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| 3/8/2011 12:00:00 AM

Mauro Toro Petevi, el alcalde más amenazado de Colombia

Se le midió a tomar las riendas de Puerto Asís (Putumayo) y desde entonces no ha dejado de ser blanco de intimidaciones. Tiene un hijo desaparecido y hace un mes un petardo voló la puerta de la casa de su hija y mató a su nieto.

El alcalde de Puerto Asís (Putumayo), Mauro Toro Petevi, reza dos rosarios todos los días. Sin falta. A él no le basta que cuatro guardaespaldas lo cuiden, ni que le hayan cambiado la camioneta que tenía hasta hace unos meses y a la que llamaba la ‘prehistórica’ (por lo vieja), por una nueva, blindada. Él es el alcalde más amenazado de Colombia. Él lo sabe y los hechos se encargan de recordárselo.

Hace apenas unas horas, a pocas cuadras de su casa, hubo un atentado. Una mujer murió y otra más resultó herida. “Fue con disparos”, dice Mauro, quien unas horas antes de llegar a su municipio y ver un tumulto por la muerte de la mujer, estaba en un consejo de seguridad en Mocoa. La situación en la región no está fácil, la de él tampoco. Y nunca lo ha estado.

No acababa de asumir la Alcaldía de Puerto Asís cuando las amenazas empezaron. Toro ganó las elecciones con más de 7.000 votos. Una semana después de haber salido victorioso de la contienda electoral, uno de sus hijos, Wilson, desapareció. Al principio se dijo que lo tenía el ELN, pero después no se supo nada. Nunca más. Han pasado tres años y no tiene idea de dónde pueda estar.

Mauro no se desespera. Aunque desde el principio de su Alcaldía, cuando pasó lo de su hijo, sabía que lo que se le venía no sería fácil, siempre ha creído que irse sería darles gusto a los que no quieren verlo ahí, a los que –dice– lo han acusado de tener nexos con la guerrilla. “No quieren que gobierne más, pero me mantendré firme hasta diciembre”, asegura Mauro, a quien algunos le dicen el ‘profe’. Antes de ser alcalde, fue profesor. Se jubiló como maestro.

No sabe a qué se va a dedicar cuando termine su mandato. Pero está seguro de que no va a dejar Puerto Asís. “Tal vez ponga una tienda”, dice. Mientras tanto gestiona unas lámparas para alumbrar el municipio, esa fue la condición que le puso el gobierno nacional para enviarle unas cámaras de vigilancia que por lo menos permitan que la percepción de seguridad mejore. “Sé que eso no es suficiente, pero de lo otro se encargan los organismos de seguridad”.

“Recibo amenazas todos los días”, repite. Y aunque su hijo desapareció, siempre creyó que el único que corría peligro era él. Sin embargo, el 13 de enero tuvo que darse cuenta, a las malas, de que su familia también está en el ojo de los que tanto lo amenazan.

Ese día su nieto, Diego Fernando, de 16 años, murió cuando intentó acercarse a la puerta de su casa y ver qué estaba haciendo ruido. No alcanzó a saberlo. Un petardo le tiró el pedazo de hierro encima y lo mató. Mientras tanto, Sandra, su mamá (hija de Mauro), corría con su otra hija, de dos años, para esconderse de varios hombres, que además de activar la carga explosiva, entraron a la casa disparando. Logró salvarse. Se escondió en el baño.

Todo eso pasó a cinco cuadras de la casa de Mauro. Él estaba viendo televisión con su esposa cuando oyó el ruido. A los pocos minutos supo que se trataba de un atentado a la casa de su hija y que su nieto, el que acababa de ganar un premio Andrés Bello por su buen ICFES, el que ya no vivía en Puerto Asís, el que estaba ahí por unos días, había muerto.

¿Por su familia no se iría de Puerto Asís? Es la pregunta que muchos le hacen. Hasta él mismo se lo cuestiona. Pero la respuesta es la misma: “No voy a darles gusto. Hay que hacerle frente a la aversión”, dice. Y es que aunque se ha distanciado por algunos días de su despacho cuando viaja a Bogotá, asegura que jamás ha pensado en abandonar del todo su municipio. Si lo ha hecho –aclara– ha sido por la situación de salud de su esposa, quien estuvo en cuidados intensivos en una clínica de la capital durante un mes.

Mauro reconoce que la gente del pueblo se queja porque su desempeño se ha centrado más en el campo. Dice que en el área rural fue donde más gente se vio afectada por las pirámides y por las fumigaciones a los cultivos ilícitos y que por eso, para evitar el desplazamiento, se concentró en la ayuda a los campesinos. “Le metí todo lo necesario para fomentar la agricultura”, cuenta. Pero advierte que en el segundo semestre del 2010 se concentró en Puerto Asís.

El alcalde de Puerto Asís estudió filosofía y letras en Bogotá gracias a una beca que se ganó. En ese entonces no se imaginó que se convertiría en el mandatario de su pueblo, y mucho menos en el más amenazado. Pero ahora que lo es, dice que no le queda más opción que confiar en sus guardaespaldas y en Dios. “Lo primero que debe hacer el que asuma esta Alcaldía después de que me vaya es poner seguridad a su espíritu, a su alma”, dice Mauro, quien además dice desconocer quiénes están detrás de las amenazas a su vida y de los atentados a sus hijos. “Pueden ser las FARC, los paras, las BACRIM o hasta la misma oposición”.

Pero Mauro no solo ha visto amenazada su vida, ni la de su familia, dice él que su honra también. Y es que pocos días antes de las elecciones que ganó, la sede política de su contrincante, Jorge Coral, fue dinamitada y murió una hermana de este. Días después, Toro depositó su voto en medio de abucheos: "¡Asesino, asesino!".

Muchos recuerdan también que después de las elecciones, Elkin de Ángel Williams, un hombre que lo acompañó durante la campaña y luego se convirtió en su contradictor, fue asesinado de cuatro balazos cerca de la estación de Policía. El locutor había denunciado actos de corrupción en la administración local y había señalado ante la Fiscalía a 45 personas (algunos con nombres y otros con alias) por haber presuntamente inyectado dineros del narcotráfico a la campaña de Toro con su anuencia.

No es el único

Mauro Toro Petevi no es el único alcalde amenazado en el país. Según datos de la Federación Colombiana de Municipios, a febrero de este año todos los departamentos tienen alcaldes amenazados, aunque sea uno lo está.




Y aunque Toro Petevi es el que más riesgo tiene, su departamento no está en la peor situación. En rojo están Huila, Tolima y Nariño. Las razones que hacen a las cabezas de estos municipios vulnerables son las mismas del conflicto. Donde hay más presencia de guerrilla o de las ahora llamadas bandas criminales es evidente la situación de peligro de los alcaldes. Un tema que va mucho más allá de las cifras, sin duda.
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