Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2015/10/25 18:00

Cali votó por el estilo gerencial

La elección de Maurice Armitage ratifica una nueva tendencia de los caleños por elegir gobernantes con perfil gerencial.

Quienes conocen a Armitage lo definen como “un capitalista de corazón socialista”. Foto: James Arias / SEMANA

Desde que el nombre del empresario Maurice Armitage empezó a sonar como aspirante a la Alcaldía de Cali, muchos vaticinaron que su candidatura sería un fenómeno, y así fue. No solo porque derrotó al exvicepresidente Angelino Garzón, que casi siempre punteó en la mayoría de las encuestas, sino porque pulverizó la creencia de que los candidatos de la élite caleña no tienen chance de ganar las elecciones, y menos cuando las dos candidaturas de sus rivales más cercanos (Angelino Garzón y Roberto Ortiz) eran de corte populista.

Armitage es visto como un ejemplo de perdón y reconciliación que conquistó el corazón de los colombianos. Sumado a ello, este candidato logró lo que muchos aspirantes del notablato caleño intentaron en el pasado, pero que al final les significó el fracaso en las urnas: ganar las elecciones conquistando los votos de ricos y pobres.

Esa combinación fue lo que en últimas le permitió a Maurice Armitage llegar a la Alcaldía de Cali, sumado a que su antecesor y actual gobernante, Rodrigo Guerrero, que es de la misma línea gerencial, rompió el paradigma y demostró que sí era posible arrebatarle el poder a la política tradicional.



De ahí que los caleños le apostaron a mantener la línea de un alcalde empresarial para seguir con la tarea de sacar la ciudad de los penosos escándalos de corrupción y mala administración que la acecharon en lustros pasados. Ese trabajo tendrá que culminarlo Armitage, un empresario caleño que a sus 70 años de edad se dejó tentar por la política y solo ahora incursiona en el sector público. Quienes lo conocen lo definen sin titubeos como un "capitalista de corazón socialista”.

Dueño de una de las siderúrgicas más importantes del país, un ingenio azucarero y una cementera, cada una de sus empresas deja huella como capitalista exitoso y socialista bondadoso. Los colombianos conocieron a Armitage por representar un emblemático caso de perdón. Gracias a este gesto, es considerado un ejemplo de reconciliación, a tal punto que fue elegido como una de las víctimas del conflicto armado interno que viajó a La Habana en diciembre del 2014 para ser oido en la mesa de negociación entre el Gobierno y las FARC. Y ese mismo año fue galardonado con el premio Líderes que entrega SEMANA a personas que han dejado huella con su labor.

Lo que hizo este empresario y ahora alcalde electo de Cali es un referente en un país polarizado: pese a ser víctima de dos secuestros -en el segundo de ellos las autoridades descubrieron que quien planeó el rapto para venderlo a la guerrilla fue el propio mayordomo de su finca-, Maurice Armitage no tuvo reparo en pagarle un abogado a su verdugo para que saliera de prisión y mientras estuvo en la cárcel se hizo cargo de su familia. Cuando quedó libre le consiguió un nuevo empleo. Ejemplo de perdón muy pocas veces visto.

Casado, padre de dos hijas y con cinco nietos, Armitage ha sido coherente con sus principios. Así lo muestra en su empresa Siderúrgica de Occidente (Sidoc), donde la persona que menos sueldo recibe es la señora encargada de servir los tintos. A ella le pagan las prestaciones y $1´500.000 al mes.

Su empresa maneja una fundación en Siloé, uno de los sectores de Cali vulnerables a fenómenos de violencia y reclutamiento de menores. En ese barrio puso en marcha la 'Orquesta Sinfónica de Siloé', y los programas 'Tambores de Siloé' y 'Futbol para la Esperanza'.

Los retos que Armitage enfrentará en una de las ciudades más complejas del país son grandes. Problemas como la inseguridad, los homicidios, la movilidad, servicios públicos, la crisis de la salud y educación, siguen marcando la agenda de las quejas ciudadanas. Aunque en los últimos cuatro años la capital del Valle logró mostrarse como una ‘anfitriona de talla internacional’ al ser la sede de certámenes como los Juegos Mundiales, la cumbre de la Alianza del Pacífico y el encuentro de líderes afrodescendientes, la realidad sigue siendo cruda.

De ahí que en los últimos años Cali ha figurado en los diez primeros puestos del ranking que miden las ciudades más violentas del mundo, un sangriento recuerdo de la estela que le ha dejado el ser el centro de operaciones de temidos narcotraficantes o jefes de bandas criminales.

A semejante panorama se le suma un problema reciente pero igualmente preocupante: el cierre de las plantas de producción de varias multinacionales. Primero fue la planta de Chiclets Adams, hoy Mondelez, y luego la de Apex Tool Group, más conocida como Andina de Herramientas; Michelin (productora de llantas) y la farmacéutica Bayer, donde se elaboraban medicamentos tradicionales como la aspirina, Alka Seltzer y cremas Canestén. Si bien la mayoría de los cierres de esas plantas obedece a factores externos del mercado, no deja de ser preocupante y uno de los retos del nuevo mandatario.

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