Sábado, 21 de enero de 2017

| 2003/07/07 00:00

Matrimonios por conveniencia

Con la nueva reforma política los uribistas se convertirán más en pymes electorales que en partidos modernos.

Un paragrafo transitorio del artículo segundo de la recién promulgada reforma política unió al Polo Democrático, profundizó la división de la bancada uribista y tiene a más de un congresista preocupado por su futuro. Este inciso permite a senadores y representantes a la Cámara la conformación de nuevos partidos políticos si en un plazo máximo de tres meses logran sumar unos 210.000 votos, 2 por ciento de los votos válidos de las pasadas elecciones parlamentarias. Las nuevas medidas que trae la reforma política ya empezaron a recomponer el escenario político del país. Catorce movimientos perdieron su personería jurídica mientras que nuevas agrupaciones nacen en el Congreso. ¿Qué tan profundos son esos cambios?

No se había secado la tinta del acto legislativo cuando los representantes Gina Parody, Armando Benedetti y Luis Fernando Velasco, conocidos como los 'Ginos', anunciaron con bombo y platillos la creación de la primera organización política formal del uribismo: el Nuevo Partido. A esa idea se sumaron más representantes seguidores del gobierno como Adriana Gutiérrez, Sandra Ceballos, Carlos Ignacio Cuervo, Carlos Soto y Luis Dussán.

De manera casi simultánea el llamado Bloque Costeño, una fracción uribista encabezada por los senadores Darío Martínez y Héctor Elí Rojas, está pensando en convertirse en otro movimiento llamado Colombia Viva. En este grupo están los senadores Habib Merheg, Dieb Maloof, Salomón Nader, Salomón Saade, Fuad Char, Luis Eduardo Vives y Jairo Merlano, entre otros.

Otras dos tendencias del uribismo también sondean la posibilidad de conformar sus respectivas organizaciones políticas. La alta votación del senador Germán Vargas Lleras, uno de los mayores electores del país, le permitiría muy fácilmente mantener la personería jurídica del movimiento Colombia Siempre y convertirlo en un partido político. Además otros líderes gobiernistas en el Congreso, como los senadores Rafael Pardo, Claudia Blum y Oscar Iván Zuluaga, tienen el suficiente músculo electoral para cumplir con los nuevos requisitos y fundar su propio movimiento.

La reforma política va en camino de formalizar lo que todo el mundo sabe en el Congreso: que la bancada uribista no existe y que lo único que une a facciones tan diversas es la figura del presidente Alvaro Uribe. En el uribismo hay de todo: los disciplinados conservadores como Carlos Holguín y Luis Humberto Gómez Gallo, políticos de opinión como el senador Pardo, liberales de carrera como los senadores Martínez y Rojas, nacientes estrellas parlamentarias como Armando Benedetti, independientes como Jairo Clopatofsky. Hay políticos de las regiones con tendencia clientelista y miembros de la clase alta con fuerte presencia en los medios.

Es obvio que todos no caben cómodamente bajo el mismo techo de un partido único. La disputa de la presidencia del Congreso entre los senadores Vargas Lleras y Héctor Elí Rojas es una muestra de qué tan disímiles son los parlamentarios uribistas en estilos, ideologías y apoyos. A diferencia de la izquierda democrática, que avanza en la conversión del Polo Democrático en un partido político, el uribismo ha sido incapaz de aprovechar el poder de convocatoria del presidente Uribe para organizarse. La reforma política, diseñada para unir, fragmentó a la bancada de gobierno.

Dos mas dos es cuatro

No fue únicamente la promulgación del acto legislativo lo que provocó la desbandada uribista. La posibilidad en manos de la Corte Constitucional de que se celebren elecciones locales en octubre alarmó a los liberales e independientes uribistas que apoyan al gobierno. Al fin de cuentas son tan disidentes de la línea oficial del Partido Liberal como el primer mandatario y muchos de ellos no sólo no asistieron a las convenciones regionales sino que desdeñaron el congreso de su partido de origen.

