 por ciento. Hubo un aumento del ciento por ciento en identificación partidista en apenas cinco meses. En cuanto al voto independiente -o la famosa franja-, Pastrana obtuvo el 52 por ciento de este. Barco había logrado el 35, Gaviria el 28 y Samper consiguió el 30 por ciento.

Sin lugar a dudas el factor decisivo en el triunfo de Pastrana fue la televisión. Andrés Pastrana es el mejor comunicador de Colombia en la actualidad. El tropiezo del debate fue insignificante comparado con su maestría en todas sus otras apariciones en pantalla. Cuando no hay contendor intelectual, sino una conversación con un periodista, Pastrana es imbatible. Registra bien, seduce, llega. Y dado que la televisión está reemplazando a los partidos políticos como intermediario entre el pueblo y los candidatos, el éxito del ex alcalde es fácilmente comprensible.

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