Si la Corte Constitucional tumba la prórroga de mandatos de alcaldes y gobernadores en el fallo del referendo habría comicios en tres meses y las cartas del poder local se barajarían. Tener control político en alcaldías, concejos, asambleas y gobernaciones es indispensable para la supervivencia política de la mayoría de los parlamentarios. Mucho más en estos tiempos de escasez burocrática.

Además sería una torpeza política que luego de asumir el costo de apoyar a un disidente los políticos uribistas no cobren los altos índices de popularidad y aceptación del presidente Uribe. El problema radica en que el uribismo como partido político con personería jurídica no existe y, por ende, no puede avalar ninguna candidatura. Por otro lado, muchos liberales uribistas accedieron a sus curules parlamentarias con el aval de la colectividad roja y después de salirse no pueden ir a pedir el apoyo para sus candidatos locales.

La salida está en las matemáticas. Con el parágrafo transitorio el impasse queda solucionado. Hay que conseguir cinco senadores que hayan obtenido 40.000 votos cada uno en las elecciones pasadas o 10 representantes de 20.000 y así superar el umbral. Automáticamente este grupo de parlamentarios obtiene una personería jurídica y puede avalar candidatos bajo un nombre como Nuevo Partido o Colombia Viva. "Es mejor ser cabeza de ratón que cola de león", concluye el senador Darío Martínez.

El criterio mecánico sigue siendo la pauta y los niveles de agregación llegarán hasta que los políticos calculen que su reproducción está garantizada. Ante ese panorama queda la pregunta de si estas agrupaciones así concebidas son verdaderos partidos políticos o una adaptación de los políticos a las nuevas reglas de juego.

Pymes electorales

No hay que llamarse a engaño. Los nuevos partidos que nacen de las vertientes del uribismo no son más que un acuerdo electoral para no quedar por fuera en la eventualidad de las elecciones regionales de octubre. Si antes los cálculos del político le permitían lanzarse en solitario y ganar una curul, ahora necesita de varios más para mantenerla. Así, uno de los primeros efectos de la reforma política ha sido convertir las microempresas electorales de un congresista en pequeñas y medianas empresas electorales de cinco parlamentarios.

Estas pymes no implican un cambio en las costumbres políticas ni la creación de una organización capaz de intermediar los intereses sociales, o capacitar cuadros o siquiera comportarse como bancada. "No podemos ser tan arrogantes al pensar que la reunión de 10 parlamentarios constituye un nuevo partido", afirma el representante Velasco, de los 'Ginos'.

Otra limitación de estas organizaciones está en su origen exclusivamente parlamentario. Si bien los congresistas cuentan con sus miles de votos y redes de clientelas bien establecidas en las regiones, un partido político requiere las voces de otros sectores de la sociedad, como el empresariado, los sindicatos, los gremios de la producción, las ONG, los tanques de pensamiento y los grupos de interés.

Un partido no se crea por decreto. Ni una reforma es la poción mágica que transformará el sistema político colombiano en un multipartidismo moderado de cinco o seis organizaciones fuertes. Los cambios institucionales sólo modifican el entorno y las reglas pero la cultura política y las fuerzas sociales toman más tiempo en evolucionar.

Por ahora el estreno de la reforma disminuirá el número de organizaciones políticas con personería pero no tanto como se esperaba. "Estamos en un proceso de transición y los cambios serán relativos. A la larga, después de las elecciones de 2006, no sobrevivirán más de 15 partidos", vaticina el analista Héctor Riveros. Aún es temprano para adivinar si esta nueva estrategia 'avispa' les servirá a los aliados del gobierno para obtener la mayoría de alcaldías y gobernaciones, pero lo cierto es que la oportunidad de congregar la ideología, las redes políticas y la representación social del presidente Alvaro Uribe en una organización de centro derecha se perdió entre los 'nuevos partidos'.

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